15 de julio 2004 - 00:00

Sindicatos adoptan el estilo piquetero

La llegada de Hugo Moyano a la jefatura de la CGT está todavía envuelta en una neblina de ambigüedad. Sólo un objetivo del sindicalismo aparece claro con su ascenso: la decisión de competir con los piqueteros en el control de la calle. En efecto, Moyano es el sindicalista que más se parece a un piquetero, sólo que en su caso usa camiones para cortar rutas o para obstruir la salida de cargas de los supermercados (recordar caso Carrefour). ¿La patria peronista de este dirigente sindical volverá a enfrentarse a la patria socialista de los Néstor Pitrola o Raúl Castells? La historia suele ser más creativa y sorprendente que una mera reiteración de escenas.

• ¿También habrá una competencia con los piqueteros en el reclamo de planes sociales o beneficios materiales al gobierno? Es la primera ambivalencia de Moyano. El sindicalista más allegado a Néstor Kirchner (el que come a solas con él y conoce el número de su celular personalísimo) es también un hombre condenado a la agresividad y el reclamo. En otras palabras: Kirchner y Moyano, más allá del grado de simpatía que se profesen, pueden mirarse como en un espejo en muchos aspectos. ¿Será el camionero, como soñó en algún momento el Presidente, quien reemplace a los cada vez más incómodos piqueteros? ¿O será quien compita con ellos para ver quién grita más alto contra el gobierno? Ayer, en su discurso inaugural, emitió una advertencia que en la Casa Rosada tomaron como innecesaria: «No soy obsecuente de nadie».

• En la interna del gabinete (cada día más evidente y agitada) también hay perdedores con los resultados de ayer. Carlos Tomada prefiere al más conservador de los «gordos» antes que al sindicalista camionero, quien tiene «in péctore» el nombre del futuro ministro de Trabajo: Héctor Recalde, hombre suyo, obvio Ginés González García deplora, seguramente, la declinación de su amigo Carlos West Ocampo. En cambio, Ricardo Jaime, el secretario de Transportes, puede transformarse en un puente clave: conoce a Moyano como nadie, a pesar de que su llegada a esa dependencia fue vista por el sindicalista como una traición.

• También el patrocinio de Luis Barrionuevo es una incógnita indescifrable. Su batalla por ver llegar a Moyano al frente de la CGT es una revancha histórica en contra del elitismo de «los gordos». Pero ¿será verdad que pretende enfrentar de este modo a Kirchner? ¿O será el comienzo del pase de Luisito hacia el nuevo oficialismo?

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