Una mujer con buen pie

Política

Cristina de Kirchner invirtió sus deseos: le recordarán el viaje a París por asistir al éxito del seleccionado argentino de fútbol (venció al de Francia por l a 0) más que por la firma de una convención internacional sobre la desaparición forzada de personas (iniciativa que, justo es recordar, motorizó el canciller Jorge Taiana). Se convirtió en la «Galíndez» del equipo (un morocho utilero que, decían, les traía buena suerte a Bilardo y, luego, a Basile), mientras ella se esforzaba por que atendieran su firma en el tratado. Si hasta brindó un reportaje a «Debate» -una de las pocas revistas recomendadas por los encargados de prensa oficiales para que hablen los funcionarios-, entrevista que, como es de imaginar, no se caracterizó por lo punzante de las preguntas o los aprietos en que colocó a la mujer ese medio. Casi una broma esta sumisión periodística. Ni la nueva recibida de «Galíndez» requiere de tamaña complacencia.

Mucha preocupación circulaba ayer dentro de la comitiva que acompaña a Cristina Fernández de Kirchner en su gira de una semana por París. Hasta anoche, el gobierno francés no había contestado afirmativamente ante el pedido expreso desde la Argentina para que el ministro del Interior, Nicolás Sarkozy, reciba a la primera dama el viernes.

Incluso se teme lo peor: que la reunión con el candidato oficialista a la presidencia no se haga ante las versiones que indican que el francés se irá de gira por el interior de su país para completar su campaña electoral. Si la «cumbre» no se concretara, los hombres que organizan la gira de la primera dama habrán fracasado en sus intenciones de organizar el encuentro más importante para el futuro de Cristina.

Sucede que si es elegida presidenta de la Argentina sucediendo en el cargo a su marido, no habrá podido encontrarse con la persona que seguramente gobernará Francia durante su mandato. De nada servirían entonces los encuentros con la socialista Ségolène Royal, con el ministro de Relaciones Exteriores Philippe Douste-Blazy y con el primer ministro Dominique de Villepin. Sin embargo, dentro de la delegación argentina había optimismo. El embajador en París, Eric Calcagno, continuaba llamando a sus números de contacto del Palacio del Eliseo (la sede del gobierno francés) para apurar la respuesta de Sarkozy.

La demora provocó además otro problema para la delegación: ¿qué hacer con el tiempo y la agenda de la primera dama hasta lograr, el viernes, la foto con el actual ministro del Interior? Oficialmente no había anoche información sobre la agenda para hoy, y no se descartaba incluso que si la respuesta del francés era negativa, se acelere el regreso de la senadora a Buenos Aires.

El mismo problema de falta de agenda hubo ayer, ya que Cristina Fernández de Kirchner tuvo sólo dos encuentros de dudosa profundidad institucional. Por un lado hizo una recorrida no oficial por el Senado francés. Al terminar dijo que los legisladores «estaban sorprendidos todos, los socialistas, los de derecha» sobre la marcha de la economía argentina. «Realmente fue muy bueno el encuentro, muchos de ellos van a viajar a la Argentina en marzo», completó al analizar su gestión en el Senado. Allí la primeradama anunció que el Congreso (el argentino) ratificará en las sesiones extraordinarias la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra la Desaparición Forzada, que ayer firmó en representación de la Argentina.

  • Camisetas

    Por la noche, Cristina Fernández de Kirchner le agregó a la parte turística-cultural de su gira el capítulo deportivo, al aceptar una invitación del titular de la AFA, Julio Humberto Grondona, para ver el partido que la Selección nacional les ganó a los locales uno a cero con gol de Javier Saviola. Antes, la senadora relató su visita a la concentración de la Selección y dijo que «yo les comenté», a los jugadores, «que mi hijo quería un buzo de la Selección, que era lo único que pedía. Les dije que si no me lo daban no iba a poder entrar a Olivos. Me dieron una muy linda camiseta también para mí». Completó su análisis afirmando que «yo no entiendo nada de fútbol, pero hoy hago el aguante a la Selección, como buena argentina».

    Cristina Fernández logró con su presencia entablar una nueva relación de amistad con el técnico de la Selección, Alfio Basile. Sucede que el entrenador es un «cabulero de ley», según su propia definición, y le habría pedido a la primera dama que siga viajando por donde jugará la Selección por la suerte que le trajo esta visita. Los próximos encuentros programados serán en Australia, Japón, China y Venezuela, país gobernado por Hugo Chávez, un conocido de Cristina Fernández. «Iré a todos los lados que pueda», dijo la senadora.

    Para hoy la agenda asegurada y confirmada por el embajador Eric Calcagno incluía un almuerzo con intelectuales franceses, entre los que circularán el presidente de la Maison de L'Amerique, Robert Peugeot, y el director de «Le Monde Diplomatique», Ignacio Ramonet. Este último estaba confirmadísimo. Sucede que Calcagno lo conoce, ya que el editor le publicó varios estudios de la época en la que trabajaba de economista en la versión criolla de la publicación de centroizquierda de origen francés. Mientras almuerzan, el ahora diplomático continuará llamando al Eliseo para confirmar la reunión con el ministro del Interior.
  • Dejá tu comentario