La avenida que quiso convertir a Buenos Aires en París
La historia explica buena parte del valor que hoy se intenta recuperar. Leonel Contreras, historiador especializado en Buenos Aires, autor de Rascacielos porteños y Buenos Aires: leyendas porteñas, recordó que la Avenida de Mayo representó una intervención urbana inédita para la región.
“Fue la primera vez que se abrió una avenida en Latinoamérica a ese nivel. Se rompe parte del Cabildo para abrir la Avenida de Mayo. Esto no existía: fue una novedad total”, sostuvo.
La apertura implicó modificar de manera profunda el casco histórico. El proyecto tomó como referencia los grandes bulevares parisinos y estableció reglas para la construcción de los nuevos edificios. La intención original incluso contemplaba ubicar allí un nuevo Teatro Colón, aunque durante el gobierno de Juárez Celman se optó finalmente por levantar el Palacio del Congreso.
La avenida adquirió así otra función: se transformó en el eje cívico que une al Poder Ejecutivo con el Legislativo. También se convirtió en un corredor comercial y hotelero de importancia, en una ciudad que todavía tenía una escala baja y pocos edificios de varios pisos.
Acceso al Pasaje Roverano, en la Avenida de Mayo y cerca de la Plaza de Mayo
Para Mariela Blanco, periodista, historiadora e investigadora urbana y autora de Tan Buenos Aires (Dunken), la avenida nació como parte de un proyecto de transformación mucho más amplio.
“Antes de que Buenos Aires comenzara a pensarse como una gran ciudad moderna, Avenida de Mayo fue concebida como una declaración de lo que la Argentina quería mostrarle al mundo”, sostuvo. Según su mirada, el modelo fue París y el objetivo consistió en dejar atrás la escala colonial para construir una imagen de capital moderna.
La avenida fue inaugurada oficialmente en 1894 y quedó como un eje cívico que conecta simbólica y visualmente la Casa Rosada con el Congreso. Su arquitectura reúne academicismo francés, neoclasicismo, art nouveau y eclecticismo, una combinación que convirtió a sus fachadas en parte de las postales más reconocibles de Buenos Aires.
Contreras suma otro elemento distintivo: la Avenida de Mayo también tiene un vínculo excepcional con el transporte. Allí se encuentra la Línea A, integrante del sistema de subterráneos más antiguo de América Latina y uno de los primeros del mundo.
“Podría ser un paseo de los más importantes de esa ciudad por todas estas características que la hacen única”, planteó el historiador, quien considera que Buenos Aires podría ocupar un lugar mucho más relevante como destino turístico internacional.
Qué propone la campaña para recuperar la Avenida de Mayo
La petición publicada en Change.org plantea una restauración integral que no se limite a reparar edificios. El proyecto propone intervenir también sobre la infraestructura urbana y recuperar una estética homogénea para el corredor.
Cuando estaba en obras la línea de subtes de la línea A que hoy recorre la traza de la Avenida de Mayo
Mariela Blanco
Entre las medidas figuran la restauración de fachadas, la incorporación de luminarias de inspiración histórica, bancos y mobiliario urbano de época, mejoras en las veredas, espacios verdes y una iluminación cálida orientada hacia los edificios.
También propone ordenar la cartelería comercial, reducir el impacto visual de cables y equipos de aire acondicionado y establecer criterios para las intervenciones sobre fachadas y plantas bajas.
Uno de los puntos más particulares es la recuperación del perfil de boulevard de la avenida y la creación de un esquema semipeatonal durante los fines de semana. La idea de Chinen consiste en mantener la circulación vehicular en uno de los sectores y reservar el otro para peatones, con un sistema similar al que funciona en Avenida Corrientes.
El objetivo es incrementar el flujo de personas, favorecer el consumo y generar un entorno más atractivo para restaurantes, comercios, hoteles y actividades culturales.
También plantea una poda controlada del arbolado. Según el impulsor, el crecimiento de las copas bloqueó algunas fachadas y perspectivas históricas, entre ellas la visual hacia la cúpula del Congreso desde Plaza de Mayo.
“Lo que quiero destacar es el gran potencial que tiene la traza para retomar su función original, desarrollar la zona y la economía, y recuperar la identidad arquitectónica porteña”, explicó Chinen.
