Un tibio en aprietos
Nadie ignora que, desde hace 20 días por lo menos, creció la versión de que el intendente de Tigre, Sergio Massa, podría reemplazar a Alberto Fernández en la Jefatura de Gabinete. Rumoreo insólito -ya que los Kirchner nunca cambian a nadie-, pues al funcionario jamás lo excluye el matrimonio. Aunque, tal vez, Néstor lo ha desautorizado en ocasiones y el universo "nyc" (nacidos y criados) en Santa Cruz (la pingüinera) lo acecha para apartarlo del gobierno (si fuera la oposición la que pidiera su salida, tendría empleo asegurado de por vida). Ayer, sin embargo, fue él mismo quien dañó su continuidad con sus propias declaraciones: confesó que su hijo se pone contento cada vez que se dice que él renuncia. Debió, luego, ofrecer un reportaje más denso para explicar que esa admisión filial no implicaba una voluntad de retiro. Demasiadas aclaraciones si no estuviera en riesgo -nadie le puede atribuir ese reclamo a la oposición-, aprieto al que se somete por los que lo rodean, saludan y felicitan todos los días (y, luego, como en el Imperio, aseguran: "Vamos por él"). Le conceden, eso sí, una tibieza que no es propia del momento kirchnerista. Mientras tanto, sigue sin tiempo para trabajar -como otros miembros del gabinete y el resto de los funcionarios-, como ayer cuando tuvo que asistir a otra de las múltiples reuniones que organiza el ex presidente -un continuado en los últimos 15 días- para convencer y hacer que convenzan al público: la pelea por el campo es política, pretenden voltear a Cristina, no es una discusión por el monto de las retenciones. Se necesita mucho esfuerzo, claro, para persuadir a propios y ajenos.
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Alberto Fernández
Alberto Fernández: Antes de ser jefe de Gabinete había más fútbol, música; aunque sigo yendo a ver a Argentinos Juniors de local, a veces toco música.
P.: Pero siempre estuvo en política.
A.F.: Yo era el jefe de campaña de Kirchner. En la UBA yo tenía dos clases; tenía más tiempo para escribir, y tenía otros tiempos. Hoy trato de hacerme el tiempo para los amigos, no son todos de la política.
P.: ¿Lo reclaman mucho?
A.F.: Mi hijo es el único que me reclama más tiempo, más presencia, a él le molesta mucho lo que se escribe de mí. En un mes me dijeron que manipulaba a los medios, que manejaba el Presupuesto como quería y ahora soy el tipo más racional del gobierno.
P.: ¿Tiene mala relación con los medios?
A.F.: Yo siempre he tenido buena relación con los periodistas. El periodismo se convirtió en fiscalizador porque antes no funcionaba la Justicia. Por ejemplo, la revista «Noticias» está desinformada, me parece que tiene una gran falta de seriedad, siempre se leen cosas inexactas. Una vez estos portales difamadores habían publicado que Araceli González no tenía relación con Mazzei, sino que estaba conmigo. Esta es la pauta más concreta de cómo funciona ese medio.
P.: ¿Reconoce sus propios errores?
A.F.: Yo soy reflexivo, no me dura el enojo una eternidad, si meto la pata lo digo. No soy un tipo violento. A mí me apena y me preocupa mucho ver a mi hijo preocupado por mí. Cada vez que dicen que renuncio mi hijo se pone contento, se pone más contento que la oposición.
P.: ¿Cayó mucho la imagen del gobierno con el conflicto con el campo?
A.F.: Parte de la operación de desgaste que tiene la oposición es mostrar que la imagen va cayendo, en verdad Cristina está en una situación estable.
P.: ¿Y su relación con Cristina, cómo es?
A.F.: Yo hablo mucho con Cristina y Néstor y me parece que no es real que Kirchner gobierne. No hay que creer todo lo que se escribe de este tema. Hay que decirles a los oyentes que estén tranquilos porque cada uno sabe qué tiene que hacer.
P.: Se lo nota cansado.
A.F.: Es un elogio que los oyentes me vean más bueno, sí es cierto que estoy más cansado.
P.: ¿Escuchó las críticas de Solá?
A.F.: Ayer hablé con Felipe Solá y los dichos son opiniones, nada más. Confiemos que todos entren en razones.




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