La ceremonia de asunción comenzó como estaba prevista. Cristina partió de la Quinta de Olivos en helicóptero, acompañada de sus hijos Florencia y Máximo, y de la novia de éste, Rocío, todos vestidos de negro.
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Puntual, la mandataria llegó al mediodía al Congreso de la Nación y dio un distante saludo al vicepresidente saliente, Julio Cobos, quien había sido blanco de algunos silbidos y gritos en el arranque de la Asamblea Legislativa de parte de los militantes kirchneristas que ocuparon las gradas.
En realidad, el apretón de manos entre Cristina y Cobos pasó casi desapercibido: ella le estiró la mano mirando hacia otro lado y luego encaró hacia el recinto, de donde el mendocino desapareció poco después, cuando la Presidente comenzó su discurso.
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