Política

Sin tregua (ni medidas) el mercado ruega a la política

Macri culpó ayer a Alberto F. por abandonar la moderación. El candidato peronista no definirá movimientos hasta que no sea electo. El mercado cree que no tiene quien lo escuche y reacciona. Operadores temen un escenario peor.

Los operadores del mercado locales miraban ayer demudados sus pantallas de cotizaciones. Muchos de ellos no podían creer que la situación argentina se hubiera complicado de repente aún más para bonos y acciones. En el mundo del idioma del dinero todo es bastante simple y directo. Un ejemplo habla de la debacle de precios que impactaba a los activos locales y desplomaba ánimos. El Bonar 2020 en dólares cayó ayer 9,68 %, por lo que se vendía a $3.115. Con el dólar a $58,66 ayer se podían comprar u$s100 de esa especie en algo así como el 54% de su valor. Simplificando: un valiente que ayer pusiera 100 dólares en el AO20 en un año se llevaría (tomando los 3 pagos de intereses que restan) casi el doble y en billete verde. Eso siempre que no suceda nada “extraño” en el medio. Semejante delirio de rentabilidad, en los umbrales de precios de default, era suficiente para alimentar el pánico que se vivía.

Los que están comprados y, por lo tanto, con pérdidas enormes, echan culpas a Alberto F. y su abandonada moderación, como llaman al episodio del encuentro con el FMI que tuvo múltiples lecturas y derivaciones. Y al mismo tiempo, miran al Gobierno esperando una respuesta que no llega porque, quizás, ya no hay nada hoy que responder.

El desembolso de u$s5.400 millones que el FMI debe realizar y que motivó esta tormentosa visita de los burócratas de Washington volvió a colocarse en el medio de la escena. Un peligroso déjà vu lo acompaña junto a un frío que recorre las espaldas del mercado.

¿Qué sucedía mientras tanto adentro de la Casa Rosada?

Macri estuvo temprano en un seminario organizado por Coninagro. Allí habló del impacto que tendrá esta crisis sobre la inflación y el bolsillo de los argentinos.

“Es desesperante, es angustiante. No existen las palabras para describir lo que sé que les pasa a todos los argentinos (frente a la inflación). Lo tenemos que resolver, ya está. No podemos seguir engañándonos. No podemos decir que esto se arregla creciendo”, dijo allí.

Así, reconoció que el programa que llevaba adelante ya no era viable y que había que hacer cambios. ¿Cuáles? Difícil saberlo aún.

Por la tarde reunió al gabinete económico en la Rosada. A Hernán Lacunza y Marcos Peña se sumaron Guido Sandleris y María Eugenia Vidal. ¿Por qué la gobernadora? Se avisó que estaba allí por una cuestión del IVA. Difícil respuesta.

Por si hacía falta un poco más de rock and roll electoral, Miguel Pichetto se sumó a la definición de estos tiempos: “El kirchnerismo busca generar escenarios de mayor complejidad económica y que el dólar se viralice”.

Y abrió otra puerta hacia lo desconocido: “El Gobierno va a tomar decisiones y está obligado a tomarlas. Esta solo y del otro lado quieren prender fuego a la pradera y están tirando nafta”.

Por la noche toda la City esperaba respuestas de la Rosada. Las versiones sobre medidas a tomar complicaban aún más el ambiente. La moderación ya se fue y no sólo para la política, también para el mercado que confiaba en un período de calma administrada hasta que la elección del 27 de octubre o eventualmente el balotaje de noviembre terminaran de definir al nuevo gobernante legal de la Argentina. La torpeza de la política , sumada a su nefasto sistema electoral, hizo que eso ya parezca un lujo inalcanzable para este país.

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