27 de septiembre 2005 - 00:00

Varias rarezas

Los comicios del 23 de octubre -aunque estén enormemente influenciados por el reparto imprevisto de la bonanza que llegó al país con el despertar de China y la gran liquidez internacional- pueden aportar afirmaciones: que la Argentina se hizo progresista, que apoya las estatizaciones, que es bueno subsidiar, que las inversiones deben venir desde el Estado y otras aseveraciones contrarias al progreso real de los pueblos. Por eso convendría ir aclarando posturas. El demagogo venezolano Hugo Chávez afirmó: «La propiedad privada no es sagrada». No es totalmente una barbaridad, como se sostendría desde algún sector. Hay propiedades individuales «sagradas» aunque no siempre en la historia lo hayan sido como el hogar, sentir un culto, educar hijos, lo ganado honradamente con el trabajo y más. La «propiedad de la tierra» no es sagrada pero sí lo es no caer en la barbarie de Chávez de apropiarse por la fuerza de lo que llama «latifundios» para repartirlos en minifundios o estatizar tierra. Está probado que esto va contra la riqueza de los pueblos pero puede haber latifundios estériles, es cierto. En este caso lo que una democracia hace es aprobar en el Congreso leyes de impuestos crecientes a la tierra improductiva según cánones lógicos. El progresismo de Chávez desconoce esto.

MAS CORTE


Eugenio Zaffaroni recibió ayer a directivos piqueteros duros. Les dijo que él va a privilegiar siempre la protesta callejera por sobre el derecho de la gente a circular. Un miembro de la Corte Suprema recibe -como no lo hace el gobierno- a personas que diariamente violan el derecho constitucional de otros argentinos a circular libremente. Zaffaroni alguna vez dijo que va a renunciar el día que se vaya Néstor Kirchner que lo propuso. Ahora se cree que usa la Corte para promoción de una carrera política y que se iría en cualquier momento porque lo cansa la Corte. Recibir piqueteros es parte de esa estrategia.

ALGO BUENO

Los carteles de tela o cartón con leyendas pintadas en aerosol en las tribunas de fútbol en el pasado fueron una excepción, pero ahora pasaron a ser casi una novedad todos los fines de semana. Puede ser que el periodismo -sobre todo el deportivo que no se caracteriza por agrupar a los más pensantes de la profesión, salvo excepciones- no interprete a la gente y ésta quiera expresarse directamente. Bastaría recordar aquella famosa leyenda que apareció en una pared de San Telmo: «Nos mean y la prensa dice que llueve».

Diego Maradona se enojó mal, le negó el derecho a la libre expresión a quien en el estadio le escribió crítico al entrenador Basile de Boca: «Una cosa es tener plantel y otra tener equipo».

Los carteles en tribunas de fútbol -se van contagiando partido tras partido- tienen el ingenio de la muchedumbre haciendo oír su voz anónima. Al arquero del club Independiente le pusieron una toalla escrita donde decía alguien que no lo quiere: «Autolesionate Leyenda». Un hincha de Gimnasia que ama a Guillermo Barros Schelotto, transferido hace años a Boca Juniors y que hoy no es titular, puso: «Guillermo en Boca sos un diente más, en el bosque serías un rey». Un enojado hincha de Racing escribió en estos días casi en una sábana de su casa: «Cartonero Marín, basta de técnicos baratos». Fernando Marín es el gerenciador del club y el «técnico barato» el ya renunciante Rivarola.

Es la moda. ¿Durará? Antes se leía apenas: «Diego te amo» por Maradona. Hoy hay mensajes en todas las tribunas. ¿El periodismo no tendrá que interpretar mejor qué quiere la gente... inclusive en política?

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