15 de marzo 2005 - 00:00

Tras un canje exitoso ¿candidatura exitosa?

Tras el éxito del canje, las chances presidencialistas del ministro Roberto Lavagna se otenciaron. Para muchos se cierne un escenario conflictivo como el vivido por Carlos Menem y Domingo Cavallo en los mejores momentos del plan de convertibilidad. Pero la ida del ministro de Economía enfrenta dos escollos políticos: faltan más de dos años para las elecciones y su plan de desembarco en el BID parece haberse frustrado. En realidad, Lavagna protagonizaría un récord sin precedentes en la Argentina: ningún ministro de Economía o Hacienda, como se decía antes, llegó a un cargo electivo importante como no fuera de legislador. Domingo Cavallo, en su mejor momento, no pudo ganar la intendencia de la Capital Federal. Es distinto en Europa. Ludwig Erhardt, creador del «milagro alemán», fue primer ministro. Lo sucedió Willy Brandt y luego Helmut Schmidt, que también había sido titular de Hacienda de Alemania entonces llamada occidental. Aquí en nuestro país, el hombre público que más conocía de economía y llegó a presidente de la Nación fue Carlos Pellegrini, pero era esencialmente político, parlamentario y alcanzó a primera magistratura por renuncia del presidente Juárez Celman. A continuación, un resumen de la nota de tapa de la revista «Poder» que analiza el llamado «síndrome Cavallo».

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
El lo sabe. Su familia lo sabe. Sus colaboradores más cercanos lo saben. Roberto Lavagna quiere irse del Ministerio de Economía hacia la presidencia de la Nación. El 76,07 por ciento de aceptación del canje de deuda que consiguió entre los bonistas de la Argentina y del mundo es la nota que podrá exhibir en su boletín cuando decida enfrentar al presidente Néstor Kirchner, el rival que aparecerá como inevitable.

El jefe del Palacio de Hacienda mantuvo su perfil hasta el día del acto en la Casa Rosada. Su estrategia fue presentarse como un hacedor sereno y no como un defensor histérico de las políticas oficialistas. Esa fue la marca de diferenciación que eligió para posicionarse en el gabinete desde la llegada de Kirchner a la Casa Rosada: un administrador preocupado por balancear las necesidades del empresariado y de la política.

Aunque mucho tienen que ver sus características personales, la elección de Lavagna no es desinteresada. Los ministros de Economía poderosos siempre tendrán que lidiar el moldeo que impuso en los '90 Domingo Cavallo, quien terminó disputando uno a uno los espacios de poder con Carlos Menem, el presidente de entonces.

• Disputas

Ese es el síndrome Cavallo: el éxito de un plan económico fortalece al presidente y a su ministro, pero a la vez genera disputas por el copyright de la idea. Kirchner y Lavagna reproducen con fidelidad ese esquema, y los dos lo saben.

Es casi un detalle estético, pero algo de eso sucedió en la presentación de los resultados del canje. Allí, en lugar de sentar a Lavagna a su lado, Kirchner prefirió rodearse de Daniel Scioli y de las autoridades del Poder Legislativo. Además de dejarlo en la punta de la mesa, el Presidente no resaltó los méritos de Lavagna y equiparó su contribución a la del jefe de Gabinete y los gobernadores.

Pero el proceso no fue un lecho de rosas para Lavagna, quien llegó a presentar su dimisión cuando en noviembre pasado el Bank of New York renunció como colocador de la deuda y adujo que necesitaba más plazo para encarar la negociación. El contratiempo enervó a Kirchner, quien pidió la cabeza del secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen.

• Ultima crisis

Lavagna sintió que, al tocar a alguien de su equipo, lo estaban afectando a él y presentó su renuncia. Consciente del efecto negativo de una salida de Lavagna en pleno proceso de reestructuración, el Presidente decidió no cortar ninguna cabeza con tal de conservar al ministro.

La última crisis sucedió a fines de enero, cuando a Nielsen se le ocurrió pedir perdón a los bonistas italianos.

Con esas declaraciones en la prensa, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien se encontraba de gira en París junto con Kirchner y Lavagna, salió a desautorizar al funcionario de Economía.

Nielsen no dudó un instante. En secreto, el 20 se tomó un avión a París para desayunar con Lavagna. Bien lejos de los periodistas, Nielsen pidió aclaraciones a su jefe. ¿Es verdad que el Presidente se había enojado con él? ¿Debía renunciar? El ministro lo tranquilizó. «Quedate tranquilo. Esas son cosas que hace Alberto», le dijo a su subordinado. Esa combinación de conflictos internos y aplausos externos es lo que provoca en Lavagna unas ganas casi irresistibles de cerrar la puerta del Ministerio de Economía en la nariz de Kirchner. Con la cifra del canje de deuda dentro de los libros de récords, Lavagna se siente con el poder suficiente como para planificar su carrera política sin tener que pedir permiso a su jefe directo.

• Inflación

Su principal preocupación para los meses que siguen al canje de deuda: la inflación. Lavagna sabe muy bien que los aumentos de 1% en cada uno de los meses de verano en los precios minoristas caen muy mal en el bolsillo de la clase media argentina, la franja en donde su figura recolecta la mayor cantidad de simpatías.

La idea de irse ya mismo choca con dos obstáculos políticos. Uno es que de aquí a 2007 quedan más de dos años y que -además-en octubre de 2005 habrá elecciones legislativas. Nada le seduce menos al ministro que presentarse para un cargo legislativo, pero si renuncia antes de ese turno electoral es imposible que su salida se produzca sin ruido. La especulación más rápida será que Lavagna piensa en presentarse como candidato a diputado por la Capital Federal, un título que para cualquier ministro del gabinete suena más a castigo que a premio. Lavagna tenía un plan que dejaría sin sustento a esa teoría. Su idea era irse uno o dos meses después del canje para recalar en algún organismo internacional.

Allí le surgió la segunda barrera. Poco antes del verano, al Ministerio de Economía habían llegado mensajes desde varios gobiernos de América latina, en los que prometían apoyar la candidatura de Lavagna para dirigir el Banco Interamericano de Desarrollo. En las últimas semanas, ese plan se cayó. Y Lavagna no fue quien lo tiró abajo. La señal que llegó decía que ese apoyo no es tan firme ahora.

Por eso, el ministro fantasea con dejar su cargo casi en silencio luego de las elecciones y comenzar a instalarse como candidato a presidente en 2006. Ese es el proyecto que deslizó entre sus íntimos en los últimos días, cuando se convenció de que los números de la operación del canje iban a provocar más festejos que condenas.

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