17 de septiembre 2002 - 00:00

Ya se puede renunciar a falsas afiliaciones

Hasta el próximo 29 de setiembre los ciudadanos de todo el país tendrán oportunidad de despreciar en forma práctica a la dirigencia política. Un hecho que hasta ahora se ha expresado en abstenciones, votos en blanco o a Clemente, cacerolazos y hasta conciertos de bocinas. En cambio ahora podrá renunciar a estar afiliado a un partido, haya sido esto hecho en forma voluntaria o fraudulentamente.

Hasta esa fecha estarán disponibles para la consulta los padrones electorales de cada uno de los 24 distritos, que serán usados en las internas abiertas y simultáneas del 15 de diciembre. Si al hacer la consulta, en forma personal en el juzgado electoral o por Internet (www.pjn.gov.ar/consulta), no figura inscripto es porque está registrado como afiliado a algún partido político. Y en el mismo acto podrá pedir la desafiliación.

• Trámite personal

Así lo confirmó la jueza federal con competencia electoral de la Capital Federal, María Servini de Cubría, al ser consultada. Agregó la magistrada que desde ayer está abierta esta posibilidad. El trámite en forma personal para los porteños puede hacerse en la secretaría electoral, Tucumán 1320 de la Capital Federal de 8 a 13.30, y el ciudadano interesado debe concurrir con su DNI. Para los bonaerenses, en el mismo horario y requisitos, atiende el juzgado federal a cargo del juez Manuel Blanco, en la calle 8 entre 50 y 51 de La Plata.

«Si está inscripto no hay problema. Si no lo está es porque figura como afiliado en alguno de los partidos políticos reconocidos»,
aclaró la jueza. Y en ese caso puede renunciar a esa afiliación.

• Picardía

La pregunta que puede hacerse más de uno sería «¿cómo es posible que yo figure afiliado a un partido cuando nunca he manifestado mi intención de hacerlo?». La respuesta remite a la picaresca de los comités y a las exigencias legales para la obtención de la personería político-jurídica. Que les permite a los partidos presentarse en elecciones con listas de candidatos, celebrar alianzas y hasta cobrar por voto obtenido. Antes de una reforma que los abolió se agregaba el servicio de teléfono gratis, franqueo postal también, y hasta pasajes aéreos y por ferrocarril. Todo en nombre de la democracia representativa.

En distritos populosos como la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, la exigencia para obtener esa personería son 8.000 afiliados, prolijamente registrados en tarjetones por cuadruplicado. En ellos figura nombre y apellido, año y fecha de nacimiento, profesión y domicilio, y la firma dando conformidad al acto. Menos la firma son todos datos que se pueden extraer de los padrones generales que, pasada una elección general, son atesorados en los comités o en el domicilio de algunos punteros aventajados.

¿Vieron esas mesas con padrones para la consulta del lugar donde se vota, que los partidos tienden en las veredas en vísperas de una elección?
Son el aporte del Estado y la justicia electoral al sistema democrático. Se les entrega a cada partido político reconocido un juego de padrones en forma gratuita para que hagan proselitismo prestando ese servicio. Al que ellos le agregan folletos, el programa del partido y hasta una boleta impresa para ir a votar. Pasado el comicio, los guardan. O los venden como papel, por miles de kilos. Imagine el lector cuántos padrones hacen falta para cubrir las 28 circunscripciones porteñas y los partidos reconocidos como tales con derecho a un juego. Los transportan en camiones.

Y si hacen falta afiliados, se toman los datos de esos padrones y se vuelcan en las cartulinas. La firma es lo de menos, aún cuando figura una autoridad partidaria que certifica los datos y la conformidad de quien figura allí. En los juzgados federales de cada distrito electoral se han hecho más de una vez controles fragmentarios, que dieron como resultado que muchos se manifestaban sorprendidos de verse figurando como afiliados, al ser citados a concurrir.

Hay familias enteras que han hecho de esta práctica un lucrativo y esporádico negocio, frente a la urgencia que más de una vez les han manifestado sus clientes. Venden la cantidad de afiliados que se les pidan. Porque lo trabajoso es juntar esas 8.000 fichas que, multiplicadas por 4, son 32.000 tarjetas con todos los datos del ciudadano llenados a mano. Desde ayer y hasta el 29 de este mes el ciudadano tendrá oportunidad de saber si figura en algún padrón de afiliados contra su voluntad. Y manifestar su desprecio renunciando a una práctica lamentable.

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