4 de mayo 2007 - 00:00

¿Vuelve al Congreso el "dream team" radical?

La rebelión del radicalismo residual de la Capital Federal-contra el acuerdo sellado entre Jesús Rodríguez y Jorge Telerman -bendecido luego a la fuerza por la convención partidaria del distrito-no termina. Lo curioso es que las consecuencias de ese rechazo no las pagará el jefe de Gobierno porteño sino la propia UCR.

Esa discusión tuvo ayer su centro en una reunión convocada por Jesús Rodríguez en el mítico local de Lalín, el club de la zona de Congreso que el radicalismo tomó como propio desde finales de la dictadura militar. Allí Florentina Gómez Miranda fue con Aldo Neri, Gabriela González Gass y Mabel Bianco, entre otros, para escuchar junto a Gil Lavedra la lógica del armado electoral para la Ciudad e intentar calmar los ánimos: «Queremos saber cómo armaron este desastre donde tenemos el séptimo lugar en una lista y en la que Marcela Larrosa podrá entrar sólo si Telerman gana y se lleva alguno de los candidatos de arriba como ministros de su nuevo gabinete», bramaba un radical a la entrada del convite.

  • Punteros disconformes

  • La mayoría de los punteros barriales que aún le son fieles a la estructura partidaria no aceptan que el radicalismo local se haya quedado como única ganancia visible de ese acuerdo con el séptimo puesto en la lista de legisladores porteños y peor aún que le haya sido asignado a Marcela Larrosa. Esa hija del cuestionado dirigente de la zona sur «Beto» Larrosa -que tuvo paseos varios por la Justicia en causas resonadas como la de la escuela shopping o simpatías por el Partido por la Democracia Social animado por Emilio Massera-, además, es empleada de planta permanente de la Legislatura y no representa, según la visión de los dirigentes barriales, el espíritu partidario.

    El ganador de esos votos rebeldes no estará entonces en el propio radicalismo sino en el ARI y no le complicará la elección a Telerman, pero sí castigará a su lista de legisladores. La mayoría de los dirigentes barriales de la UCR porteña ya tienen decidido no apoyar la lista negociada por Jesús Rodríguez -que encabeza la telermanista Gabriela Cerruti-y sí la presentada por la Coalición Cívica, encabezada por la arista Diana Maffía, que sigue a Enrique Olivera. Los votos radicales seguirían así su camino hacia Telerman pero esquivando la estructura radical.

    La explicación que más rápido se esgrimió para la elección de Marcela Larrosa como única candidata de la UCR con posibilidades de salir en la lista porteña fue el cumplimiento de una promesa que hace dos años Enrique Nosiglia y J. Rodríguez le hicieron a su padre, en medio de la debacle que mostraba el partido a nivel local y nacional.

    Pero hay otras razones más interesantes. El apuro de Telerman por adelantar las elecciones porteñas le cayó como anillo al dedo al comité capital de la UCR para evitar, por una lógica falta de tiempo, la interna para elegir a los candidatos a legisladores. Todo quedó entonces en manos de la convención local y de la mesa de conducción.

  • Internas

    Pero no podrán evitar, a pesar del carácter residual que reviste hoy un radicalismo en disolución como el porteño, tener que convocar a internas para cargos nacionales. En esa compulsa los votos y las artes mágicas de «Beto» Larrosa le serán imprescindibles al grupo Rodríguez/Nosiglia para esa elección. Sobre todo si pretenden mantener las aspiraciones de llevar a Ricardo Gil Lavedra como candidato a senador. En esa línea sería posible que Jesús Rodríguez o Marcelo Stubrin aspiraran a una banca en Diputados, para cubrir falencias en temas técnicos que hoy muestra la UCR en el Congreso.

    Los rebeldes del radicalismo porteño quieren tomar otro camino. Apoyando a Olivera, si Telerman gana la elección a jefe de Gobierno, se garantizan el apoyo oficial en la Ciudad para esa interna, mucho más interesante que la empobrecida UCR que sólo puede ofrecer cargos en la cola de las listas.
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