Como señal fue la peor y en el peor momento: ayer, para ingresar en la Casa de Gobierno a la presentación -justamente- del plan de seguridad nacional, desaparecieron los controles que, usualmente, se activan para fiscalizar el acceso al edificio. En vez de las clásicas credenciales que obligan a los visitantes a registrarse, Néstor Kirchner inauguró un extraño mecanismo de registro: en la puerta, un grupo de jóvenes con pecheras blancas, autoidentificado como Guardianes de la Democracia, repartía « pases» -precarias fotocopias en papel, ver facsímil-que bastaban para que cualquier asistente pudiera ingresar en el recinto donde estaban el Presidente, sus ministros y la mayoría de los gobernadores de provincia.
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