Usaron mil micros para llenar ayer con activistas la Plaza de Mayo
Los gremialistas ayer usaron todos sus recursos para la marcha que organizaron hasta la Plaza de Mayo, una demostración que intentó molestar al gobierno nacional pero que lo único que logró fue complicar el tránsito en la Capital Federal. El caos de vehículos en las principales avenidas lo causaron los mil ómnibus que contrataron las dos CGT para llevar a la gente hasta la Plaza de Mayo en lo que fue una manifestación sin incidentes. Rodolfo Daer y Hugo Moyano tuvieron que fusionar su acto para dar muestra de que todavía controlan a los activistas y además después de que el piqueterismo, en la puja también por liderar el reclamo contra el déficit cero, llevara hace diez días a su militancia hasta la puerta de la Casa Rosada. Daer atacó a la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, quien apuntó contra el enriquecimiento ilícito sindical, exigiendo declaraciones jura-das de sus patrimonios. Luego la funcionaria inútilmente les pidió mayor responsabilidad aunque hizo notar que se gasta mucho dinero en la organización de esas marchas, con gente que se moviliza de todo el país. Fue un gasto que les dio un pobre resultado: no hubo asistentes genuinos por lo absurdo de la medida, que no fue más que la obediencia de los activistas y estuvo muy lejos de ser una manifestación popular. Tampoco provocó paro de actividades, lo que habitualmente ocurre en las grandes movilizaciones a Plaza de Mayo. Sí dejó sin trabajo a la mayoría de los comercios del centro porteño, que cerraron por clásico temor a la ola de violencia, temor que es lo único que generan como respuesta las movilizaciones de las dos CGT.
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El peor atasco para el tránsito porteño se produjo en la avenida 9 de Julio desde Corrientes hasta Independencia, estacionando micros en triple hilera, a pesar de haber sido contemplados por la Policía otros lugares para esas paradas.
Fue en el único lugar en que la seguridad cortó las calles, pero después fueron los propios manifestantes los que, al concentrarse en distintos puntos de la Ciudad, impidieron la libre circulación, con el aditamento de explosiones de artificio.
Ese barullo obligó, por caso, a Aníbal Ibarra a encerrarse en el Salón Blanco del palacio municipal, donde realizó un acto con una teleconferencia: ordenó cerrar postigos y cortinas, pero igual el jefe de Gobierno no logró evitar que penetrara en la sala el carnaval de los gremialistas con sus consignas.
La marcha, por otra parte, no causó un paro de actividades como podía preverse, excepto en las zonas de la Capital donde negocios y algunas oficinas cerraron a partir de las 14, pero por razones de seguridad. Bares y quioscos en cambio permanecieron abiertos y funcionaron los subtes y las líneas de colectivos.
Daer, subido al palco, como parte de la absurda medida protestó por una «reestructuración» de la deuda externa para lograr «una política de crecimiento con desarrollo industrial» y le pidió al gobierno nacional que «entienda que debe terminar con esta política económica de empobrecimiento que afecta al pueblo argentino».
• Especulaciones
Moyano aprovechó después para criticar a Patricia Bullrich y seguir en el mismo sentido que Daer, con la idea principal de transmitir que los dos sindicalistas terminarán uniéndose, a tal punto que el cegetista oficial habló del camionero como su «querido amigo y compañero Moyano» -como lo presentó- en el mismo palco donde se estrecharon en un abrazo que se prolongó por varios minutos y sirvió para que se intensifiquen las especulaciones sobre la próxima unificación de las dos CGT, sustentada por el presentador Daer, que hizo referencia a «la inminente unidad del movimiento obrero».
Moyano, aprovechó la oportunidad para iniciar campaña electoral, ya que desde ese sector disidente la azafata Alicia Castro, entre otros, es candidata.
«Hay que derrotar al modelo en forma contundente.A los argentinos nos queda un arma fundamental y letal que es el voto», dijo el camionero.




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