12 de abril 2004 - 00:00

Sólo el triunfo para Arslanian

La designación de León Arslanian como ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires es criticada, salvo por adeptos de izquierda, por juristas que no pueden, en muchos casos, opinar con la verdad por tener compromisos; por Néstor Kirchner (en privado, sin comprometerse mucho, según su costumbre, si hay riesgo de pérdida de imagen política por algún desenlace imprevisto) y por el tradicionalmente nada oscilante Gustavo Béliz. Este ministro de Justicia que insiste en que tiene «un plan integral de seguridad». No lo tenía y se sabe que lo está estructurando de urgencia y sobre la base de medidas que vaya a disponer Arslanian para dar idea de que el nuevo ministro bonaerense se mueve dentro de su esquema.

Arslanian provoca muchas objeciones aunque los ciudadanos aterrorizados por la inseguridad y los medios debemos apoyarlo. Que triunfe interesa a todos sin excepciones, salvo a los delincuentes.

No le será fácil, aunque puede lograrlo. Por empezar tendrá mayor presupuesto. «Juanjo» Alvarez sabía mucho más de población bonaerense, de seguridad y sobre todo tenía mayor conocimiento y comprensión de la Policía que Arslanian. Pero no contaba con algo que este ex camarista posee: le gusta al gobierno nacional, por lo que lo ayudará. Sin que se sepa por qué, salvo por una apreciación personal derivada de un rencor por cuestiones políticas, Néstor Kirchner hizo renunciar a Alvarez. A Felipe Solá le es imposible gobernar la provincia acosado por Kirchner desde el gobierno y por Eduardo Duhalde como entretenimiento mientras sigue gastando fondos públicos en paseos por todo el mundo con un cargo virtual, sin uso, que le inventaron como «presidente de la Comisión del Mercosur».

Arslanian y Alvarez representan dos concepciones. Alvarez cree en estimular y no en maltratar a la Policía existente dentro de una escala piramidal: el de arriba sigue si responde en que no falle el que le sigue abajo. Arslanian quiere horizontalizar la responsabilidad, sin jefes prácticamente. Casi todos coinciden que es más afectivo el método Alvarez.

Arslanian -entre otros males, ya enunciados largamente por este diario en su edición del jueves pasado- arrancó con falsedades. Ante la declaración de «locura» sobre su designación de Juan Carlos Blumberg respondió que «la reforma procesal penal bonaerense era de dos años antes que yo asumiera (1997)». Fue así, pero Arslanian participó con María del Carmen Falbo y otros juristas en la elaboración del proyecto de ley que aún es discutible por sus magros resultados (le sacó la potestad de investigar a los jueces operando con la Policía y la instrucción pasó a los fiscales bonaerenses). Que Arslanian haya tratado de esquivar el bulto -hasta mintiendo-a la cuestionada reforma es prueba de que no fue exitosa aunque ahora se diga que «no lo dejaron terminarla».

Otro hecho a tener en cuenta es que León Arslanian directamente siente desprecio por la Policía provincial, algo que la repartición siente y hace mermar su rendimiento, lógicamente. Con tal de desmembrarla (la dejó sin jefe anarquizando el mando) atacó sin miramientos -y muchas veces sin pruebas, algo más que reprochable en un ex juez y camarista que hasta presidió el juzgamiento de las Juntas Militares del Proceso-a comisarios. Tanto atacó que uno de ellos se sintió totalmente ofendido y deshonrado por las acusaciones de corrupción de Arslanian. Se presentó a la Justicia y tanta razón tenía que Arslanian fue condenado por sus ex colegas jueces a un año de prisión en suspenso.

