La cuarta Cumbre sobre el Impacto de la Inteligencia Artificial, que se celebra en Nueva Delhi, entra en su tramo final con un intento de consensuar una postura común sobre cómo regular y gestionar el desarrollo acelerado de esta tecnología.
En el cierre del encuentro en Nueva Delhi, decenas de mandatarios impulsan una declaración conjunta sobre regulación y acceso universal a la inteligencia artificial. Estados Unidos rechazó “totalmente” una gobernanza mundial.
Líderes mundiales debaten en Nueva Delhi una postura común sobre el futuro de la inteligencia artificial.
La cuarta Cumbre sobre el Impacto de la Inteligencia Artificial, que se celebra en Nueva Delhi, entra en su tramo final con un intento de consensuar una postura común sobre cómo regular y gestionar el desarrollo acelerado de esta tecnología.
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Decenas de líderes mundiales ultiman una declaración conjunta que se espera sea presentada este viernes, al cierre de cinco días de debates centrados en los riesgos y oportunidades de la IA.
Sin embargo, el consenso enfrenta un obstáculo central: Estados Unidos rechazó de manera explícita cualquier esquema de gobernanza global.
El asesor tecnológico de la Casa Blanca, Michael Kratsios, jefe de la delegación estadounidense, afirmó que Washington “rechaza totalmente la gobernanza global de la IA”.
“Creemos que la adopción de la IA no puede conducir a un futuro más prometedor si está sujeta a burocracias y al control centralizado”, sostuvo durante su intervención.
Kratsios argumentó que centrar la política en riesgos “especulativos” podría inhibir la competencia, consolidar a los actores dominantes y aislar a los países en desarrollo. También cuestionó que debates sobre clima o equidad se conviertan en “excusas para la gestión burocrática”.
En la edición de 2024 en París, el entonces vicepresidente estadounidense JD Vance ya había advertido contra una “regulación excesiva” que, según dijo, podría frenar un sector transformador.
Antes de conocerse la postura estadounidense, el secretario general de la ONU, António Guterres, había propuesto la creación de una comisión internacional de expertos para reforzar el control humano sobre la inteligencia artificial.
El organismo busca que esta iniciativa cumpla un rol similar al del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) en materia climática.
Durante la jornada previa, Guterres, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el mandatario francés Emmanuel Macron y el CEO de OpenAI, Sam Altman, coincidieron en la necesidad de garantizar acceso universal y regulación “urgente”.
“La democratización de la IA es la mejor manera de garantizar que la humanidad prospere”, afirmó Altman, aunque aclaró que se necesitan medidas de seguridad de forma urgente.
Lula advirtió que, sin acción colectiva, la IA podría profundizar desigualdades históricas y alertó sobre la concentración de poder cuando “unos pocos” controlan los algoritmos.
Macron, por su parte, instó a gobiernos, plataformas y reguladores a trabajar juntos para establecer reglas claras.
El anfitrión del encuentro, el primer ministro Narendra Modi, llamó a utilizar la inteligencia artificial para el “bien común mundial”.
Es la mayor edición del foro hasta la fecha y la primera en un país en desarrollo. India aspira a posicionarse como actor central en el mapa global de la IA, en competencia con Estados Unidos y China.
Nueva Delhi espera atraer más de u$s200.000 millones en inversiones en los próximos dos años, mientras grandes tecnológicas estadounidenses anunciaron nuevos proyectos e infraestructura durante la cumbre.
A lo largo del encuentro se debatieron temas como protección infantil, empleo, demanda energética de los centros de datos y acceso equitativo a la tecnología.
No obstante, el enfoque general y los antecedentes de compromisos poco vinculantes en las cumbres previas en Francia, Corea del Sur y Reino Unido generan dudas sobre la posibilidad de alcanzar acuerdos concretos.
El desafío ahora es si los líderes lograrán un lenguaje común sobre riesgos, límites y oportunidades, en un escenario donde las principales potencias mantienen visiones divergentes sobre cómo debe gobernarse la inteligencia artificial.
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