Una oportunidad para reagrupar las fuerzas
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Es, además, un movimiento hacia la interna gremial. Desde hace meses, Genta participa de las rondas de laderos y socios de Moyano que empujan su reelección como jefe de la central de la calle Azopardo. Un detalle: el camionero sumó al municipal en la «mesa chica» cegetista.
La lógica sindical no coincide, sin embargo, con la lógica electoral. En la última elección porteña, Genta -en tándem con su segundo, Patricio Datarmini- apostó a Jorge Telerman, al punto de que Alejandro Amor, dirigente de su gremio, integró una boleta telermanista. Recién en la segunda vuelta dio tibias señales a favor de Daniel Filmus, el candidato de la Casa Rosada.
Aquel pacto le permitió al ex intendente disfrutar la calma gremial. No fue el único moyanista que simpatizó con Telerman. También Viviani, de Peones de Taxis, se plegó a la aventura reeleccionista. Sobre la hora, a regañadientes, Moyano emitió una señal de respaldo a Filmus.
La avanzada de Macri sobre la obra social del Sutecba fue la excusa perfecta para que los gremios reaccionen en bloque. Ayer, al despacho de Genta llegaron saludos no sólo del moyanismo sino también de dirigentes de «los Gordos», enfrentados al camionero.
Se explica: las obras sociales son el corazón político y económico de los sindicatos y cualquier avance sobre esa «caja» monumental genera alertas y solidaridades. Consciente o no, con su determinación, Macri tuvo un comportamiento herético según la biblia gremial.
Espantados, en la CGT ayer se consolaban entre sí diciendo que fue una sugerencia de su asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba para que Macri retome el protagonismo, de modo positivo, luego del derrape -según la perspectiva de los gremios- con el aumento del ABL.
«Se equivocó feo y lo va a pagar. Hay varios gremios que están esperando el momento para hacerle sentir el rigor», dice el sindicalista que se mueve como una sombra junto a Moyano. No lo dice pero queda claro que Camioneros es uno de los que están al acecho. Castigar a Macri, en el manual moyanista, es un recurso para achicar distancias con la presidente Cristina de Kirchner y, en un plano más sutil, con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, jefe del kirchnerismo perdidoso de la Capital Federal. Intereses concurrentes. Esta vez, Moyano y Fernández parecen condenados a actuar en sintonía a pesar de su añeja malquerencia. El camionero es quizá el principal socio político, fuera del gobierno, de Julio De Vido, enemigo del jefe de Gabinete.
¿No intervendrá De Vido, como hizo cuando Moyano y Viviani amagaron con un paro del transporte, para evitar que la marcha y el acto de los municipales conviertan en un caos la Capital? ¿Tampoco Carlos Tomada levantará el teléfono como hizo cuando Gerardo Martínez hizo colapsar el tránsito porteño?
Otro plano; otra guerra: el gobierno dejará en libertad a los leones sindicales con el convencimiento, todavía en veremos, de que la dinamita gremial lastimará a Macri pero, esta vez, no afectará a los Kirchner.
Fuego a discreción con Moyano, otra vez, en la calle, como en los lejanos días de Fernando de la Rúa presidente cuando bloqueó varias rutas para protestar contra la contratación en el país de camioneros brasileños. Chaqueta de coronel; tareas de soldado.




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