Eduardo Duhalde ya decidió su futuro. El inmediato, al menos. Luego de ceder el poder el 25 de mayo a su delfín Néstor Kirchner -quien, justamente a partir de esa jornada dejará de pertenecerle- se embarcará en un avión a España, con intención de estacionarse en la costa (es hombre de aire, sol y mar, más que de sierra; no olvidar su pasión de guardavidas), aunque la frialdad del Mediterráneo no es aconsejable en ese mes. Allí permanecerá 30 días y, a pesar de las recomendaciones del dietista, sus vacaciones incluirán un tour por restoranes ya visitados por otros amigos. Viaja con su esposa Hilda «Chiche», y luego regresará con su familia (tiene un chico en el secundario, al margen de las otras dos hijas y los nietos). No piensa desaparecer por más tiempo de la vida política y su única duda pasa por el trato que le brindarán las empresas españolas, como se sabe no demasiado entusiastas con su gestión.
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