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Cristina a solas en Olivos con Moyano y dos empresarios
Planificó, además, la que podría ser su primera salida de campaña por el interior bonaerense. El 21 de febrero, junto a Daniel Scioli, aterrizará en Necochea, territorio administrado por el radical alfonsinista (de Raúl) Daniel Molina, y patria chica de Venegas.
El montaje de ese show se lo encomendó a uno de los operadores invisibles que heredó de su marido: Roberto Porcaro, fundador de Compromiso K, alistado en ese ejército irregular y sin intermediarios del que también forma parte, entre otros, Juan José Álvarez.
• Indicios
Ejecutora de un esquema radial, incluso más riguroso que el de Kirchner, Cristina parece menos obsesiva -o atenta-al equilibrio entre los astros de la galaxia K que su marido. La cita con Moyano --se especuló, tarde, con que pudo discutirse la posible designación de Héctor Recaldetuvo que ver, se afirmó, sólo con el pacto social.
Es todo un indicio: las pretensiones del camionero de incidir en la lotería electoral de octubre no es, para la Presidente, un factor que deba abordarse en estos tiempos. Quizá no sea una cuestión temporal: Cristina, juran a su lado, pretenderá llenar los casilleros según su exclusivo antojo.
Sobrevuela, como soporte de esa teoría, un supuesto a esta altura incomprobable: que la Presidente reforzó una indicación que antes, otros visitantes a Olivos juran haber escuchado de boca del patagónico, respecto de que su vice no será un gobernador del PJ. No hay música del azar en ese episodio hipotético.
Pueden rastrearse, por esa vía, algunas razones de por qué el cordobés Juan Schiaretti y el tucumano José Alperovich, dos anotados para esa butaca, resolvieron anticipar las elecciones de sus provincias.
Esa alternativa se nutre del giro que, desde la entronización de Nilda Garré en Seguridad -en detrimento de Aníbal Fernández-, les imprimió la Presidente a los movimientos de gabinete y que encontró en el nombramiento de Juan Manuel-Abal Medina, como soldadoque tributará directamenteal despacho presidencial, otra escala que lo profundiza.
Sólo la designación de Juan José Mussi, en Ambiente, desentona en el cuadro. Pero para eso, incluso, hay una interpretación maliciosa: premiar al de Berazategui fue, además, un castigo a su rival, Baldomero «Cacho» Álvarez, a quien Olivos le imputa atizar la aventura presidencial de Scioli.
Huele a sutileza de pago chico. Si asoman otros cambios -por ahora, Cristina parece llevárselos en la valija a Medio Oriente-, quizá se confirme una tendencia más asible: que Mussi cobró por devidista.
Esa lógica dual manoteó ayer Carlos Kunkel cuando, como portavoz no convencional, declaró la reelección de la Presidente y, además, la de Scioli en la provincia. Lo primero forma parte del folclore K; lo segundo es una navaja de dos filos: apoya pero, en el mismo acto, advierte al bonaerense.
Kunkel quiso acallar, además, un murmullo in crescendo de sectores kirchneristas que profesan cristinismo extremo desde una trinchera, algunos antisciolistas -Luis D'Elía es el más efusivo en eso-y otros críticos que, para negociar, amagan con aliarse a Martín Sabbatella.


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