1 de octubre 2004 - 00:00

Superpoderes: Duhalde negocia por $ 13.000 millones

Alberto Fernández
Alberto Fernández
Eduardo Duhalde resolvió intervenir personalmente en la discusión por los superpoderes que el gobierno le reclama al Poder Legislativo. Pero lo hará con un enfoque peculiar. No le interesa acotar el margen de maniobra del jefe de Gabinete para modificar partidas. Su preocupación está en otra facultad que Alberto Fernández solicita y que nadie le ha objetado hasta ahora: la de administrar a su arbitrio el excedente de recaudación que se registre este año y el próximo. Se calcula que es de $ 13.000 millones. La caja más importante con la que Néstor Kirchner enfrentará el desafío electoral del año próximo.

La voz de Antonio Cafiero sonó, una vez más, como la campana de aviso de una presión del peronismo bonaerense. El senador se rasgó las vestiduras ante los micrófonos de la radio por lo que le parece una intolerable invasión del Poder Ejecutivo sobre el Congreso: la sanción de facultades extraordinarias para el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, reguladas por el artículo 10 del proyecto de Ley de Presupuesto. Cafiero se convirtió en un paladín del constitucionalismo y de la independencia de poderes, casi como si no fuera peronista. Anticipó que el texto enviado por la Casa Rosada sería modificado, en tributo a la normalidad institucional.

Otro duhaldista, el porteño Cristian Ritondo, levantó un argumento similar aunque formulado con mayor ironía: «No podemos aprobar los superpoderes que nos piden, sobre todo porque se trata de un instituto central de los años '90 que tanto mal nos hicieron». Parecía un joven K este diputado, enfrentado al jefe de Gabinete en la interna del PJ metropolitano.

• Piedras en la rueda

En la misma sintonía, muchos otros legisladores -sobre todo los ligados al liderazgo de Eduardo Duhalde- ponían piedras en la rueda de Fernández, mortificándolo con algunos detalles. Como el hecho de que estas potestades que reclama no son como las que pidió para sí Duhalde entre 2001-2002. Se parecen, en cambio, a las que consiguió Domingo Cavallo cuando fue ministro de Fernando de la Rúa: sustraen a la Jefatura de Gabinete de las prescripciones de la Ley de Administración Financiera del Estado. Nada complace más a quienes se enfrentan con Fernández que descubrirle alguna afinidad, aunque sea involuntaria, con su jefe de otrora, el ex ministro de Economía.

Hasta aquí, el amplio panorama de un bloque peronista que ejerce un oficialismo al que se le podrá reprochar todo menos fanatismo. Nada que sorprenda. La novedad llegó desde Montevideo, ciudad en la que Duhalde despliega su condición de funcionario internacional. El ex presidente indujo la emisión de un cable noticioso en el que se anticipaba una comunicación suya con legisladores del PJ «para discutir la sanción del artículo sobre superpoderes». Es curioso: en ningún momento Duhalde quiso dar a entender que haría una gestión en favor de lo que pretende su antiguo tesorero de campaña Fernández. Hubiera sido ridículo sugerirlo: José María Díaz Bancalari o Miguel Pichetto, los hombres con los que se proponía hablar, ya se convirtieron a la nueva fe de la Rosada y no necesitan de predicadores adicionales. Votan a favor, sin necesidad de consejo. Es cierto, el caso de Mabel Müller es distinto: sobre todo desde que a su marido, el diputado Oscar Rodríguez, lo aproximaron cada vez más a la causa en que se investigan las muertes de los piqueteros Kosteki y Santillán. Rodríguez fue el segundo de la SIDE en tiempos de Duhalde.

En rigor, Duhalde está dando el paso que discutió con su entorno más íntimo hace más de 10 días:
quiere convertirse en mediador entre el PJ parlamentario y la Casa de Gobierno. Supone, acaso con razón, que la sanción del Presupuesto es la última estación política en que se detendrá el tren de Kirchner antes de lanzarse a la carrera electoral de 2005. Y por eso quiere negociar ahora las condiciones de esa campaña y, de algún modo, renegociar su alianza de poder con el gobierno (por más que haga creer que no tiene otro proyecto que la senaduría de Chiche, su esposa, y hable con amigos empresarios de medios para alentarla).

Ahora bien, los términos de la discusión no son para Duhalde los que viene planteando la prensa hasta ahora.

Tampoco los que imagina la mayor parte del PJ.
El ex presidente considera que el verdadero problema de la Ley de Presupuesto no está en su artículo 11, que es el que le reprochan a Fernández. Es cierto, en esa cláusula se le permite al jefe de Gabinete reasignar partidas de forma libérrima. Puede ser una atribución excesiva desde el punto de vista teórico, pero quien revise los antecedentes fácticos no tiene de qué espantarse: el año pasado el uso de esa facultad comprometió cambios presupuestarios por $ 150 millones, dispuestos a través de 23 decisiones administrativas.

• El ojo de Duhalde

En cambio, Duhalde ha puesto el ojo (o se lo han hecho poner) en otro artículo del Presupuesto: el 10°. Allí se le concede a Alberto Fernández (en rigor, a Kirchner) otro arbitrio: la posibilidad de administrar a su antojo lo que el Estado recaude por encima de lo previsto en el cálculo de recursos. El dato sobre ese excedente es uno de los arcanos de la actual administración (equivale a saber qué se hizo con el dinero de Santa Cruz o con los $ 100 millones que se le agregaron a la SIDE). Pero gracias a medias palabras del secretario de Hacienda, Carlos Mosse, se sospecha que el gobierno contará este año con una recaudación de aproximadamente $ 12.000 millones por encima de lo presupuestado. De ese monto se ejecutaron $ 5.000 millones. Es decir, Kirchner entrará en el año electoral con $ 7.000 millones en la caja que podrá aplicar con el criterio que le plazca. Las proyecciones más conservadoras hacen pensar que en 2005 tendrá $ 6.000 millones más. Quiere decir que la Casa Rosada estará en condiciones de manejar $ 13.000 millones de manera más o menos arbitraria durante la campaña electoral. Estos son los verdaderos superpoderes. No los de los recursos ordinarios. Y Duhalde lo entendió. Sobre todo cuando comenzó a pensar que, si no se regula un acuerdo para atravesar 2005 en alianza con Kirchner, esa plata (que implica obra pública, subsidios a municipios, reparto de asistencia social, etc.) se la pueden poner en su contra. Por eso asomó la cabeza desde Montevideo y quiere negociar.

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