UCR Córdoba sin candidato; Mestre, anoche, muy grave
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Sin Mestre y sin Rubén Martí, que la semana pasada dejó la contienda por la gobernación por expresa indicación de sus médicos, el radicalismo comenzó a deambular otra vez por el camino del calvario político.
Así la noche comenzó a descender, con su manto de sombras sobre el radicalismo, apesadumbrado humanamente por lo que ocurre con Mestre.
Desde la Casa de las Tejas hubo señales de solidaridad.
Los tiempos electorales son inmutables. Juan Schiaretti, ministro de Finanzas, Roberto Chuit, de Salud, y Carlos Alessandri fueron a ponerse a disposición de la familia de Mestre para «cualquier cosa que necesite» y se negaron a hacer algún tipo de comentario político. Lo mismo hizo Carlos Menem ayer, quien se interesó personalmente en la saluda de su amigo y, según algunos, aliado potencial por el 27 de abril.
Obviamente, De la Sota, que debió bajarse de la precandidatura nacional y volvió para tratar de recuperar una provincia que ya se le estaba yendo de las manos, vio repentinamente despejado su camino y palpita -aunque públicamente jamás lo admitirá- que su reelección está a la vuelta de la esquina.
¿Podrá hacer algo el radicalismo para revertir este trágico destino? ¿Qué otra cosa más que destino puede ser que por enfermedad queden fuera de carrera con intervalo de una semana sus dos dirigentes más prestigiosos?
Habrá con seguridad un operativo de presión para obligar a Martí a aceptar la candidatura. Dependerá de lo que los médicos le aconsejen, aunque desde el martiísmo se insista con la negativa. Otros buscarán a Edgardo Grosso, a Mario Negri, a algún intendente prestigioso. ¿Y por qué no la interna?, pensará otro consciente de que con los «caciques» fuera de carrera, ahora son todos «indios».
Vedado por los médicos para hacer frente a una campaña electoral, Martí mueve tozudamente la cabeza en una clara señal negativa cada vez que la palabra candidatura llega a sus oídos.
Martí es para el conjunto del radicalismo la esperanza de una vuelta anticipada a la gobernación.
Como Angeloz no está en condiciones de decidir los caminos a seguir, aunque su consejo será escuchado con atención y el resto se considera pares es seguro que las resoluciones a tomar serán el producto de una larga disputa.
Entre Martí, Mestre y Angeloz se repartieron los últimos veinte años de historia partidaria que por imperio de las enfermedades deben cambiar abruptamente.
La figura de Carlos Rossi y cálido saludo con Martí en el hall de la clínica entusiasmó a los que desde temprano aguardaban la llegada del senador nacional con la misma devoción de quien espera a un mesías. Una fórmula conjunta los desvela mucho antes de que la suerte parara una estación antes del radicalismo.




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