A algunos les llevó sólo días y, a otros, semanas. Pero hoy, a cinco meses de que Roberto Lavagna fuera empujado a dejar el Ministerio de Economía para dar paso a Felisa Miceli, los principales funcionarios que lo acompañaron ya están reubicados. En su mayoría jóvenes economistas aseguran que no esperaron la venia personal de su mentor para dar el sí en sus nuevos puestos, pero todos le pidieron consejo, como señal de respeto y por si una desaprobación de quien los llevó a la cartera más deseada del gobierno por sus colegas, pudiese coartar sus planes.
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En apariciones esporádicas y sin oficializar su futuro político, Lavagna no convocó a nadie para sumarse a un nuevo proyecto. De ahí que sus colaboradores encaminaron sus propios rumbos.
Cuando dejó el gobierno en noviembre de 2005, el ex ministro se llevó consigo a la mayoría de los funcionarios que había impulsado. Su padrinazgo, les facilitó la entrada rápida a otras dependencias e inclusive al sector privado, con el que habían tenido contacto en sus cargos públicos.
Pero veamos qué fue de estos «Lavagna's boys»:
Guillermo Nielsen: se fue de la Secretaría de Finanzas el mismo día que Lavagna. Era uno de los funcionarios que menos simpatía despertaba dentro del gabinete kirchnerista por lo que sorprendió cuando después de cuatro meses, Jorge Telerman lo convocó para ocupar la Secretaría de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires. Incluso se irritó por esto el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien le advirtió a Telerman que la designación no sería bien recibida por Miceli ni por el propio Néstor Kirchner.
Su perfil técnico sedujo en un principio al jefe de Gobierno porteño, quien tomó la decisión después de que la rechazara Javier González Fraga. Un grupo de empresarios amigos en común de Nielsen y Telerman había auspiciado el contacto. Fue sin la intervención de Lavagna, aunque éste presenció la jura de su ex colaborador mientras ningún miembro del gobierno nacional lo hizo. En las últimas semanas, esa misma imagen técnica que condujo a Nielsen al nuevo puesto chocó con otros funcionarios porteños que ironizan que los proyectos que tiene y la forma en la que los expone, se asemejan más a cátedras universitarias que a la compleja realidad de la Ciudad.
Asesores
Nielsen no asumió solo. Además de su hombre fuerte y cercano, Leonardo Madcur, se llevó a todo su equipo de asesores (a quienes colocó en diferentes subsecretarías y entre los que se destacan Javier Mutal y Daniel Palacios, en Inversión Pública y Gestión Operativa, respectivamente). Para que el traspaso no sea tan fuerte, conservó hasta a las secretarias que ya lo acompañaban en el Ministerio de Economía.
Leonardo Madcur: de la mano de Nielsen, con quien compartió escritorio en la consultora Strategic Capital Partner, llegó al Ministerio de Economía sin conocer a Lavagna. Rápidamente se ganó la confianza del ex ministro por sus trasnochadas laborales, y lo adoptó en su grupo selecto de jóvenes economistas. Madcur comenzó a actuar como asesor de Nielsen en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Su cercanía al flamante secretario de Hacienda porteño y su noviazgo con la hija de éste, que lleva de dos años, le permiten ser parte del equipo sin todavía tener designada una función. En el gobierno porteño se dice que Madcur se haría cargo de la coordinación de subsecretarios del área, para seguir de cerca a la Subsecretaría de Inversión Pública. Pero su idea en realidad tiene más que ver con una asesoría externa de Nielsen hasta que pueda concretar su verdadero proyecto, ya avanzado, de retirarse a trabajar al exterior. De hecho, en su último viaje a Londres, tuvo varios ofrecimientos. Según aseguran funcionarios porteños, Madcur ya comenzó a citar a Domingo Faustino Sarmiento en los cortos encuentros que tuvo. Dicen que la referencia es costumbre, ya que admira a su coterráneo ex presidente sanjuanino.
