A mediados de los años sesenta, en un tramo clave de la Avenida del Libertador al 3700, apareció una obra que alteró para siempre la manera de pensar la vivienda en altura en Buenos Aires: se trata del Edificio Panedile. En una época dominada por torres compactas y departamentos que repartían vistas entre frente y contrafrente, este edificio tomó una decisión radical: todos sus departamentos mirarían hacia la calle y el verde.
Cuál es el edificio que cambió la forma de habitar en Palermo: mercado premium y cuánto vale vivir allí hoy
Rompió el molde hace 60 años al diseñar todos sus departamentos con vista abierta al frente. Historia, arquitectura y precios de un clásico porteño aún vigente.
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El Panedile emerge en la Avenida del LIbertador al 3700, en Palermo Nuevo; la fachada expresa una modernidad sobria, con balcones corridos y una composición que maximizó visuales y jerarquía urbana
El proyecto se levantó frente a los Bosques de Palermo y el Rosedal, en una de las zonas más codiciadas de la ciudad, y propuso algo inusual para su tiempo: construir menos m2 de los que permitía el terreno para lograr mejor calidad espacial. Esa renuncia inicial se transformó, con el paso de las décadas, en su mayor fortaleza y en la razón por la cual el edificio sigue vigente y cotizado dentro del mercado premium.
Una decisión que ordenó la avenida
El terreno, ubicado sobre la Avenida del Libertador (hoy ese lugar es conocido como Palermo Nuevo), permitía una construcción más densa. El proyecto optó por una composición de tres volúmenes: dos edificios laterales de menor altura y una torre retirada hacia el centro del lote. Esa operación evitó la típica torre encajada entre medianeras y creó una suerte de calle peatonal interna, más ancha que las calles laterales del barrio.
El resultado fue doble. Hacia la avenida, el conjunto se integró al perfil urbano sin imponer una masa única y cerrada. Hacia el interior, generó un espacio de acceso que amplió la relación entre lo privado y lo público. Pero el punto decisivo estuvo en las viviendas: todos los ambientes principales recibieron luz natural y vistas abiertas, una condición excepcional para la época.
Esa lógica permitió que los departamentos situados en esta zona "palermitana" no dependieran del fondo del lote ni de patios internos. La vida cotidiana se volcó al frente, al paisaje y a la ciudad, una idea que hoy parece obvia, pero que hace seis décadas resultó disruptiva.
El legado de Mario Roberto Álvarez
La obra llevó la firma de Mario Roberto Álvarez, uno de los arquitectos más influyentes del país, acompañado por un equipo (formado por otros arquitectos de jerarquía como José Aslan, Héctor Ezcurra, Alfredo Joselevich y Alberto Víctor Ricur) que entendió la vivienda colectiva como un problema urbano y no solo como un ejercicio formal. El edificio se construyó entre 1964 y 1969, tras ganar un concurso privado, y se convirtió en una referencia dentro de la historia de la propiedad horizontal en Buenos Aires.
La estructura de hormigón armado sin vigas visibles permitió plantas flexibles, ambientes amplios y una modulación clara que ordenó aventanamientos y balcones. La fachada evitó ornamentos y apostó por la expresión directa de la estructura y el vidrio.
Un clásico que resiste modas
El arquitecto Fabio Grementieri, especialista en preservación del patrimonio y profesor en la Universidad Torcuato Di Tella, explicó que el edificio representó una culminación dentro de la obra residencial de Álvarez. Señaló que combinó una arquitectura moderna, generosa en términos espaciales, con una lectura precisa del tejido urbano y del parcelario porteño.
Desde su mirada, el proyecto mantuvo una vigencia poco frecuente en la vivienda colectiva. La iluminación natural, la relación interior–exterior y la claridad estructural siguieron ofreciendo estándares altos frente a muchas propuestas contemporáneas. Grementieri sostuvo que el edificio se ubicó dentro de una tradición clásica, ajena a modas pasajeras, y dejó enseñanzas concretas sobre densidad, altura y convivencia entre espacio público y privado.
Explicó que Mario Roberto Álvarez se inspiró de manera “secreta y herética” en los planteos de la arquitectura académica francesa, en particular en la tipología de los "hôtels particuliers" urbanos (mansión o residencia de lujo particular o privada) que, desde el siglo XVII, organizaban cuerpos bajos laterales y frontales alrededor de un patio de acceso, con el volumen principal ubicado al fondo.
Esa fórmula —que articula monumentalidad, jerarquía espacial y aprovechamiento de visuales— fue utilizada históricamente en distintas escalas y terminó influyendo también en los grandes rascacielos del siglo XX.
