Una rara mezcla de conservadores y UCR

Política

La forma que elige Roberto Lavagna para continuar negociando armado electoral sigue siendo, en ocasiones, al menos curiosa. Sentó ayer en la misma mesa a Gerardo Morales, presidente del Comite Nacional de la UCR, junto a dirigentes peronistas de su grupo íntimo, representantes del MID y hasta provinciales que siguen encolumnados detrás de una supuesta candidatura de Mauricio Macri.

Morales, que concurrió en representación del mucho o poco caudal que pueda acercar su partido, representa, aunque el lavagnismo hoy se niega en reconocer, a la fuerza que pondrá en esa fórmula al vicepresidente y, más importante aún, la estructura nacional para las elecciones que el ex ministro hoy no tiene.

Extrañó que juegue ya abiertamente a una ruptura del macrismo, que mezclara en esa mesa a personajes tan disímiles. Es lógico que se rodee de peronistas como Marina Cassese, que forman hoy su núcleo de colaboradores, pero la presencia, por ejemplo, del mendocino Gabriel Llano desconcertó.

Representó allí a los partidos provinciales que hoy tienen una alianza sellada con Mauricio Macri, inclusive dentro del Congreso integran un bloque unido. Si tanto Lavagna como Macri persisten en sus candidaturas, esa colaboración del Partido Demócrata mendocino o cualquier otro provincial parece hoy imposible.

Tanto que mientras Llano a la salida del encuentro declaraba que «lo que la Argentina necesita es una alternativa seria para que no haya dispersión», desde Santa Fe, Alberto Natale, le quitaba representatividad para participar de esa reunión.

  • Traspaso

    Llano pertenece a un sector de los demócratas mendocinos que junto con el Partido Renovador de Salta y los Ciudadanos Contra la Corrupción de Tucumán podrían pegar el salto de la alianza con Macri si éste se mantiene en la carrera presidencial.

    Omar De Marchi, también del Partido Demócrata de Mendoza, respaldó la gestión de Llano: «fue para limar asperezas y seguir analizando la opción de una única alternativa», dijo.

    Pero el santafesino Natale no fue en la misma línea: «Llano no fue representando al Movimiento», dijo, «esta reunión se inserta dentro de la tesitura que llevó al Movimiento en diciembre a tener reuniones con todos los actores políticos de la oposición y que implica enunciar primero un programa y luego las candidaturas», intentó minimizar.

    Morales acudió a la diplomacia radical para salir del entuerto y ofició de vocero de la reunión: «Compartimos visiones de cómo hay que hacer para solucionar algunos problemas como la crisis energética, pero después cada dirigente debe dar un debate interno dentro de su espacio».

    Fue la única forma de plantear con elegancia el dilema de tener una interna de los partidos provinciales estallando en la misma mesa donde Lavagna sentaba a sus principales aliados.

    Un minué similar deberán bailar tanto Morales, como Fernando Chironi, Ernesto Sanz y Adolfo Stubrin, en la Convención Nacional partidaria del 23 y 24 de marzo próximo cuando deban explicarles a los delegados radicales -incluida la ya casi renunciada Margarita Stolbizer que avanza en su acuerdo con Elisa Carrió por la gobernación bonaerense-, que el candidato a vicepresidente lo nominará Lavagna y la UCR deberá limitarse a ratificarlo.

    Ese estilo de conducción del ex ministro de Economía es bien conocido por los alfonsinistas que, a cambio de no quedar nuevamente afuera de la historia, estarán dispuestos a soportarlo. Pero no sucederá lo mismo con quienes presionaron hasta último momento por llegar a las elecciones con candidato propio, como el caso de algunos intendentes radicales de Córdoba que creen que así no irritarán tanto al gobierno.
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