La atomización del PJ no impide solamente que ese partido realice una interna en la que participen todos sus candidatos. Tampoco permite que el cumpleaños de Antonio Cafiero sea todo lo ecuménico que había pensado quien, desde ayer, pasó al club de los «octogenarios». Sin embargo «Tony» consiguió otras conciliaciones, más modestas. Por ejemplo, los gabinetes de la Nación y de la provincia estuvieron casi en pleno en el asado de la casa de los altos de San Isidro. Ambos encabezados por sus jefes, Eduardo Duhalde (acompañado por su esposa «Chiche») y Felipe Solá.
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Del equipo nacional hubo pocas ausencias (entre ellas las de Graciela Camaño y Carlos Ruckauf). Se notaron menos que los «faltazos» de Mario Cafiero (ARI) y de Juan Pablo Cafiero (Frepaso, «felipismo»). De los 10 hijos del homenajeado faltaron 9: sólo se vio a Cecilia. Pero estuvieron Ginés González García, Antonio Arcuri (quien se estrechó en un abrazo de la reconciliación con el diputado Daniel Basile), Mario Granero, Jorge Matzkin, José Pampuro, Aníbal Fernández y Leonardo Di Pietro. También Roberto Lavagna, en cuya arqueología también hay cafierismo, y Eduardo Amadeo.
Otra pacificación: en la misma mesa se sentaron Solá y Osvaldo Mércuri, que depusieron por un instante su interna bonaerense.
Cafiero recibió a todos con empanadas, lomo para servirse en sandwiches y, más tarde, asado completo. Informal, el senador no usó corbata (le regalaron infinitas, a sabiendas de su gusto por ese ornamento). Sí un blazer gris, pantalón negro y camisa blanca. Del menemismo ortodoxo, sólo Carlos Corach.
El cafierismo histórico estuvo en pleno, obviamente: Miguel Maldonado, Guillermo Ferraro, Jorge Pizano, Carlos Campolongo, Miguel Gallardo y José María Díaz Bancalari.
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