La primera escena de “Pornomelancolía” es la del protagonista casi absoluto, Lalo Santos, estático en medio del tráfico de un paisaje urbano tomándose la cabeza hasta que rompe en llanto. El plano es fijo y el ritmo lentísimo, como a lo largo de esta película que explora el vicio de la sociedad moderna a través de las experiencias de vida de un operario de un taller que también tiene muchos seguidores de todo el mundo como ícono erótico de las redes sociales. Pero el director Manuel Abramovich mezcla ficción y documental al mostrar un poco esa doble vida de un tipo común y corriente que, de golpe, puede tener, cubriéndose el rostro con una típica máscara de luchador mexicano, fans en todo México o chats nocturnos con alguien que acaba de levantar una mañana en Filipinas. Pero el protagonista tiene claro que sólo lo ven como influencer sexual y se entristece, al punto de no querer levantarse de la cama ni hacer nada de su vida.

Dejá tu comentario