14 de julio 2004 - 00:00

Temor de Carrió por la violencia

Volvió hace dos noches Elisa Carrió a la TV («América»), luego de unas semanas de ausencia y, como la temperatura política había subido, se imaginaba que ella podía caldear más el ambiente. A su modo, hizo otro fuego. Más bien reapareció con los símbolos del hippismo, hablando casi en exclusividad a favor de la paz y lo repitió varias veces, de manera constante, como si tuviera temor por otras instancias. Inclusive, se diría que volvió a los estudios con espíritu pacífico para aclarar dos informaciones que le habían atribuido: 1) en cada obra que anuncia Julio De Vido, hay corrupción; 2) Kirchner se va a caer. En rigor, si bien sostuvo que nunca hizo esos comentarios, sus explicaciones merodearon el mismo sentido. «Lo de De Vido no lo dije, aunque puedo pensarlo», señaló; en cuanto a si Kirchner duraba los 4 años, «lo que dije es lo que yo le anticipé a De la Rúa, que se iba a caer y, entonces, todos decían que yo estaba loca».

Tanta inquietud por precisar palabras y espíritu, su confeso y voluntario apartamiento de proseguir con denuncias («no es momento, ya dije todo lo que había que decir, cuando no hablaba nadie») parecen manifestar una preocupación superior: la violencia. Por lo tanto, auspicia evitar conflictos, no atacar a «un presidente que está débil» (según ella, de acuerdo con lo que se recoge en la calle y en las encuestas) y al que se debe ayudar, ya que si se serena todavía está a tiempo de conservar su poder. Aunque, advirtió, como no la escuchan y más bien la odian, también cerrará la boca si advierte que los acontecimientos se complican. Pero señaló en obvia alusión al Presidente: «se maneja con ira, como diría Agamenón con furia en el corazón y, cuando se tiene tanto resentimiento contra tanta gente y al mismo tiempo, se reacciona como si no se quisiera ver la realidad».

• Filosofía


Insistió en que se debe contribuir a la paz y sostuvo -en esa dirección-que hay situaciones que ella ni la sociedad pueden evitar (por ejemplo, la pelea Kirchner-Eduardo Duhalde). «Hay que aceptar mansamente el mal permitido», conjeturó casi con filosofía, al tiempo que reclamó no reaccionar ante la violencia oral (ni física, se supone). Pues es costoso vivir en la Argentina, en un país donde un ex presidente no puede volver (Carlos Menem) porque «no puede explicar sus cuentas» y el otro, el actual, no quiere traer el dinero de su provincia hasta que se salga del default. Con esas declaraciones, «¿quién va a respetar la ley?», se preguntó sin que nadie le respondiera.

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