11 de abril 2008 - 00:00

Volvió Néstor, agredió al campo y le pidió paz

• Lo de siempre: la contradicción

Enérgico, casi gritón, algo colorado por el sol su rostro eternamente pálido (¿o le habrá subido la presión?), volvió en auxilio de su esposa Néstor Kirchner. Desde el atril del más rancio peronismo -al que tanto le costó volver-, acompañado por 5 gobernadores y más de medio gabinete, anticipándose como próximo jefe del PJ (en verdad, confirmaba que era el jefe) hizo una arenga característica de su estilo: contradictoria. Atacó a los productores por cortar las rutas y hacer paros, los arrinconó por disponer de más dinero que otros sectores y, simultáneamente, les rogó que no dejen sin carne a los argentinos. Discutan, protesten, pero sin utilizar la metodología de los piqueteros oficiales. Alisó el terreno para la charla de su mujer, hoy, con las 4 entidades del agro. Casi un precalentamiento: ayuden y no se olviden de que aquí está el peronismo exaltado por si no ayudan (lo simbolizaba un transpirado del tablón, Guillermo Moreno, gritando por "la gloriosa JP", cuando siempre se lo asoció más cerca de "los meta" de Lorenzo Miguel). Apelaciones partidarias al desempleo, a los pobres, a la camiseta argentina y, también, dos expresiones de abogado con formación deficiente: 1) dijo que no es constitucional que los pobres corten las rutas, pero está bien; 2) se dirigió a Luis Patti para decir que tendrá que probar su inocencia si quiere ser diputado. "Le damos la oportunidad que no les dio a muchos de nuestros compañeros", sostuvo. Esa no es la Constitución, en todo caso, es su Constitución.

Kirchner volvió a privilegiar a Hugo Moyano en el palco.
Kirchner volvió a privilegiar a Hugo Moyano en el palco.
De regreso, tras un largo si lencio, Néstor Kirchner llamó ayer a defender «como soldados» el gobierno de su esposa Cristina de Kirchner y, rodeado de gobernadores, ministros e intendentes peronistas, escenificó una anticipada asunción, de facto, como jefe del PJ.

«Desde el peronismo vamos a tender las manos, no a proponer una política de confrontación», afirmó, aunque, en 40 minutos de discurso, cuestionó el lock out rural, dijo que los cacerolazos fueron armados por « golpistas» y castigó al detenido Luis Patti.

Señal de su reperonización, luego del fallido coqueteo con la transversalidad, Kirchner se rodeó de cinco gobernadores, medio gabinete y unos 200 alcaldes del PJ para afirmar que «vamos a apoyar incondicionalmente, con todos nuestros esfuerzos» a la « corajuda» presidente.

Fue un show típicamente peronista. Tropa fletada desde el conurbano, «la marchita» en la voz de Hugo del Carril y un puñado, más ruidoso que numeroso, de militantes de La Cámpora, reversión de la JP, que comanda desde las sombras su hijo Máximo.

  • Contagio

    Ese puñado de jóvenes recuperó el cantito sobre la «gloriosa juventud peronista», entonación que contagió a Guillermo Moreno: efusivo, el secretario de Comercio se paró en el escenario y se sumó, a los gritos, al coreo juvenil de: «No nos han vencido».

    Menos explosivos, Alberto Fernández -a quien el patagónico pasó a buscar por Casa Rosada para concurrir, juntos, al acto-, Florencio Randazzo, Julio De Vido, Jorge Taiana y Hugo Moyano se limitaron a seguir el ritmo. Oscar Parrilli, tímidamente, sumó sus aplausos.

    Como pocas veces, Kirchner citó a Juan Domingo y Eva Perón. El folclore partidario lo aportaron los caciques del conurbano que animaron un duelo de tribunas: Alberto Balestrini y Julio Pereyra, reelecto jefe de la FAM, fueron dueños de los mayores alaridos.

    En palabras, aplicó una ejecución sumaria a Mario Das Neves: no mencionó su nombre, pero enfureció con los «que esperan que unos fracasen para posicionarse mejor». Entre líneas se leyó cómo castigó al chubutense que días atrás cuestionó al jefe de Gabinete.

    El show de la FAM sirvió, además, como postal del alineamiento de los caciques: Daniel Scioli, el salteño Juan Manuel Urtubey, José Luis Gioja (San Juan) y Gildo Insfrán (Formosa) rodearon a Kirchner. También Sergio Urribarri, de Entre Ríos, que zigzagueó durante el conflicto con el campo.

    Scioli y Urtubey, al igual que Moyano, figuran en los planes del patagónico como posibles vices en la cúpula del PJ que planea comandar desde mayo, aunque ayer, en la práctica, se asumió como jefe de un peronismo « progresista» en proceso de normalización.

  • Carne

    Acalorado y eufórico, sin su palidez habitual, Kirchner ensayó un discurso moderado al menos en relación con el campo. Se explica: su reaparición como orador se produjo unas pocas horas antes de que este mediodía, su esposa presidente reciba a la cúpula rural.

    «Hermanos, todos queremos comer carne», casi suplicó. Antes, de todos modos, había reprochado los piquetes del campo que distinguió de los que, años atrás, protagonizaban desocupados. Para el patagónico, aquellos cortes eran aceptables, no los que hasta hace días hicieron los chacareros.

    Ni una pizca de conciliación mostró con los caceroleros que el 25 de marzo inundaron Plaza de Mayo. Sostuvo que se trató de «golpistas» y usó como argumento que ese día, «Cecilia Pando y 100 defensores de genocidas» estuvieron en un café cercano a Casa de Gobierno.

    Dedicó, además, una parrafada a Luis Patti, a quien la Corte Suprema acaba de beneficiar con un fallo. «Eso demuestra que la Justicia es independiente», dijo el ex presidente y pidió, sobre la base de un curioso giro legal, que el ex subcomisario «demuestre que es inocente».

    «Tiene tribunales que no tuvieron nuestros compañeros», completó en referencia a los desaparecidos en los 70.
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