Sin quórum, Senado no pudo comenzar el juicio a Moliné

Política

El gobierno sufrió ayer un revés en el Congreso donde más le duele. La falta de quórum impidió que el Senado comenzara a juzgar a Eduardo Moliné O'Connor, un tema impulsado por Néstor Kirchner como prioritario de su gestión. Peronistas disconformes con la acción política del Ejecutivo en el interior -respaldando a candidatos que van por afuera del Partido Justicialista-, radicales y hasta provinciales coincidieron en rebelarse contra los manejos de Cristina de Kirchner, responsable de la comisión que sigue el proceso. El inicio del absurdo juicio político -la llave para lograr una nueva vacante en la Corte Suprema- quedará postergado nada más que por una semana, pero el gesto de ayer es toda una advertencia para el gobierno.

El gobierno sufrió ayer el primer traspié en el Congreso, precisamente, en los dominios de Cristina Fernández de Kirchner. El peronismo del Senado no pudo reunir número suficiente para abrir la etapa de sentencia del juicio político a Eduardo Moliné O'Connor, cuya decapitación quedó ahora postergada una semana.

La sesión de la víspera fracasó porque la UCR y los provinciales se negaron a convalidar el trámite sumario contra el ministro de la Corte. Pero la principal razón de semejante papelón fue que estalló la interna del PJ y el Ejecutivo probó los efectos no deseados del tratamiento que dispensa a los senadores, sobre todo, a varios de los que son candidatos a gobernador en sus provincias y deben competir con challengers armados desde la Casa Rosada.

• Desesperación

Esa es la única explicación lógica (la otra es que hay campañas en las provincias, pero podría haberse superado con un avión sanitario que trajera a los rezagados), ya que el oficialismo cuenta con 40 senadores propios, 3 más de los necesarios -según marca el reglamento- para escuchar la acusación a Moliné. Ni siquiera la buena predisposición de algunos opositores afines, entre ellos, la frentista Vilma Ibarra, Diana Conti (Frepaso) y los radicales disidentes Rodolfo Terragno y Juan Carlos Passo, sirvió para saciar la desesperación de Miguel Angel Pichetto por cumplir con las órdenes de Kirchner. A pesar de que había 44 legisladores en el palacio (sobre 70 integrantes), Pichetto y compañía apenas disciplinaron a 31 a la hora de sentarse en las bancas.

• En primera instancia,
la rebelión de ayer fue un desplante para la primera dama que, desde Asuntos Constitucionales, gerencia el tramo final del enjuiciamiento. Eso lo deslizaron los justicialistas críticos y, por supuesto, radicales y provinciales que no tienen cuentas pendientes añejas con la señora de Kirchner, a diferencia de los peronistas. «No nos van a arriar», se plantó Ricardo Gómez Diez (Renovador-Salta) frente a las presiones del PJ oficial. Había acordado posiciones con el lopezmurphista de Tucumán Pablo Walter, y Pedro Salvatori (vice 2º del Senado) y Luz Sapag, del MPN.

• Desde temprano (la cita debía comenzar a las 10),
Eduardo Menem, su comprovinciana Ada Maza, la salteña Sonia Escudero y los pampeanos Carlos Verna y Carmen Gómez de Bertone se contactaron telefónicamente para acordar una movida común: no asistir a la sesión, aún cuando estuvieran en sus despachos y carecieran de excusas para pegar el faltazo.

Menem
y Escudero estaban disconformes con la forma en que se analizaron en Asuntos Constitucionales la recusación contra Fernández de Kirchner (reclamada por la defensa de Moliné) y la excusación del radical Raúl Baglini, quien pidió autorización al cuerpo para no formar parte del tribunal -ése es el papel reservado para la Cámara Alta en el juicio político- porque tiene causas con su firma de abogado ante la Corte. Sin demasiado análisis, el grueso del peronismo rechazó ahí ambos planteos.

• A los reparos jurídico-políticos, se acoplaron de inmediato la riojana
Maza y los delegados de La Pampa. Verna no necesitó hacer esfuerzos para coincidir con Menem-Escudero. El candidato a gobernador está que trina con Kirchner desde que éste intentó montarle un frente por afuera del partido. Si bien permaneció en Misiones, algo bastante similar sucede con Ramón Puerta. ¿Quién podría reclamarle a él que colabore con una misión oficialista en el Senado, a 48 horas de que el Presidente en persona alentara a su principal rival a la gobernación, Carlos Rovira?

Escudero
-embajadora del poder salteño en esta ala parlamentaria- también conoce los incentivos que el gobierno nacional le hace llegar a los contrincantes de su jefe, Juan Carlos Romero, quien busca la reelección. Al igual que Puerta, optaron por no viajar a Buenos Aires otros senadores, por caso, el correntino Angel Pardo. Distinta es la situación del formoseño José Mayans, ocupado en el inminente cierre de listas -con el agravante de que rige la ley de lemas- para las elecciones provinciales.

• Resultaron en vano los esfuerzos de Pichetto, devenido en jefe de personal del bloque. Llamó entre 4 y 5 veces a cada uno de los disidentes desde la mañana, y repasó la agenda en procura de legisladores afincados en el interior. Sólo consiguió arrastrar a
José Alperovich, gobernador electo de Tucumán. En el recinto, Alperovich fumó varios cigarrillos al hilo, nervioso por el tiempo que perdió en plena transición en su provincia.

• Los radicales, que tienen elecciones en Río Negro este domingo, no aceptaron prestarse al juego del oficialismo. Tuvieron que ceder cuando se anularon la Obediencia Debida y el Punto Final, pero
les pareció demasiado excesivo dejarse correr por Pichetto, Cristina de Kirchner y sus seguidores. «Se están levantando el precio», sangraban por la herida los peronistas del gobierno. Conscientes de las limitaciones domésticas del PJ, Carlos Maestro y su gente demostraron que sus posaderas cotizan en alza.

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