Sebastián Palla: fue el subsecretario de Financiamiento de Lavagna, número dos de Nielsen, y uno de los que acompañó todo el proceso de reestructuración de la deuda en default (también junto a Madcur). De sólo 31 años, Palla consiguió hace tres meses un alto cargo en un sector que administra $ 77 mil millones: las AFJP. Es director ejecutivo de la Unión de Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (UAFJP) y asegura que cuando Lavagna le informó su alejamiento del cargo dio por descontado acompañarlo. Ese día dejó de ir al ministerio después de cuatro años de gestión, pero enseguida se le acabaron las vacaciones cuando «caí en la mira de un 'head hunter' (caza talentos) que buscaba un ejecutivo para el cargo en la UAFJP», explica Palla. En el sector aseguran que más que puntería para ubicarse en el blanco, tuvo la recomendación de Felisa Miceli para ese puesto (aunque la nueva ministra hubiera querido conservarlo en su cargo). Igualmente, Palla señala que su idea era volver al sector privado donde pasó más de la mitad de su corta carrera. En esta posición, acompañar a Nielsen en la Capital Federal, no lo tienta.
Sebastián Katz: fue de los pocos del grupo que se quedó acompañando a la nueva ministra. De extrema confianza de Lavagna, en la Secretaría de Política Económica comenzó con la tarea de combatir la inflación, y ante la llegada de Miceli y la premisa de que ésa sería su principal tarea en el gobierno, Katz intentó un traspaso prolijo del cargo que ahora ocupa Martín Abeles. Katz nunca terminó de aceptar las medidas -cada vez más severas- en tema precios y tampoco la relación con Miceli logró ser la mejor.
Su reemplazante Abeles trabajó en el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo en la Argentina, una entidad que crearon los bancos públicos para realizar estudios en donde se conectó más estrechamente con Miceli (al frente entonces del Banco Nación). Pero este economista se opone a las metas de inflación para la política monetaria y no cree que el país tenga un problema serio en el alza de precios.
Por ahora Katz prevé continuar con su labor académica (da clases de Macroeconomía Superior en la Universidad de Buenos Aires), en donde tenía licencia. Tendrá un contrato corto, no superior a tres meses, en la CEPAL y luego contempla dedicarse a la consultoría.
Federico Poli: luego de su paso por la Unión Industrial Argentina ocupó la Subsecretaría Pyme. Durante su función pública se lo mencionaba, cada vez que se producía un traspié en la relación con empresarios, como reemplazante de Miguel Peirano, su superior en la Secretaría de Industria. Poli no renunció con Lavagna. Presentó su dimisión recién en febrero, cuando obtuvo un cargo en la Secretaría Iberoamericana al que se postuló, según asegura, en octubre pasado. Es decir, un mes antes de que el ex ministro anunciara su renuncia. Poli se encuentra hoy en plenos preparativos de mudanza a Madrid, desde donde participará en todo lo referente a las Cumbres Iberoamericanas que organizan los países de habla hispana, comandados por Enrique Iglesias. Su última noticia no tiene que ver con la realidad económica local sino con la ficción. Poli acaba de publicar un libro de cuentos: «Historias fugaces».
Otros de los hombres que fueron fieles a Lavagna tomaron caminos diferentes. El subsecretario de Agricultura, Miguel Campos, permaneció en su función y está procesado por supuestas irregularidades en la distribución de la Cuota Hilton (cortes de carne de alta calidad que se venden a Europa). Eduardo Pérez, el ex titular de la Secretaría Legal y Administrativa -confidente de Lavagna-, dejó el ministerio y también de frecuentar al entorno, pero todavía no se le conoce trabajo oficial. José Luis Maia, se desempeña aún como subsecretario de Política Macroeconómica, al igual que Miguel Peirano (ex UIA), que sigue como secretario de Industria.
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