Por $ 1,90 usted puede comprar las 3 botellas de la foto: un desodorante, una lavandina y un lavavajillas. Si son de marca cuestan más del doble. Estos (foto) los producen los piqueteros «duros» de Raúl Castells, los del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), que no ocupan puentes pero toman edificios como Repsol, Sheraton o McDonald's para presentar sus demandas con la amenaza tácita de que es preferible aportar ante el costo de eventuales destrozos, aunque nunca expresen esto.
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Trajeron los productos a este diario como muestra porque ellos no pueden, con ese precio final, pagar a un actor de renombre como Fabián Gianola para un corto publicitario por TV.
Es la parte buena de los piqueteros de Castells, hacer trabajar a parte de sus afiliados (pagan 2 pesos por mes para serlo), a diferencia de otros grupos que sólo hacen cortes, como el Polo Obrero de Néstor Pitrola o los «Aníbal Verón» y otros violentos sin contrapartida de trabajo en común.
Les pagamos $ 1,90 por las 3 botellas de plástico. Nos hicieron firmar la compra y nos devolvieron 10 centavos. En la medida en que todos los piqueteros duros quieren cambiar el gobierno sin urnas y hacer el «gobierno del pueblo», en la práctica, aunque no todos los acepten, son marxistas (de hecho aplauden a Fidel Castro y querrían imitarlo). Pero los del MIJD, a la par de su utopía política, desarrollan un cooperativismo productivo. Por supuesto, pueden competir con similares productos de marca a mitad de precio porque no pagan impuestos ni enfrentan cadenas de intermediación. Pero así se han iniciado importantes movimientos cooperativos en el país, por caso el centenario El Hogar Obrero, hoy en dificultades, el banco cooperativo Credicoop y muchos en el campo.
Siempre han existido los Castells en la historia. Desde Tomás Moro y su novela «Utopía» (un agrupamiento humano perfecto, sin rencores, ni odios, ni mezquindades, repartiendo la producción) hasta los socialistas utópicos previos a Karl Marx, como Charles Fourier, Robert Owen, Pierre Proudhon o Bakunin, ya en el anarquismo.
Las propuestas cooperativas subsisten en pocas actividades y no hay país que se sustente en ellas, aunque las admita. La empresa privada basada en el capital es la verdadera base de la producción de cualquier nación democrática, aunque pueda cometer y de hecho comete injusticias y hasta latrocinios.
El proyecto de Castells -más allá de querer una pueblada que arrase con el gobierno de turno y la movilización de desocupados para ese fin-pretende montar una organización de prestaciones similar, aunque más modesta por no tener aportes por ley sobre los salarios, que las que regentean los sindicalistas. Tiene montados talleres de producción, dispensarios, jardín de infantes, comedores, escuela primaria y un secundario para adultos, servicios de ambulancia y de velatorio. Presiona por ayuda -«de buenas maneras», dice-y obtiene alimentos, productos y dinero. Desde ya también se mueve con « disciplina piquetera» y de ahí las denuncias de «aprietes», no menos de 40, que agrupa el fiscal Guillermo Marijuán. Si se llega a opciones extremas entre los opuestos hoy a Néstor Kirchner el movimiento de Castells es preferible, por lo que lo rodea, a los otros, igualmente de izquierda.
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