La petición ya reunió aproximadamente 2.000 firmas, según su impulsor, quien además fue convocado a presentar el proyecto ante autoridades del Gobierno de la Ciudad. En paralelo, la cuenta de Mirar Hacia Arriba alcanzó cerca de 1,9 millones de visualizaciones en redes sociales.
Para Chinen, el Estado debería preparar las condiciones urbanas para que después aparezca la inversión privada. La propuesta contempla incentivos tributarios o créditos a tasa cero para quienes restauren inmuebles, aunque el propio impulsor aclara que ese aspecto debería definirse con especialistas.
La campaña puede apoyarse desde la plataforma Change.org: Firmar la petición “Mirar Hacia Arriba BA”
De las fachadas históricas a los precios inmobiliarios
El desafío no es solamente patrimonial. También involucra al mercado inmobiliario de una de las zonas que más sufrió el cambio de hábitos laborales y comerciales de los últimos años.
Hoy es posible encontrar una brecha muy amplia dentro de la oferta residencial sobre la Avenida de Mayo. Las viviendas más grandes y de categoría pueden alcanzar valores cercanos a u$s900.000, mientras que algunos monoambientes antiguos parten de alrededor de u$s45.000.
Las cúpulas y torres del entorno de Avenida de Mayo, entre ellas la del antiguo edificio de La Prensa, coronada por la figura de Palas Atenea, forman parte de una de las postales arquitectónicas más reconocibles del centro porteño
Parte del stock inmobiliario del área perdió atractivo frente a barrios que concentraron nuevas inversiones residenciales y comerciales. El caso de las oficinas es todavía más evidente. Los espacios corporativos de la zona presentan valores de alquiler que promedian alrededor de US$7 por m2, en un mercado afectado por la salida de empresas del Microcentro.
La migración de compañías hacia corredores del norte porteño fue una tendencia que comenzó antes de 2020 y que la pandemia profundizó. El trabajo remoto y los cambios en las estrategias corporativas dejaron edificios con menor ocupación y modificaron la demanda sobre buena parte del centro.
La situación contrasta con la propuesta de Chinen, que considera que una recuperación patrimonial podría generar un efecto multiplicador: primero mediante la obra pública y la restauración de los edificios, luego a través de nuevas inversiones comerciales, hoteleras y residenciales.
“La llegada de la actividad hotelera, comercial y turística a la zona automáticamente levantaría el valor de las propiedades”, sostuvo. Su expectativa es que la restauración de un edificio genere un efecto de competencia sobre los inmuebles vecinos y que esa dinámica incentive nuevas inversiones.
Una avenida que todavía puede recuperar su lugar
El proyecto ciudadano no parte de una avenida sin actividad. La Avenida de Mayo conserva edificios emblemáticos, hoteles, cafés y locales que forman parte de la identidad porteña. También mantiene una conexión privilegiada con Plaza de Mayo, el Congreso, Avenida 9 de Julio y Avenida Corrientes.
Una de las míticas cúpulas de La Inmobiliaria, un edificio con mucha historia y más de 115 años desde que se inauguró
Blanco destaca que parte de su patrimonio puede descubrirse incluso desde puntos que no están a nivel de la calle. Desde el mirador del Pasaje Roverano, por ejemplo, se pueden observar numerosas cúpulas del entorno. La terraza de London City ofrece otra perspectiva sobre edificios como La Prensa, la Legislatura y Otto Wulff.
“El Pasaje Roverano es uno de los grandes sobrevivientes de aquella transformación”, explicó Blanco. El edificio conserva una galería comercial, oficinas y conexión con la estación Perú de la Línea A.
La restauración de edificios públicos ya ofrece algunos antecedentes. Chinen menciona los trabajos sobre el ex Edificio La Prensa y la ex Jefatura de Gobierno como ejemplos de intervenciones que podrían formar parte de una recuperación más amplia.
La propuesta busca que la recuperación patrimonial también impulse la actividad comercial, turística e inmobiliaria de la avenida, con nuevas oportunidades para hoteles, restaurantes, oficinas y viviendas.
Blanco lo resumió así: “Avenida de Mayo sigue siendo una expresión muy clara de lo que Buenos Aires quiso ser, una ciudad moderna, vibrante y orgullosa de sí misma”. Y concluyó que la convivencia entre patrimonio, actividad comercial, gastronomía y turismo “es parte de su valor urbano y de su atractivo inmobiliario”.