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26 de julio 2026 - 00:00

Sale a la venta una joya arquitectónica de 1925 frente al exdepartamento de Cristina Kirchner

En la esquina de Juncal y Uruguay, una de las más emblemáticas de la política argentina, en Recoleta, se levanta una de las obras menos conocidas del arquitecto danés que proyectó el Palacio Anchorena, actual sede de la Cancillería.

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La esquina de Juncal y Uruguay exhibe la imponente volumetría curva diseñada por Christophersen, con ornamentación clásica, balcones de piedra y una fachada protegida por su valor patrimonial

Valencia Neira Real Estate

La esquina de Juncal y Uruguay volvió a captar la atención, aunque esta vez no por razones políticas. Frente al edificio donde durante años vivió la expresidenta Cristina Kirchner (actualmente la dueña del departamento superior vende la propiedad) se encuentra una joya de la arquitectura porteña que acaba de regresar al mercado inmobiliario: una unidad de un edificio diseñado por uno de los arquitectos que más influyó en la imagen de Buenos Aires durante la Belle Époque.

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La obra pertenece a Alejandro Christophersen, arquitecto nacido en 1866 en Cádiz (España) e hijo de un diplomático noruego, quien dejó una huella decisiva en el paisaje urbano porteño (falleció en Buenos Aires en 1946). Entre sus proyectos más conocidos figuran el Palacio Anchorena —actual Palacio San Martín, sede de la Cancillería—, la Bolsa de Comercio, la fachada del Café Tortoni, Casa Cavia y la Basílica Santa Rosa de Lima, además de decenas de edificios residenciales que todavía distinguen a barrios como Recoleta y Retiro.

Su influencia trascendió el diseño de edificios. También participó en la fundación de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires y presidió en dos oportunidades la Sociedad Central de Arquitectos, desde donde impulsó buena parte del desarrollo profesional de la disciplina en el país.

Un edificio pensado para durar

Cuando Christophersen presentó esta obra en la Revista de Arquitectura, en julio de 1925, la definió como una "casa de renta". El edificio reunía 14 departamentos distribuidos en una esquina privilegiada, con unidades amplias destinadas a familias de alto poder adquisitivo.

Una publicación de época de la revista Arquitectura presentó el edificio como una "Casa de Renta", con planos y detalles del proyecto diseñado por Alejandro Christophersen

El propio arquitecto explicó que proyectó el patio interior para garantizar la mayor cantidad posible de luz natural y ventilación, aprovechando que el fondo del terreno lindaba con jardines y construcciones de escasa altura, una condición que permitía recibir el aire proveniente del Río de la Plata.

El edificio también incorporó adelantos poco frecuentes para la época. Contaba con dos ascensores —uno principal y otro destinado al personal de servicio—, dos escaleras independientes, calefacción central mediante agua caliente alimentada por una caldera a petróleo y habitaciones para el personal doméstico distribuidas entre los pisos principales y el altillo.

Ese concepto respondía al modelo de edificio de renta que caracterizó a la Buenos Aires de comienzos del siglo XX, cuando las familias acomodadas buscaban departamentos con el mismo nivel de confort que una residencia particular.

Vista del Palacio Anchorena, actualmente el Palacio San Martín, sede de Ceremonial del Ministerio de Relaciones Exteriores, obra de Christophersen

Fernando Lorenzi, arquitecto del estudio INFILL, explicó que Christophersen logró destacarse por una capacidad poco frecuente para interpretar el lugar donde construía. "Entre sus principales virtudes aparece la capacidad de desenvolverse dentro del eclecticismo y producir obras sobresalientes en distintos estilos. También entendió como pocos el pulso de cada barrio. En algunos casos dejó edificios que se transformaron en verdaderos íconos urbanos y, en otros, logró integrarse con elegancia a una trama consolidada sin perder identidad", comentó.

Según el especialista, su legado excede ampliamente la arquitectura. "Fue una personalidad multifacética. Además de proyectar edificios emblemáticos, promovió ámbitos de intercambio profesional, académico y cultural que acompañaron el crecimiento de Buenos Aires durante uno de sus períodos de mayor expansión", precisó.

Lorenzi también destacó que el concepto de edificio de renta impulsado por Christophersen buscó resolver un desafío complejo para la época: repetir departamentos sin resignar calidad arquitectónica: "Las élites profesionales nucleadas en la Sociedad Central de Arquitectos trabajaron sobre una idea muy clara: hacer ciudad. La composición urbana recurría a fachadas equilibradas, fuertes remates en las esquinas y detalles ornamentales elegantes, sin excesos. Al mismo tiempo, proponían ambientes amplios y materiales nobles que hasta entonces solo aparecían en las residencias de las familias más acomodadas".

Los detalles que un siglo después siguen marcando la diferencia

Una de las mayores particularidades del edificio aparece en la unidad actualmente en venta, que conserva gran parte de sus materiales originales.

Desde uno de los balcones del departamento se observa la esquina de Juncal y Uruguay. Hacia la izquierda, sobre Juncal, se encuentra el edificio donde vivió Cristina Fernández de Kirchner

Los pisos de roble de Eslavonia, los techos de 4,5 metros de altura, la chimenea del living, las carpinterías y las proporciones de los ambientes reflejan un estándar constructivo que prácticamente desapareció del mercado residencial contemporáneo. Pablo Valencia Neira, CEO de Valencia Neira Propiedades, sostuvo que esos elementos representan mucho más que un atractivo estético.

