Vergonzosa presión sobre los senadores
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Duhalde se esforzó también en lograr el voto favorable del misionero Ramón Puerta, pero éste le respondió que había regresado de Europa ayer con el exclusivo propósito de votar contra el ingreso de Zaffaroni a la Corte. Ante la insistencia de Duhalde, le dijo que lo más que podía hacer era no asistir al recinto, es decir no dar quórum ni votar a favor.
Resultaba imprescindible penetrar en el núcleo opositor doméstico, liderado por el riojano Eduardo Menem, la salteña Sonia Escudero, la adolfista Liliana Negre de Alonso y hasta Müller a quien terminó desactivando Duhalde.
Hicieron causa común, casi militante, con los provinciales Ricardo Gómez Diez (Renovador-Salta) y el lopezmurphista tucumano Pablo Walter, más el radical Raúl Baglini, principales fiscales del candidato durante la audiencia pública de hace 10 días.
«Hay que apoyar al Presidente», tronó con desesperación Miguel Angel Pichetto en el bloque, al mediodía. La discusión era ríspida. «Hay que votar a Zaffaroni», insistió con tono severo Pichetto, cuando parecía aventurado asegurar si habría o no sesión a la tarde. A esa hora, había un octeto de díscolos en la escudería PJ y los números no alcanzaban para cubrir la vacante que dejó Julio Nazareno.
La desesperación era evidente. El jefe de la bancada no retaceó argumentos a la hora de colectar adhesiones o lograr la ausencia de los contradictores domésticos en el recinto. Repasó la ayuda que recibieron algunos de sus compañeros del gobierno, a modo de reproche, y prometió refuerzos para quienes facilitaran la aprobación.
«¡No te podés olvidar la mano que les dio el Presidente en la campaña!», apostrofó Pichetto a Nélida Martín en evocación del reciente triunfo de José Luis Gioja en San Juan. Ella venía diciendo que se pronunciaría contra Zaffaroni, lo cual complicaba su futuro.
Su comprovinciano Gioja había intentado en vano torcer la decisión de Martín en las últimas semanas. El pressing de Pichetto surtió más efecto. A las 18.30, la senadora de San Juan se levantó de la banca y prometió no regresar para facilitar con su ausencia la ratificación del ex juez. A puertas cerradas, tuvo que soportar las arengas de Pichetto y compañía.
Los sanluiseños Negre y Jorge Ochoa también sufrieron presiones, pero no se mostraron permeables a cambiar de parecer. El santafesino Oscar Lamberto protagonizó algunos encontronazos con Pichetto, pero se retiró del bloque sin confirmar qué haría finalmente. Estaba molesto por la forma en que se avanzó sobre los disidentes.
El efecto de las filípicas de Pichetto derivaron en discursos lights de los rebeldes, por caso, Escudero que se limitó a señalar que el ascenso de Zaffaroni desplazaba cualquier posibilidad de que una dama desembarcara en la Corte. Algo que venía reclamando la romerista y otras legisladoras.
Callada escuchaba todo esto la cordobesa Norma Nélida Bermejo de García Allocco, senadora por la mayoría del PJ de Córdoba. Le habían advertido desde Casa de Gobierno que si votaba contra Zaffaroni, como venía anunciando, se olvidase de la visita del presidente a su pueblo Marcos Juárez, donde seguirá viviendo cuando deje su banca el 10 de diciembre.




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