Grementieri señaló que esa lógica compositiva “contamina” obras como el Chrysler Building, el Rockefeller Center, el Edificio Kavanagh o el Palacio Mihanovich. Añadió: "En todos los casos, la disposición volumétrica no solo refuerza la presencia urbana del edificio, sino que permite maximizar las visuales hacia el espacio público, una decisión central también en el Panedile".
Vivir frente al verde, pero con ciudad
Más allá del valor arquitectónico, la ubicación fue determinante. El edificio se implantó frente a los Bosques de Palermo, en un sector que articula Palermo Nuevo y Palermo Chico, dos de las áreas residenciales más buscadas de la ciudad.
Pablo Valencia Neira, CEO de Valencia Neira Real Estate, explicó que el atractivo del edificio no residió solo en la vista, sino en cómo el proyecto aprovechó esa condición. Destacó que se construyó menos de lo permitido para asegurar orientación, luz y visuales abiertas en todas las unidades. Esa decisión, afirmó, "hoy resulta casi imposible de replicar en desarrollos nuevos".
Valencia agregó que el edificio ofreció algo escaso en la obra reciente: departamentos de grandes dimensiones, pensados para vivienda permanente y no para rotación o inversión de corto plazo.
Entre sus amenities, posee gimnasio, Salón de Usos Mútiples, seguridad las 24 horas, sauna, espacio de juegos para niños y cocheras.
Tipologías que ya no se hacen
Las viviendas se organizaron en semipisos, pisos completos, dúplex y tríplex, con una baja cantidad de unidades por planta. Esa configuración aportó privacidad, silencio y una forma de habitar más cercana a la de una casa en altura.
Los livings se diseñaron con dimensiones generosas, los ambientes se distribuyeron con lógica clara y los espacios sociales quedaron bien diferenciados de los privados. Muchas unidades organizaron funciones en distintos niveles, un recurso poco habitual hoy, pero muy valorado por quienes priorizaron confort y privacidad.
Valencia señaló que "la flexibilidad estructural permitió refacciones profundas sin comprometer la calidad del edificio, un punto clave para compradores actuales que buscan personalizar su vivienda sin resignar ubicación ni jerarquía".
El análisis del mercado de lujo
Joaquín de Cristóbal, de JDC Propiedades Real Estate Boutique, sostuvo que "el edificio nunca apuntó a un público masivo". Afirmó que fue concebido "para compradores que valoraron superficie, calidad constructiva y una experiencia residencial consolidada".
Detalló que los semipisos suelen ubicarse entre 180 y 230 m2, mientras que los pisos completos superan ampliamente los 350 m2, con pisos parquet como protagonistas. En los cuerpos laterales aparecen dúplex y tríplex que funcionan como casas en altura, y en el coronamiento se encuentra una unidad de escala excepcional para la zona.
De Cristóbal explicó que "la estructura de hormigón armado, las plantas amplias y los servicios centrales permitieron que el edificio compitiera, aún hoy, con torres más nuevas, aunque desde una lógica distinta".
Valores que explican su vigencia
En términos de precios, el edificio mostró un rango amplio, directamente asociado al estado de cada unidad, la altura, la vista y la tipología. "Las unidades a refaccionar se ofrecieron desde u$s700.000", dijo Valencia Neira, mientras que las mejor ubicadas y recicladas alcanzaron valores cercanos a u$s2.00.000.
Los alquileres se ubicaron entre u$s3.000 y u$s4.000 mensuales, con demanda sostenida por parte de familias, ejecutivos y residentes permanentes de alto poder adquisitivo.
Según De Cristóbal, las mejores unidades defendieron valor y negociaron poco, mientras que las más originales requirieron una estrategia de precio más ajustada.
El mercado premium no mostró rotación rápida, pero sí una demanda constante y específica, enfocada en compradores que priorizaron calidad urbana por sobre amenities de moda.
Un edificio que envejeció bien
A diferencia de muchas torres contemporáneas, el edificio no dependió de recursos formales ni de modas arquitectónicas. Su valor se sostuvo en decisiones de proyecto que privilegiaron luz, vistas, estructura y relación con la ciudad.
Hoy, seis décadas después, se mantiene como referencia urbana y como edificio de alto valor. No solo por su ubicación en Palermo Nuevo, sino por haber anticipado una forma de vivir que el mercado volvió a valorar: menos densidad, más calidad y una relación directa con el entorno.
Quien elige vivir en el Panedile no solo compra un departamento. Se inserta en una pieza clave de la historia urbana de Buenos Aires. De Cristóbal concluyó que "se trató de uno de esos inmuebles que acompañaron el paso del tiempo sin perder identidad y que, en cada ciclo del mercado premium, volvieron a ocupar un lugar protagónico".













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