12 de abril 2004 - 00:00

Teme el PJ que Kirchner vete castigos más duros

La relación del bloque peronista con el gobierno y sus aliados en el Congreso quedó resentida después de la sesión del miércoles pasado, donde se debatió el paquete de leyes para endurecer penas. Los justicialistas, sobre todo bonaerenses, llegaron a amenazar con retirarse del recinto, por ejemplo, cuando Ricardo Falú -presidente de la Comisión de Juicio Políticoquiso aprovechar la sesión para pedir una preferencia para votar la apertura del juicio político a Adolfo Vázquez.

La protesta de los peronistas incluyó la exigencia de que Gustavo Béliz se hiciera presente en el recinto para explicar qué idea tiene el gobierno sobre las medidas de seguridad que se deben votar
.

Y ése fue y será esta semana, el centro del conflicto. Los diputados están convencidos de que el silencio del Ejecutivo sobre el endurecimiento de penas -sólo Aníbal Fernández habló de la cuestión y fue para relativizar la eficacia de lo que estaba pidiendo Juan Carlos Blumberg-se debe exclusivamente a que Néstor Kirchner no está de acuerdo pero se niega a pagar el costo político que hoy supone esa posición.

Los kirchneristas dejaron hacer el miércoles pasado a Carlos Ruckauf y Jorge Casanova sin intervenir demasiado en el tratamiento final de los proyectos.

El resultado de esa combinación fue casi explosivo entre duhaldistas, santafesinos, cordobeses y menemistas. «El bloque no aguanta más que lo lleven de las narices», le dijeron a José María Díaz Bancalari en las conversaciones entre bancas durante la sesión. Incluso el jefe de la bancada tuvo que soportar que en varias ocasiones se acercaran a su sillón para preguntarle: «Esto que está pasando es lo contrario de lo que quiere el gobierno. ¿Estás seguro de que el Presidente no va a vetar alguna de estas leyes?». Díaz Bancalari no pudo contestar con precisión. Algo similar se podía escuchar en los corrillos dentro del recinto del Senado.

De hecho, si se ve la sesión de Diputados por los resultados, sólo se convirtió en ley un proyecto que envió el Ejecutivo -que agrava las penas para delitos cometidos utilizando armas de fuego-y el resto fue elegantemente derivado a los senadores: «Si hay problemas, que los temas los frenen en el Senado», se lavó las manos un diputado del PJ santafesino.

Que Béliz debió haber estado presente en el Congreso esa noche para evitar más problemas es una realidad que no niegan ni las cabezas máximas del oficialismo.

Los diputados no quieren que el Ministro de Justicia les explique cómo se articula un mejor sistema legal para combatir el delito.
Para eso tienen varias decenas de asesores. Los peronistas quieren simplemente que el gobierno «ponga la cara» en el Congreso y diga claramente si está de acuerdo en sancionar lo que la plaza de Blumberg y sus 200.000 concurrentes pidieron hace menos de dos semanas. Demorar ese trámite le puede traer problemas al gobierno incluso esta semana. Será difícil que los legisladores del peronismo,y también el radicalismo, sigan avanzando esta semana con los proyectos que les llegarán votados desde el Senado sin un gesto de apoyo político desde la Casa Rosada.

El pedido de
Horacio Pernasetti, presidente de la bancada radical de Diputados, para que Béliz se hiciera presente en el recinto a informar sobre la situación del sistema de seguridad nacional, fue un minué perfectamente coordinado con el peronismo.

Las dos bancadas mayoritarias estaban en plena ebullición votando temas con los que no están totalmente de acuerdo bajo la lógica presión de la opinión pública
y el propio Blumberg que los vigilaba desde los palcos, sin haber recibido ni una llamada por teléfono desde la Casa de Gobierno.

La respuesta a ese pedido por parte de
Eduardo Camaño fue una clara demostración de esa bronca: «Diputado, se han hecho las invitaciones del caso y se está acordando. Pero existen problemas de agenda tanto con el ministro Béliz como con el ministro del Interior». Nadie le había preguntado a Camaño por Aníbal Fernández, pese a lo cual aprovechó para filtrar un poco de la interna quilmeña que los separa a muerte.

El bloque peronista desde la semana pasada es otro. Hay otra realidad que, todavía en la intimidad, reconocen muchos diputados.
La política de obediencia debida que el Congreso ha aplicado en su relación con Kirchner no le ha dado frutos. Argumentan que han votado y dejado de votar todo lo que el gobierno pidió, pero todavía sufren los desplantes de ministros del gabinete y el Presidente sigue negándose, como al principio, a tratarlos como algo diferente de una « corporación», como los definió al principio de su mandato. Hay, entonces, una nueva idea de que ese accionar no le ha sido redituable.

Dejá tu comentario

Te puede interesar