Tabaré en busca de confianza

Política

Tabaré Vázquez, el presidente de Uruguay que lleva 65 días en el poder (foto derecha abajo), habló ayer en los almuerzos tradicionales del Cycip, que preside Julio Werthein, el poderoso empresario que sin que se sepa bien por qué no será propuesto para renovar la titularidad de la Bolsa de Buenos Aires. El mandatario uruguayo, buen orador, reunió a casi 500 empresarios argentinos para oírlo. Se justifica la presencia porque hay dudas crecientes sobre Uruguay con un gobierno de centroizquierda por primera vez en su historia. Oírlo a Tabaré permite deducir que se encamina -en lo que hasta ahora se ve, claro-al ejemplo de Lula da Silva en Brasil o quizá Chile, con un centroizquierda realmente de desarrollo y sin crear falsas confrontaciones. Igual le llevará tiempo superar la desconfianza porque se cree que siempre en este tipo de gobiernos se infiltra algún extremismo ideológico tipo Miguel Bonasso u Horacio Verbitsky y otros entre los locales. El uso de datos económicos con fines políticos es temido, aun por los que mantienen normalidad de datos. Una famosa mansión de Punta del Este, entre los comentarios ayer en las mesas, se teme sea expropiada para algún "museo de la memoria" por aquel episodio de haber sido ametrallada cuando la ocupaban miembros del movimiento subversivo Tupamaros.

Después de escuchar a TabaréVázquez, el presidente de Uruguay, dio la sensación de que su discurso está más cerca de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil que de las ideas económicas del gobierno argentino. Al punto que su ministro de Economía, Danilo Astori, adelantó que las empresas estatales se asociarán con las privadas para ser más competitivas.

Si bien el mandatario todavía despierta desconfianza entre los inversores por su compromiso con la izquierda, que se traduce en cargos importantes y en declaraciones dirigistas de esos funcionarios,su discurso fue para seducir capitales privados porque «la inversión pública la tenemos acotada». Habló de reglas de juego claras, de respeto al secreto bancario y de honrar puntualmente la deuda externa.

Su discurso fue interumpido sólo una vez por aplausos de los empresarios cuando pidió que si algún funcionario de su gobierno le pide coima a un empresario argentino para invertir, se lo hagan saber inmediatamente para llevarlo a la Justicia. Vázquez dijo ante un auditorio de 500 empresarios y políticos, convocados por el Consejo-Interamericano de Comercio y Producción (CICyP) que preside Julio Werthein, que el endeudamiento es fuerte ya que alcanza a 100% del PBI, pero que quiere bajarlo a niveles de 60% cuando finalice su gestión.

También hizo referencia a su voluntad de alcanzar un acuerdo con los organismos internacionales, y mostró como un logro el inminente acuerdo con el FMI, en el que promete un superávit fiscal de entre 3,5% y 4%.
La única idea que pareció compartir con Néstor Kirchner es ir bajando la deuda con el FMI, para que tenga menos influencia en la economía.

Al presidente uruguayo lo escuchaba atentamente el jefe de gabinete,
Alberto Fernández, el vicepresidente, Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, y el jefe de Gobierno de la Ciudad, Aníbal Ibarra. «No tengo el plano del Paraíso» señaló Vázquez al empezar su presentación, muy didáctica y algo monótona, para a continuación desgranar un plan de «desarrollo sostenido y sostenible» que incluía a los argentinos como inversores privilegiados. «No discriminamos al capital extranjero, lo tratamos igual que al uruguayo.» «Tenemos reglas claras.» «Los argentinos no son extranjeros en Uruguay.» Eran las frases a las que acudía para revertir esa imagen de fuerte estatismo que lo acompaña. Y remató: «Hay libre repatriación de utilidades».

También dijo que el mercado cambiario será libre porque cuando se quiere controlar al dólar «surge el mercado negro que desequilibra la economía y afecta a los más pobres». Habló de flotación libre, pero con tipo de cambio previsible porque lo acompañará una política monetaria conservadora.

«Queremos más y mejor Mercosur », dijo Vázquez más adelante quien profetizó que Montevideo se convertirá en la capital de esta integración.

El mandatario dijo que este año Uruguay crecerá 6% y sólo 3% a partir de 2006 con una inflación de entre 5% y 7% este año para bajarla a 3%, algo que Uruguay no conoce desde 1940.

No faltó la demagogia como cuando dijo que «el desarrollo no es para distribuir después, sino para distribuir durante. Hay que crecer con distribución». Por la noche, la buena relación con el gobierno argentino se tradujo en un anuncio de Alberto Fernández, de condonación de la deuda de la petrolera uruguaya ANCAP por u$s 80 millones.

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