Los problemasfinancieros de la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), que enalgún momento amenazaron su propia continuidad, parecen encaminarse a unasolución: según sus directivos, la entidad ha logrado un equilibrio operativo yestá comenzando a liquidar sus fuertes pasivos, que en la actualidad superanlos u$s 25 millones.
De acuerdo con lo quedicen en la casi flamante sede de la calle Pasteur -en la que por estos díasingresar se convierte en una difícil tarea que puede insumir hasta un cuarto dehorael dispendio de administraciones anteriores sumado a la competencia de loscementerios privados (los sepelios constituyen 65% de los ingresos de lamutual) y la aguda crisis econó-mica que afectó a la clase media judía-conformada en su mayoría por empresarios pequeños y medianos y profesionalesindependientes, dos de los sectores más golpeados por la recesión-se conjugaronpara crear ese «agujero» financiero difícil de tapar con recursos genuinos.
Los principalesacreedores de AMIA son, claro, bancos: el Nación, el Ciudad, el Credi-coop yel Provincia de Buenos Aires, a los que oportunamente se les pidió créditospara cubrir el déficit operativo.
«Estamos pagando;con grandes dificultades, pero estamos pagando»,
A lo que se refiere esa las cuotas de la moratoria impositiva, por caso: «Hay que pagar u$s 12.000por mes, pero para entrar había seis cuotas iniciales de u$s 90.000, y de esasdebemos tres... Para darle una idea de la dimensión de lo que representa paranosotros esa cuota, el presupuesto mensual histórico de AMIA ronda el millón depesos», revela Ostrower.
El dirigente aseguraque ahora lo que ingresa por el departamento sepelios ha vuelto a los montos«habituales». Pero a pesar de que Ostrower dice que la competencia con loscementerios privados nunca existió («Quien sepulta a su gente en un privadode todos modos no tiene gran sentido de pertenencia a la comunidad judía», seencrespa), lo cierto es que no fueron pocas las familias que optaron por esa alternativalaica para sus sepelios.
Socios
De todos modos, eldéficit mayor parece haber venido por el lado del padrón de socios: sobre untotal de 40 o 50 mil apenas 20.000 están pagando sus cuotas.
En AMIA, además, sólopaga el jefe de familia por todo el grupo familiar.
Dado que el aporte esvoluntario, hay socios que pagan $ 20 mensuales (la cuota mínima) yotros varias veces ese importe. Según fuentes internas de AMIA -que Ostrower seniega a corroborar-hasta hace poco el aporte mensual más alto correspondía a unex funcionario y actual legislador, pero desde hace algunos meses su cuota fuecasi triplicada por la de un empresario que tuviera medios de comunicación yahora está embarcado en importantes emprendimientos inmobiliarios.
«Sabemos que haygente que no puede pagar ni los veinte pesos del mínimo porque no tienen paracomer; a esos socios los mantenemos haciendo malabares, sacando de acá yponiendo allá», confiesa el directivo.
Otra gran «aspiradorade fondos» es la red educativa judía, que padeció los mismos problemas dedeserciones y caída de matrícula que afecta a toda la educación privada.
«Al Vaad Hajinuj
Pedidos
El dirigente sabe queuno de los estereotipos más habituales es el que afirma que «todos losjudíos son ricos»; sin embargo, sostiene que nunca como ahora estánrecibiendo pedidos de subsidios, ayudas sociales e inscripciones en la Bolsa deTrabajo. «Al refinanciar las deudas pudimos reducir u$s 100.000 mensuales decuotas de amortización; con esa plata estamos dando asistencia social»,informa Ostrower.
Pero a pesar de losesfuerzos, se mantiene la tensa situación con el personal: les deben entredos y cuatro meses de sueldo. Ostrower tampoco lo confirma, pero se estaríaen conversaciones con una importante congregación religiosa para venderles unpredio que ocupan con un templo a título gratuito.
«Es verdad que AMIAtiene un montón de inmuebles en desuso por los que no cobra alquiler y tampocovende; creo que ha llegado el momento de echar mano a esos activos para queempiecen a producir algo», dice eldirigente.




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