"Cuando una persona entra al departamento, lo primero que percibe es la calidad espacial. Los pisos originales, las alturas, la chimenea y las proporciones reflejan un nivel de construcción muy difícil de reproducir en la actualidad. No solo tienen valor patrimonial; también ofrecen una calidad de vida distinta", explicó.

El edificio cuenta además con protección patrimonial de Nivel Estructural, establecida por la Ley 4.974 de la Ciudad de Buenos Aires. Esa categoría preserva la fachada y los elementos que definen su identidad arquitectónica, aunque permite realizar reformas interiores con autorización del organismo competente.

Fachada del edificio de Juncal 1399, una obra del arquitecto Alejandro Christophersen, construida a comienzos del siglo XX y convertida en una de las piezas más representativas del academicismo francés en Recoleta

Para Lorenzi, ese tipo de edificios resume una manera diferente de entender la arquitectura. "Las definiciones espaciales y constructivas respondían a un objetivo muy claro: mejorar la calidad de vida de quienes iban a vivir allí. Esa sigue siendo la esencia de la buena arquitectura", señaló.

Una obra de autor en una de las esquinas más conocidas de Buenos Aires

Juncal y Uruguay adquirió notoriedad durante los últimos años por razones políticas. Sin embargo, mucho antes de convertirse en un punto de referencia de la actualidad nacional, esa esquina ya integraba uno de los sectores más distinguidos de Recoleta.

El edificio diseñado por Christophersen ocupa una posición privilegiada dentro de ese paisaje urbano. Su portal de acceso, la composición de la fachada, las ornamentaciones y un detalle poco habitual —cabezas de cabra talladas en el frente— forman parte de los rasgos que distinguen a esta obra.

Valencia Neira destacó otro elemento excepcional: "No se trata simplemente de un edificio francés. Es una obra de Alejandro Christophersen perfectamente documentada y, además, lleva la firma del arquitecto en la fachada, algo que no ocurrió en todas sus construcciones. Eso le otorga un valor adicional desde el punto de vista patrimonial".

Hall de acceso y conexión con ascensores originales, el edificio tiene más de 100 años

La unidad disponible también reúne atributos poco frecuentes en el mercado actual. Se ubica en el último piso, ocupa una esquina y todos los ambientes principales reciben luz natural desde dos frentes.

Esa configuración permite ventilación cruzada, mayor privacidad y vistas abiertas, además del beneficio de compartir el edificio con apenas catorce departamentos, una densidad muy inferior a la de los desarrollos contemporáneos.

Cuánto cuesta vivir en una obra de Christophersen

El departamento ocupa el último piso de una construcción inaugurada en 1925 y conserva buena parte de sus características originales. La propiedad, de 162 metros cuadrados, se ofrece por alrededor de u$s490.000, una cifra que vuelve a poner en escena un edificio cuya historia resulta tan valiosa como su arquitectura.

El departamento se ofrece por alrededor de un valor cercano a u$s3.000 por metro cuadrado, una cifra que, según los especialistas, todavía resulta competitiva frente a inmuebles patrimoniales comparables en ciudades como París, Madrid o Milán.

El living conserva pisos de roble, hogar de mármol, arañas de cristal y detalles originales que reflejan el carácter señorial con el que fue concebido el edificio

Chantal Edsberg, corredora inmobiliaria que participa en la comercialización de la propiedad, explicó que este tipo de inmuebles atrae perfiles muy específicos. "Quien compra una obra de Christophersen no busca solamente metros cuadrados. Busca autenticidad, historia y una arquitectura que conserva su identidad después de un siglo. Ese stock es muy limitado y cada vez quedan menos unidades que mantengan intactos sus materiales y su tipología original", sostuvo.

Edsberg agregó que conviven distintos perfiles de compradores: inversores interesados en patrimonio arquitectónico, profesionales vinculados al arte y la cultura, además de familias que priorizan espacios amplios y edificios de baja densidad.

El comedor principal conserva la boiserie, los pisos de madera y una gran araña de cristal, en línea con la arquitectura y el estilo original

El departamento cuenta con 162 m2, distribuidos en cuatro ambientes principales, con tres dormitorios, un amplio living, comedor independiente, cocina, dependencia y baño de servicio.

Conserva pisos originales de roble de Eslavonia, carpinterías de época, molduras, hogar de mármol y techos de aproximadamente 4,5 metros de altura, además de un balcón corrido sobre la esquina de Juncal y Uruguay.

La ubicación también aporta un valor diferencial. Valencia Neira explicó que, al tratarse de una unidad de esquina, el living y los dormitorios se orientan hacia dos frentes, en lugar de un pulmón de manzana.

Uno de los dormitorios mantiene las aberturas originales, es luminoso y con altura de techos superior a los tres metros, característica de las construcciones de principios del siglo XX

Otro atributo es que el departamento ocupa el último piso, esa condición ofrece mayor privacidad, elimina el tránsito de vecinos sobre la vivienda y permite disfrutar de vistas abiertas sobre Juncal y Uruguay, una característica difícil de encontrar en pisos intermedios.

Valencia Neira también destacó que el edificio conserva el esquema original de las antiguas casas de renta, con apenas 14 departamentos y dos unidades por piso. Esa baja densidad reduce la circulación en los espacios comunes y genera un ambiente mucho más tranquilo que el de una torre contemporánea.

La cocina fue modernizada con mobiliario contemporáneo, sin alterar la distribución general del departamento

"Quien lo compre adquiere una obra de autor que forma parte de la historia arquitectónica de Buenos Aires, en una ubicación irrepetible y con características que el mercado actual prácticamente ya no puede ofrecer", concluyó Valencia Neira.

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