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"Seamos verdes, pero no hagamos suicidar a los países"
Para la especialista, nuestro país "tiene que hacer una transición energética y de producción limpia pero paulatina. Si se le destinan demasiados recursos, habrá que sacarlos a otros sectores, como la inversión social y educación, y eso conspira contra la posibilidad de un desarrollo razonable. Por un tiempo habrá que convivir con las energías tradicionales".
Como están planteadas las cosas, los intereses de las potencias parecen impactar de frente con los de los países más pequeños. En el medio están los BRICs, el grupo de naciones que probablemente lideren el crecimiento mundial durante las próximas décadas. Son responsables de gran parte de la contaminación, pero a la vez intentan vender las tecnologías "verdes". Atienza es crítica con ellos y apunta en particular a Brasil, a quien señala como "uno de los principales responsables para que la conferencia no tuviera otro eje. Lideró la intención de bajar el tono a los objetivos del milenio y ratificó una visión economicista de las tecnologías verdes".
Lo paradójico es que para lograr un verdadero impacto favorable en la crisis mundial ambiental, debieran ser las potencias y los BRICs los que reduzcan sus emisiones contaminantes. "América Latina sólo aporta el 3% a nivel global", apuntó.
Más palabras que hechos
La cumbre, la mayor en la historia de la ONU, reunió durante 10 días a líderes y representantes de 191 países, y en el documento final subrayó la desertificación, el agotamiento de los recursos pesqueros, la contaminación, la deforestación, la extinción de miles de especies y el calentamiento climático como las principales amenazas al planeta.
"Renovamos nuestros compromisos con el desarrollo sostenible, para garantizar la promoción de un futuro económicamente, socialmente y ambientalmente sostenible para nuestro planeta y para presentes y futuras generaciones", citaba el borrador del texto final de 53 páginas. Palabras agradables frente a números fríos: a este ritmo se estima que para 2030 necesitaremos 50% más de alimentos, 45% más de energía y 30% más de agua.
Otra de las deudas pendientes de este encuentro será, una vez más, la falta de un compromiso económico cierto. Antes de comenzar, el Grupo de los 77 países en desarrollo (G77) más China reclamó un fondo de u$s 30.000 millones para poder cumplir con las metas socioambientales, pero con la crisis económica mundial de fondo finalmente nadie quiso hablar de cifras.
Para acallar las voces críticas, la ONU recordó que "el camino no se acaba en Río+20. De alguna manera, el camino empieza aquí". Pero en qué condiciones se encontrará el mundo para la próxima reunión dependerá de las estrategias a seguir. Para nuestra región, la especialista argentina recomienda estrategias prolongadas en el tiempo antes que decisiones basadas en el pánico.
"Algunas ONGs sostienen que hay que adoptar a cualquier precio la economía verde porque sino se acaba el planeta. Nosotros plantemos políticas de educación para no obligarnos a un esfuerzo económico fenomenal. Todos estamos de acuerdo en que hay que cuidar el planeta, en no contaminar, pero no tenemos que conducirnos a nuestro propio fracaso. Seamos verdes, pero no llevemos a los países al suicidio", concluyó Atienza.


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