29 de mayo 2002 - 00:00

UCR, también contra Ibarra

Sectores del radicalismo de la Capital Federal, que permanece hoy asociado formalmente con Aníbal Ibarra, planean para mañana una asamblea en la sede partidaria para, al estilo cacerolero, pedir «que se vayan todos». El dedo acusador se lo arrogan la tropa de Rodolfo Terragno y acólitos de Jesús Rodríguez, que no se incluyen entre quienes deberían irse a su casa. La velada, que clamará por internas abiertas (para la UCR por estatuto son cerradas) y la expulsión de algunos dirigentes (por supuesto que en la lista colocan como primero a Fernando de la Rúa) la animará también algún nosiglista, como el diputado porteño Daniel Bravo, además del terragnista Cristian Caram (vicepresidente de la Legislatura de la Capital Federal), Tom Constanzo y Marcela Larrosa, entre otros.

La idea es que se profundice la línea divisoria entre el delarruismo por un lado y, por otro, el radicalismo que apoya la gestión de Aníbal Ibarra. Quieren, precisamente, que una de las grandes discusiones porteñas de la UCR sea mantener o no la alianza con el Frente Grande, ya que el Frepaso desapareció formalmente por decisión de Ibarra, que ordenó separar el bloque legislativo porteño de sus aliados socialistas populares, los últimos que le quedaban.

La movida tendría consecuencias en la Legislatura, donde se perfilan opositores continuos a la gestión del frentista y aliados (aunque no incondicionales) dentro del bloque UCR. Por caso, dentro del bloque radical se impulsa un proyecto para que la administración de Ibarra rinda cuentas y explicaciones sobre gastos e ingresos de este año, dado que el ejercicio no tiene presupuesto merced a una ley de emergencia económica que le otorgó al jefe porteño poderes especiales, al estilo de los que tuvo De la Rúa.

•Desalojo

Para los radicales, que quieren dar por terminada la coalición que sobrevive en la Capital, «Ibarra no discute con nosotros decisiones políticas ni de nombramientos de secretario s», dicen en alusión a la reciente purga del jefe porteño, con la cual desalojó a los últimos secretarios que quedaban de la gestión de De la Rúa. A pesar de que nombró a Silvina Giúdice en una supersecretaría, esa designación la habría resuelto por su cuenta, por la afinidad que tiene con la radical. Todo un desaire para los caciques de la UCR, que no fueron consultados.

Le adjudican incluso a Enrique Nosiglia alentar la disolución de la débil Alianza porteña, aunque ese grupo, Cambio Radical, hace meses que no mantiene una tertulia.

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