3 de mayo 2004 - 00:00

UCR: caciques porteños intentan resurrección

José María García Arecha
José María García Arecha
Los principales caciques del radicalismo porteño celebraron un pacto de paz con la consigna de reflotar el sello partidario que protagonizó la peor de sus elecciones el año pasado en la Capital Federal.

El distrito que le dio el mayor sustento a la campaña y gestión de Raúl Alfonsín hace dos décadas y hace menos de una generó el primer intendente electo y posterior presidente de la Nación, quiere competir con dignidad el año próximo.

En el Comité Capital estuvieron todos. Llegaron Enrique Nosiglia, Jesús Rodríguez, José María García Arecha, Marcelo Stubrin, Aldo Neri, Facundo Suárez Lastra, Gabriela González Gass, Pedro Calvo, Cristian Caram -ex candidato a jefe de Gobierno que no llegó a 3% de votos en la pasada elección-y el psicólogo Jorge Casabé -presidente del comité porteño-.

Quizá se notó la ausencia, casi única, de Rafael Pascual.

Lo inusual de la tenida, que concentró el martes pasado a 50 dirigentes, fue que comenzó a las 13 y se extendió tres horas, pero no hubo ni asado, ni gaseosas, ni sandwichitos de miga como tampoco agua. Observaron algunos la «verdadera vocación» por hacer revivir a la UCR capitalina manifestada en ese ayuno inesperado, seguramente producto de las deudas que remonta la casa de Tucumán al 1600 en el centro porteño.

Arrancó el grupo dedicando la primera hora de reencuentro a la catarsis colectiva. Se dijo que se había burlado uno de los códigos básicos de la cofradía partidaria, como no haber apoyado al candidato que ganó la interna, por entonces Caram. Es que otros radicales, también presentes, adhirieron a la candidatura de Aníbal Ibarra y otros tantos tienen actualmente algunos cargos en el Gobierno de la Ciudad, siempre de media línea hacia abajo.

No hablaban los antiguos y se decidió
José María García Arecha. Agradeció el ex senador a Casabé por la convocatoria y porque su «principal condición es la de psicólogo» para estar al frente de esa mesa. Les dijo a los participantes que «la UCR tiene la responsabilidad social de ser oposición y luchar por su vigencia» y pidió que «si no que me expliquen cuál es el beneficio de la desaparición» del radicalismo.

Coincidieron algunos con esa idea, pero Stubrin se animó a acotar que
«está bien cumplir ese rol pero siendo usina permanente de propuestas». Se alentaron entonces con la reaparición del Instituto de Formación Política, inaugurado hace 20 días con la presencia de Félix Luna, al que asisten 120 personas una vez por semana.

Lo cierto es que la UCR está decidida a competir en las elecciones legislativas del año que viene,
donde se definirán 13 bancas a diputados nacionales por la Capital Federal y 30 de legisladores porteños. Hasta ahora, un grupo impulsa para ese cuarto oscuro a Enrique Olivera como primer candidato a diputado nacional. Otros ya mascullan internas partidarias, a las que deben convocar en 2005 para definir esas listas, mientras algunos se preguntaban «si vamos a ser opositores a Kirchner, qué hacemos con Ibarra». Es que los que colaboraron con la reelección del jefe porteño conservan algunas plazas de personal en la gestión capitalina, pero es casi nula la contabilidad de altos cargos. Por cierto, uno de ellos era el de Héctor Tom Constanzo en la Subsecretaría de Hacienda, pero el miércoles pasado renunció al puesto por problemas de salud. El secretario de Salud porteño, Alfredo Stern, en cambio, no es un dirigente de la Ciudad, como tampoco el de Cultura, Gustavo López, a quien, sin embargo, se consideró como la prenda del acuerdo con el radicalismo que renegó de la boleta propia en el último cuarto oscuro local, el año pasado.

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