Desde su fobia a la Policía Bonaerense, Arslanian se orienta a crear un tercer cuerpo, entre la Policía Federal y la de la provincia. No será mixto sino sólo bonaerense, para secuestros y narcotráfico. Se abastecerá de actuales policías de la provincia de Buenos Aires cuidadosamente seleccionados para el nuevo cuerpo. Los otros se sentirán discriminados, considerados en la práctica corruptos o corruptibles, colaborarán poco y, además, los nuevos posiblemente estén mejor pagos. Si ahora hay enfrentamiento entre la Policía de la provincia y la Federal puede esperarse algo peor entre tres cuerpos.

Otra idea teórica de Arslanian -alentado por el desconocimiento de la realidad del ministro Gustavo Béliz-es la creación de «cuerpos de civiles» vigilantes del accionar policial. Normalmente cuando se recurre a «cuerpos u organismos de civiles» se presentan pocos ciudadanos bien intencionados y muchos activistas de izquierda que copan y tratan de ideologizar esos cuerpos. Sucedió claramente con las «asambleas barriales» aparecidas tras el derrocamiento del ex presidente
Fernando de la Rúa. Nuestra izquierda stalinista vio esas espontáneas asambleas barriales como una forma inesperada de crear «soviets» a la manera de los años '20 y '30 en la ex Unión Soviética. Oradores más preparados que los simples ciudadanos iban desviando las «barriales» hacia sus filas. Como la gente se dio cuenta de la ideologización las fue abandonando y se extinguieron.

La nueva chance se presenta ahora con «organizaciones de vigiladores de civiles» de Béliz-Arslanian. Tratarán de llevarlas a odiar a la Policía Bonaerense y cumplir el sueño de
Miguel Bonasso: «liquidar» esa fuerza. Con estas designaciones de reformadores el gobierno está cumpliendo algo que el recordado político Francisco Manrique llamaba «idiotas útiles»: hacen el juego a los antidemocráticos desde sus teorizaciones. Es fácil ver lo que vendrá con estos intentos.

En el Congreso, junto a mayores penas, se coló la media sanción de un proyecto de mucha menor importancia: mayor pena al juego ilícito. Es una tontería porque no le hace casi nada de mella al ingreso fiscal del Estado. Se supone que es para reducir el juego clandestino con vistas a restar «sobresueldo» a los escasos 2.900 pesos que gana un comisario en la cúspide de su carrera policial.

Puede ser correcto -lo es de hecho ante un ilícito- pero es una tontería desconocer la realidad social. A la sociedad no le preocupa que la Policía tenga un ingreso extra ilegal del juego clandestino que no perjudica a nadie si lo que está en juego es la vida. Será hipócrita, pero es así. Ni le interesa si piden pizzas en las bares y hasta ni les importa si hay dinero a repartir -no hay que ser moralista falso en esto- si proviene de la prostitución, que siempre va a existir en todo país, coimee o no a la policía. Un policía con mejor ingreso, cuando el dinero no puede o no quiere darlo el Estado, está mucho menos tentado con los delitos verdaderamente graves, como los secuestros, o los desarmaderos de autos que motivan a ladrones asesinos a arrebatárselos con muerte a ciudadanos comunes.

Esa es la diferencia entre los prácticos y los teóricos en el tema seguridad. Eso es lo que diferencia a las 200.000 personas que convocó Blumberg padre el 1 de abril en el Congreso. Arslanian, por caso, es un teórico burócrata que no entiende las prioridades ciudadanas o esgrime valores que no son prioritarios en este momento de grave inseguridad. Siempre buscó estar dentro de los fondos del Estado y también integró la Comisión Nacional Asesora para la Prevención del Secuestro de Personas que fue un total fracaso por la teorización de burócratas (la había creado Duhalde durante su interinato).

Igual este hombre, ya que fue designado y por ahora eso es inevitable, requiere todo el apoyo, aunque los hechos lleven a pensar que un teórico de reformas estrafalarias y con odio a la Policía Bonaerense encamina la seguridad a un desastre mayor. Salvo que la delincuencia se impacte por el despliegue que será amplio, dado los fondos que se volcarán.

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