24 de diciembre 2001 - 00:00

Un banco federal que maneje tercera moneda

El presidente Adolfo Rodríguez Saá tiene tres caminos alternativos: crear una moneda «federal» no convertible, dejar flotar el tipo de cambio o mantener la convertibilidad pero con una deflación concertada. Estas son las tres alternativas diseñadas por la Fundación Capital -que desde hace años viene asesorando a Rodríguez Saá- para la transición presidencial, considerando que «las dos primeras opciones son complementarias, mientras que la segunda y la tercera son sustitutas». «La flotación cambiaria con desdolarización previa de contratos asume la mayor probabilidad de ocurrencia», para la Fundación.

«Todas las alternativas suponen un gran consenso político y un férreo control fiscal, a fin de evitar la profundización de una crisis terminal y ninguna evita el default ni libera el corralito de los depósitos, que llegó para quedarse por unos meses», advierte el informe de la entidad dirigida por Martín Redrado.

* La primera alternativa consiste en la existencia de un Banco Federal que concentre la emisión de una tercera moneda que sustituya a los distintos bonos provinciales en circulación, y que tenga la capacidad de auditar las cuentas públicas provinciales para garantizar el camino al déficit cero.

Sería un esquema similar al actual (LECOP), pero con la ventaja de ser un instrumento único, de emisión acotada al déficit nacional y provincial, y de circulación decreciente. Tiene la desventaja de ser una nueva promesa de ajuste fiscal.

«Es un instrumento de transición porque no resuelve el principal problema económico que es la falta de competitividad», advierte la Fundación y agrega que «licua en el tiempo los costos sociales de una devaluación brusca hacia la flotación sucia».

* La opción de la flotación implicaría el abandono de la convertibilidad, con un obvio riesgo de inestabilidad inflacionaria, pero con la ventaja de contar con una mayor capacidad de absorción de los shocks externos y una menor volatilidad del producto.

La devaluación supone una previa desdolarización de contratos y de activos y pasivos del sistema financiero, a fin de compatibilizar los stocks actuales con los flujos futuros.
«No es gratis; supone una transferencia de ingresos desde los acreedores (depositantes) hacia los deudores y rompe la consistencia entre los actuales stocks de deuda y activos y los flujos pasados de ingresos y gastos», afirma la entidad.

* La tercera alternativa parte de un acuerdo político, empresario y sindical, que permita sostener la paridad cambiaria mediante la deflación rápida y generalizada de los precios internos. «Ello involucra los salarios, las tarifas de los servicios de infraestructura y, en general, al gasto público y los aranceles externos», señala el informe.

«Como aspectos favorables respecto de la devaluación, esta opción permite mantener la convertibilidad, evitar el ajuste inflacionario, acotar el costo social de la pérdida de poder adquisitivo del ingreso y dotar de mayor competitividad. Como contrapartida, requiere un mayor consenso político dado que no todos los sectores serían afectados por igual.»

Trauma inevitable

La Fundación reconoce, de todos modos, que «cualquiera de las alternativas no evita el trauma económico que se avecina, dado por la sucesión de ruptura de las reglas de juego (default y quita de depósitos, desdolarización y devaluación) que tendrá consecuencias negativas sobre el futuro económico».

«Si el nuevo presidente no es provisorio por tres meses sino por dos años, aumenta la probabilidad de una moneda federal en la transición hacia un esquema de flotación cambiaria, que igualmente parece irreversible a mediano plazo.»

«Debe esperarse para los próximos días la declaración del default público, y probablemente una devaluación de la moneda y una quita de depósitos, que seguramente agudizará la crisis pero que encontrará su piso en los próximos noventa días si el gobierno conduce el proceso y se anticipa al mercado.»

La Fundación Capital advierte que
«sería un pésimo negocio pensar que la devaluación implica vía libre para gastar. En ese caso se puede replicar el perverso esquema de devaluación e inflación de los ochenta».

«Roto el corsé de la convertibilidad, la austeridad fiscal será la clave para lograr estabilidad cambiaria, aun bajo un régimen de flotación. El éxito del programa chileno de los '80 y el de Brasil de los '90 está fundado en el equilibrio de las cuentas fiscales que siguió a la devaluación.»

«Bajo un esquema de flotación, el apoyo internacional continuará siendo crítico, sobre todo en la etapa inicial.»

«La crisis social debe ser atendida mediante
una feroz redistribución y eficientización del gasto público social.»

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