16 de octubre 2003 - 00:00

Vergonzosa presión sobre los senadores

El oficialismo del Senado peleó de a uno los votos para imponer a Eugenio Zaffaroni en la Corte. Tardaron varias horas en conseguir el objetivo. En ese sentido, Eduardo Duhalde hizo un aporte invalorable: llamó desde Milán (Italia) a Mabel Müller, una de las censoras del candidato, para pedirle que reviera su posición. La ultraduhaldista anunció a sus colegas del justicialismo que se iría del recinto a la hora de la votación o que, llegado el caso, podría acompañar la promoción de Zaffaroni. «Voy a hablar con Cafiero», prometió Müller con la idea de ponerlo en sintonía. Cuando lo hizo se enteró que también había recibido el llamado de Duhalde lo cual lo había sumido otra vez en el océano de la indecisión. «No tengo voto resuelto», musitó cuando le preguntaron de una radio a media tarde.

Duhalde
se esforzó también en lograr el voto favorable del misionero Ramón Puerta, pero éste le respondió que había regresado de Europa ayer con el exclusivo propósito de votar contra el ingreso de Zaffaroni a la Corte. Ante la insistencia de Duhalde, le dijo que lo más que podía hacer era no asistir al recinto, es decir no dar quórum ni votar a favor.

Explicar esta pasión por hacerlo juez de la Corte a Zaffaroni es otra de sus deudas pendientes con la sociedad que tiene Duhalde. Fue un comienzo auspicioso para el ex juez, en una jornada que había comenzado con dificultades, tal cual adelantó este diario.

Hasta ese momento, los esfuerzos de los sectores disciplinados a Néstor Kirchner estaban centrados en dar vuelta algunos legisladores o negociar una salida del recinto para bajar las huestes de opositores. El objetivo era amañar los 2/3 de avales de los presentes, exigidos por la Constitución nacional.

• Ausencias

Hubo contactos con el radicalismo -de hecho, se produjeron sugestivas ausencias en el hemiciclo-, pero el mayor esfuerzo se desplegó en la reunión del bloque PJ, donde -al mediodía- había alrededor de 8 legisladores dispuestos a rechazar el pliego remitido por Néstor Kirchner. Desde hace una semana, el principal foco de resistencia a Zaffaroni estaba en la misma bancada peronista.

En esa deliberación, había apenas una veintena de justicialistas dispuesta a seguir las instrucciones del gobierno. Aun con auxilio de parte de la UCR y de los socios extramuros del kirchnerismo, no tenían garantizados los 30 votos que necesitaban para bajar en condiciones de aprobar el diploma.

Resultaba imprescindible penetrar en el núcleo opositor doméstico, liderado por el riojano
Eduardo Menem, la salteña Sonia Escudero, la adolfista Liliana Negre de Alonso y hasta Müller a quien terminó desactivando Duhalde.

Hicieron causa común, casi militante, con los provinciales
Ricardo Gómez Diez (Renovador-Salta) y el lopezmurphista tucumano Pablo Walter, más el radical Raúl Baglini, principales fiscales del candidato durante la audiencia pública de hace 10 días.

«Hay que apoyar al Presidente»,
tronó con desesperación Miguel Angel Pichetto en el bloque, al mediodía. La discusión era ríspida. «Hay que votar a Zaffaroni», insistió con tono severo Pichetto, cuando parecía aventurado asegurar si habría o no sesión a la tarde. A esa hora, había un octeto de díscolos en la escudería PJ y los números no alcanzaban para cubrir la vacante que dejó Julio Nazareno.

La desesperación era evidente. El jefe de la bancada no retaceó argumentos a la hora de colectar adhesiones o lograr la ausencia de los contradictores domésticos en el recinto. Repasó la ayuda que recibieron algunos de sus compañeros del gobierno, a modo de reproche, y prometió refuerzos para quienes facilitaran la aprobación.

«¡No te podés olvidar la mano que les dio el Presidente en la campaña!»
, apostrofó Pichetto a Nélida Martín en evocación del reciente triunfo de José Luis Gioja en San Juan. Ella venía diciendo que se pronunciaría contra Zaffaroni, lo cual complicaba su futuro.

Su comprovinciano
Gioja había intentado en vano torcer la decisión de Martín en las últimas semanas. El pressing de Pichetto surtió más efecto. A las 18.30, la senadora de San Juan se levantó de la banca y prometió no regresar para facilitar con su ausencia la ratificación del ex juez. A puertas cerradas, tuvo que soportar las arengas de Pichetto y compañía.

Los sanluiseños Negre y Jorge Ochoa también sufrieron presiones, pero no se mostraron permeables a cambiar de parecer. El santafesino Oscar Lamberto protagonizó algunos encontronazos con Pichetto, pero se retiró del bloque sin confirmar qué haría finalmente. Estaba molesto por la forma en que se avanzó sobre los disidentes.

El efecto de las filípicas de
Pichetto derivaron en discursos lights de los rebeldes, por caso, Escudero que se limitó a señalar que el ascenso de Zaffaroni desplazaba cualquier posibilidad de que una dama desembarcara en la Corte. Algo que venía reclamando la romerista y otras legisladoras.

Callada escuchaba todo esto la cordobesa
Norma Nélida Bermejo de García Allocco, senadora por la mayoría del PJ de Córdoba. Le habían advertido desde Casa de Gobierno que si votaba contra Zaffaroni, como venía anunciando, se olvidase de la visita del presidente a su pueblo Marcos Juárez, donde seguirá viviendo cuando deje su banca el 10 de diciembre.

Dejá tu comentario

Te puede interesar