25 de junio 2001 - 00:00

Caída del hombre que acaparó el poder real

Cuando el joven oficial Vladimiro Montesinos se encontró frente al cadáver de su padre suicida, miró a sus acompañantes y les preguntó: «¿Será que la muerte de este hijo de puta podrá perjudicar mi carrera?».

La confirmada anécdota mostraría de cuerpo entero la catadura moral del hombre que entre 1990 y 2000 lideró la megaorganización político-criminal que causó tanto daño a Perú.

Vladimir Lenin Montesinos Torres (la «o» del nombre se la agregó luego para ocultar las obvias simpatías comunistas del padre), nació hace 56 años en Arequipa, la segunda ciudad del país, en el seno de una familia conocida por sus cualidades intelectuales y su compromiso con los ideales de izquierda.

Oficialista

Desde que ingresó al ejército, el futuro hombre más buscado del Perú se caracterizó por su habilidad para las tareas de inteligencia y sobre todo para las maquinaciones y las intrigas, las mismas que serían el sustento de su vida.

Relacionado con la más alta oficialidad casi desde sus tiempos de cadete, la carrera militar de Montesinos terminó abruptamente al ser expulsado cuando era capitán, por un incumplimiento de órdenes que según se establecería después estaba relacionado con su actividad secreta: agente de la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos.

El entonces ya ex capitán pasó un año en prisión y afrontó un proceso por traición a la patria. Durante tres lustros su foto se exhibió en los cuarteles como la de una persona no grata cuyo entrada estaba prohibida.

En ese lapso, Montesinos comenzó a ejercer como abogado y trabajó en la defensa de reconocidos narcotraficantes. Sus habilidades en la materia, que incluían las «pérdidas» de expedientes y las amenazas a jueces, lo hicieron famoso en el medio.

En 1990, cuando era además «datero» del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), Montesinos recibió un encargo que cambiaría la historia del Perú: el recién electo presidente
Alberto Fujimori lo contrataba para que con sus artes arreglara el problema de evasión de impuestos que lo estaba perjudicando.

Nació entonces una gran amistad entre los dos personajes, que le permitió a Montesinos convertirse en el poder detrás del trono. Con prácticas irregulares, el asesor tomó el control de las fuerzas armadas, el Poder Judicial, la Fiscalía, la estructura partidaria oficialista.

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