El lanzamiento del trotskista Luis Zamora como candidato a jefe de Gobierno de la Capital Federal complica más a Aníbal Ibarra, quien aspira a ser reelecto en las elecciones locales del 8 de junio próximo, frente al desafío del gravitante Mauricio Macri, el mejor rankeado en la encuesta de "Ambito Político". El actual mandatario porteño deberá enfrentar a un postulante que puede recoger una porción de votos de los simpatizantes de izquierda de la ex Alianza, que llevó a Ibarra al Gobierno de la Capital, además de propios.
Aníbal Ibarra creyó que su jugada era irrebatible: adelantar las elecciones porteñas -de octubre al 8 de junio próximo- para evitar competidores de peso en la compulsa, pero durante el fin de semana, Luis Zamora lo sacudió anunciando que será candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En el distrito, Zamora, obtuvo cerca de 10% de votos en las elecciones de 2001 y consiguió dos bancas para su movimiento Autodeterminación y Libertad. En ese bloque quedó solo más tarde al pelearse con su par de bancada José Roselli por una cuestión de manejo de fondos reservados. El trotskista además saltó de distrito en esa votación, ya que anteriormente fue diputado por la provincia de Buenos Aires, aunque reside en la ciudad. Ibarra ya se habrá dado cuenta de que su estrategia, que tenía como objetivo evitar que un candidato a presidente (o a vice, como Daniel Scioli) se anotara en la votación a jefe de Gobierno si salía perdedor en la nacional del 27 de abril, no fue del todo estudiada. Creyó que Zamora, anticandidato en la presidencial no se animará a doblar el discurso y pelearle la silla dentro de dos meses.
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El trotskista sin embargo, tal como anticipó este diario, se lanzó al ruedo y estudia ahora colocar como primera candidata a diputada nacional a su esposa, Noemí «Mimí» Oliveto, de quien se dice su influencia matrimonial es determinante, así como la militancia en la que se empeña para llevar votos al hogar.
Para calmar los ánimos en el búnker frentista, el titular de campaña de Ibarra, el peronista Carlos Campolongo, desplegó planillas de encuestadores diversos que le aseguran que no varía su intención de voto con la incorporación del izquierdista en la campaña. Sigue lejos de Mauricio Macri, el principal rival, aunque sabe, que ahora deberá enfrentarse también a un potencial sustractor de votos del segmento que simpatizó con la ex Alianza.
El anuncio del nuevo candidato complicó la campaña de Ibarra, que está orientada por un comando designado por el jefe de Gobierno de la Capital. Lo integran, junto a Campolongo, los secretarios peronistas de la gestión - Jorge Telerman (Cultura) y Daniel Filmus (Educación)- el responsable de descentralización, Ariel Schifrin y el jefe de gabinete Raúl Fernández. Hasta el momento la movida era pelearle a Macri con una campaña modesta, pero con un discurso de guerra contra ese rival.
Zamora, por su parte, navegará por un laberinto discursivo difícil de prever. El nuevo postulante porteño es actualmente diputado nacional por la Capital Federal, pero en 1989 ocupó similar banca por la provincia de Buenos Aires, un detalle que no se le escapará a Ibarra. Entonces, quien era el referente del MAS (Movimiento al Socialismo) se presentó por la coalición Izquierda Unida como candidato a vicepresidente de Néstor Vicente y también en el primer renglón para la Cámara baja por los bonaerenses. Rozó 5% de votos y accedió al Congreso, para sumirse a la vida doméstica una vez que completó el cargo, con la bandería de no cobrar la dieta que le correspondía.
La particularidad de la elección porteña ofrece un argumento que ya le calzó a Zamora: se elegirán autoridades y también la totalidad de los legisladores porteños. Se van todos. A la vez, la misma elección lo colocará en apuros: en el mismo cuarto oscuro se vota a diputados nacionales por la Capital Federal, y el candidato ya consideró que la elección nacional «es trucha» y por eso no se presenta. Será que no es tan mala la oportunidad para su esposa a quien sí quiere presentar en esa porción trucha de la votación.
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