Aníbal Ibarra sintió ayer que la Justicia, su ámbito de origen, lo desairó mal. Fue cuando conoció la notificación sobre una medida cautelar solicitada para la construcción de un miniestadio de voleibol. El proyecto deportivo había sido elevado por Ibarra a la anterior Legislatura, en agosto de 2000, que lo aprobó horas antes de que el frepasista asumiera como jefe de Gobierno porteño, en una maratónica sesión. La idea era construir un estadio en Parque de la Ciudad para que se disputara el Mundial de voley 2003 (la sede de Buenos Aires fue el Luna Park). En primera instancia, la Justicia que entiende en la quiebra de Parque de la Ciudad negó esa posibilidad. La medida fue apelada, y recién ayer en la Procuración porteña se conoció la resolución de la Cámara: «La disponibilidad del inmueble por parte del Gobierno de la Ciudad para la ejecución de ciertas obras resulta procedente».
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