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25 de septiembre 2008 - 00:00

"Ya estoy hecho", dijo poco antes de morir

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En los primeros días de julio de 1970 se conocía la noticia de que el nuevo secretario-general de la Unión Obrera Metalúrgica sería un desconocido dirigente de la regional San Nicolás, José Ignacio Rucci.

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El congreso normalizador de la CGT de ese año marcó la reincorporación a la central obrera de los sindicatos que se habían nucleado años antes en la CGT de los Argentinos. Se desarrolló durante los días 2, 3 y 4 de julio, en el teatro de la Federación Argentina de Sociedades Gallegas, en la calle Chacabuco 955, del barrio de San Telmo. De él surgió un secretariado encabezado por Rucci, a quien secundaban en los principales cargos el textil Adelino Romero; Vicente Roqué, de molineros;

Patricio Datarmini, municipales; Ramón Elorza, gastronómicos; Alberto Damiani, alimentación; Hugo Barrionuevo, fideeros; José Rodríguez, mecánicos, y Abelardo Arce, lecheros.

Rucci había llegado a San Nicolás enviado por el secretariado nacional como interventor en la seccional de la UOM, luego de haber encabezado la comisión interna de la metalúrgica Catita en la Capital Federal. Junto al después secretario general de los obreros navales, Ricardo de Luca, había liderado allí una huelga que terminó en un fracaso y con el posterior cierre de la fábrica. Por los avatares y componendas del gremialismo, había conseguido ingresar como operario de SOMISA y en poco tiempo llegó a la secretaría general de la seccional, a la que había llegado como interventor.

Finalizado el congreso, fue agasajado, junto a sus compañeros de secretariado, en el quincho que existía en la sede del sindicato del plástico, que por entonces encabezaba Jorge Triaca, en la avenida Pavón. Allí Rucci proclamó: «Que nadie se equivoque, nuestra lucha desde la CGT no se va a limitar a las reivindicaciones laborales y salariales. Esta lucha llega hasta la Casa de Gobierno, pero con Perón como presidente».

No todos los que lo acompañaban en la CGT estaban de acuerdo con ese proyecto. Y con muchos de ellos tuvo duros enfrentamientos, así como con encumbrados dirigentes del peronismo, especialmente con el delegado de Juan Perón, Jorge Daniel Paladino, a quien cuestionaba ante el mismo General en sus reiterados viajes a Madrid, hasta que «El Colorado» fue reemplazado por Héctor J. Cámpora.

  • Conociendo París

    Al regreso de uno de esos viajes, se produjoun altercado con un movilero radial, en uno de los salones del aeropuerto de Ezeiza.

    Rucci había hecho una escala de algo menos de un día en París y el movilero le preguntó para qué había pasado por la capital de Francia.

    Rucci le respondió que teniendo el pasaje de retorno abierto, había querido conocer París. El diálogo fue subiendo de tono cuando el cronista le dijo: «En un día no se puede conocer París». Rucci respondió: «Para lo que yo quería conocer, me alcanzaba». El movilero fue retirado y expulsado del salón por integrantes de la custodia del secretario general de la CGT y los demás periodistas se quedaron sin conferencia de prensa. Fuera del edificio, Rucci confesó: «Entre nosotros, me quedaban unos mangos en el bolsillo, habíamos terminado las reuniones con Perón y quería conocer la noche de París, así que me fui al Lido, pero si lo cuento por radio, mi mujer me mata».

    Perón fue electo por tercera vez presidente de la República el 23 de setiembre de 1973. El lunes 24, Rucci confesó a un grupo de periodistas en la CGT: «Perón es de nuevo presidente, yo ya estoy hecho, ahora que sea lo que Dios quiera, yo sé que hay muchos que me quieren matar, allá ellos, yo ya estoy cumplido». El martes 25, José Rucci salía de un departamento, tipo PH, de Avellaneda 2953 de la Capital, propiedad de uno de sus colaboradores, en el que había pasado la noche con su esposa -en la semana vivía en un pequeño departamento, en la CGT, donde él mismo solía prepararse la comida-cuando una lluvia de balas acabó con su vida. Nadie se atribuyó expresamente el asesinato.
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