Sólo el triunfo para Arslanian
-
Milei volvió a atacar a los periodistas y aseguró que "la motosierra sigue encendida"
-
Se reúne la cúpula de la CGT: afina estrategia contra la reforma laboral y un posible un acto con la Iglesia
Desde su fobia a la Policía Bonaerense, Arslanian se orienta a crear un tercer cuerpo, entre la Policía Federal y la de la provincia. No será mixto sino sólo bonaerense, para secuestros y narcotráfico. Se abastecerá de actuales policías de la provincia de Buenos Aires cuidadosamente seleccionados para el nuevo cuerpo. Los otros se sentirán discriminados, considerados en la práctica corruptos o corruptibles, colaborarán poco y, además, los nuevos posiblemente estén mejor pagos. Si ahora hay enfrentamiento entre la Policía de la provincia y la Federal puede esperarse algo peor entre tres cuerpos.
Otra idea teórica de Arslanian -alentado por el desconocimiento de la realidad del ministro Gustavo Béliz-es la creación de «cuerpos de civiles» vigilantes del accionar policial. Normalmente cuando se recurre a «cuerpos u organismos de civiles» se presentan pocos ciudadanos bien intencionados y muchos activistas de izquierda que copan y tratan de ideologizar esos cuerpos. Sucedió claramente con las «asambleas barriales» aparecidas tras el derrocamiento del ex presidente Fernando de la Rúa. Nuestra izquierda stalinista vio esas espontáneas asambleas barriales como una forma inesperada de crear «soviets» a la manera de los años '20 y '30 en la ex Unión Soviética. Oradores más preparados que los simples ciudadanos iban desviando las «barriales» hacia sus filas. Como la gente se dio cuenta de la ideologización las fue abandonando y se extinguieron.
La nueva chance se presenta ahora con «organizaciones de vigiladores de civiles» de Béliz-Arslanian. Tratarán de llevarlas a odiar a la Policía Bonaerense y cumplir el sueño de Miguel Bonasso: «liquidar» esa fuerza. Con estas designaciones de reformadores el gobierno está cumpliendo algo que el recordado político Francisco Manrique llamaba «idiotas útiles»: hacen el juego a los antidemocráticos desde sus teorizaciones. Es fácil ver lo que vendrá con estos intentos.
En el Congreso, junto a mayores penas, se coló la media sanción de un proyecto de mucha menor importancia: mayor pena al juego ilícito. Es una tontería porque no le hace casi nada de mella al ingreso fiscal del Estado. Se supone que es para reducir el juego clandestino con vistas a restar «sobresueldo» a los escasos 2.900 pesos que gana un comisario en la cúspide de su carrera policial.
Puede ser correcto -lo es de hecho ante un ilícito- pero es una tontería desconocer la realidad social. A la sociedad no le preocupa que la Policía tenga un ingreso extra ilegal del juego clandestino que no perjudica a nadie si lo que está en juego es la vida. Será hipócrita, pero es así. Ni le interesa si piden pizzas en las bares y hasta ni les importa si hay dinero a repartir -no hay que ser moralista falso en esto- si proviene de la prostitución, que siempre va a existir en todo país, coimee o no a la policía. Un policía con mejor ingreso, cuando el dinero no puede o no quiere darlo el Estado, está mucho menos tentado con los delitos verdaderamente graves, como los secuestros, o los desarmaderos de autos que motivan a ladrones asesinos a arrebatárselos con muerte a ciudadanos comunes.
Esa es la diferencia entre los prácticos y los teóricos en el tema seguridad. Eso es lo que diferencia a las 200.000 personas que convocó Blumberg padre el 1 de abril en el Congreso. Arslanian, por caso, es un teórico burócrata que no entiende las prioridades ciudadanas o esgrime valores que no son prioritarios en este momento de grave inseguridad. Siempre buscó estar dentro de los fondos del Estado y también integró la Comisión Nacional Asesora para la Prevención del Secuestro de Personas que fue un total fracaso por la teorización de burócratas (la había creado Duhalde durante su interinato).
Igual este hombre, ya que fue designado y por ahora eso es inevitable, requiere todo el apoyo, aunque los hechos lleven a pensar que un teórico de reformas estrafalarias y con odio a la Policía Bonaerense encamina la seguridad a un desastre mayor. Salvo que la delincuencia se impacte por el despliegue que será amplio, dado los fondos que se volcarán.




Dejá tu comentario