6 de marzo 2003 - 00:00

UCR Córdoba sin candidato; Mestre, anoche, muy grave

Córdoba (especial de «La Mañana de Córdoba») - Ramón Mestre se debatía anoche entre la vida y la muerte. Internado en terapia intensiva, cambió el escenario político que se olfateaba para las elecciones a gobernador y vice ya convocadas para el próximo 8 de junio: el duelo entre el ex gobernador y el peronista José Manuel de la Sota.

Ahora, todo el radicalismo debe esperar la evolución de la salud del ex gobernador, quien permanecía grave, con un severo fallo multifuncional que se agregó a la crisis hepática por la que fue internado.

Sin Mestre
y sin Rubén Martí, que la semana pasada dejó la contienda por la gobernación por expresa indicación de sus médicos, el radicalismo comenzó a deambular otra vez por el camino del calvario político.

De la creencia de un triunfo imparable con Martí como estandarte de un radicalismo con barajas ganadoras en la mano, debió descender un escalón más y admitir que la pelea entre De la Sota y Mestre sería «palo a palo». Pero las posibilidades de victoria continuaron latiendo.

A partir de ayer esos latidos fueron tornándose más débiles, en concomitancia con el estado de salud de Mestre. Allí el radicalismo recién comenzó a tener consciencia de que no tenía candidato. Que sin Mestre, porque aun saliendo airoso del trance sería imposible para él hacer campaña, se truncaban las chances del radicalismo de dejar los duros pastos del llano -que durante cuatro años les sirvieron para sobrevivir- y volver a las abundantes pasturas de las cimas del poder.

• Manto de sombra

Para abajo, excluyendo a Martí y a Mestre, son todos pares. Ningún dirigente sobresale con luz propia como para poder enfrentar a un De la Sota que -si bien desgastado- detenta todo el aparato que la estructura del poder le permite manejar.

Así la noche comenzó a descender, con su manto de sombras sobre el radicalismo, apesadumbrado humanamente por lo que ocurre con Mestre.

Desde la Casa de las Tejas hubo señales de solidaridad.

Los tiempos electorales son inmutables.
Juan Schiaretti, ministro de Finanzas, Roberto Chuit, de Salud, y Carlos Alessandri fueron a ponerse a disposición de la familia de Mestre para «cualquier cosa que necesite» y se negaron a hacer algún tipo de comentario político. Lo mismo hizo Carlos Menem ayer, quien se interesó personalmente en la saluda de su amigo y, según algunos, aliado potencial por el 27 de abril.

Obviamente,
De la Sota, que debió bajarse de la precandidatura nacional y volvió para tratar de recuperar una provincia que ya se le estaba yendo de las manos, vio repentinamente despejado su camino y palpita -aunque públicamente jamás lo admitirá- que su reelección está a la vuelta de la esquina.

¿Podrá hacer algo el radicalismo para revertir este trágico destino?
¿Qué otra cosa más que destino puede ser que por enfermedad queden fuera de carrera con intervalo de una semana sus dos dirigentes más prestigiosos?

Habrá con seguridad un operativo de presión para obligar a Martí a aceptar la candidatura. Dependerá de lo que los médicos le aconsejen, aunque desde el martiísmo se insista con la negativa. Otros buscarán a Edgardo Grosso, a Mario Negri, a algún intendente prestigioso. ¿Y por qué no la interna?, pensará otro consciente de que con los «caciques» fuera de carrera, ahora son todos «indios».

Vedado por los médicos para hacer frente a una campaña electoral,
Martí mueve tozudamente la cabeza en una clara señal negativa cada vez que la palabra candidatura llega a sus oídos.

Martí es para el conjunto del radicalismo la esperanza de una vuelta anticipada a la gobernación.

Como
Angeloz no está en condiciones de decidir los caminos a seguir, aunque su consejo será escuchado con atención y el resto se considera pares es seguro que las resoluciones a tomar serán el producto de una larga disputa.

Entre Martí,
Mestre y Angeloz se repartieron los últimos veinte años de historia partidaria que por imperio de las enfermedades deben cambiar abruptamente.

La figura de
Carlos Rossi y cálido saludo con Martí en el hall de la clínica entusiasmó a los que desde temprano aguardaban la llegada del senador nacional con la misma devoción de quien espera a un mesías. Una fórmula conjunta los desvela mucho antes de que la suerte parara una estación antes del radicalismo.

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