15 de diciembre 2005 - 00:00

Terror en la jungla en una gran versión

Hoy se cierra un año de cine fuerte en superproducciones con el estreno de "King Kong", dirigida por el responsable de la trilogía de "El señor de los anillos", Peter Jackson. Descontadamente, es una película espectacular en la técnica, aunque las opiniones sobre ella pueden ser divergentes. Publicamos dos críticas. Junto con "Oliver Twist" de Polanski, serán los dos últimos lanzamientos. En los próximos dos jueves no habrá estrenos.

King Kong enfrenta al tiranosaurio, mientras la cautiva enamorada Naomi Watts observa la escena.
King Kong enfrenta al tiranosaurio, mientras la cautiva enamorada Naomi Watts observa la escena.
«King Kong» (EE.UU.-Nueva Zelanda, 2005, habl. en inglés). Dir.: P. Jackson. Int.: N. Watts, J. Black, A. Brody, A. Serkis, T. Kretschmann, J. Bell, L. Chan, K. Chandler.

Aislada de cualquier recuerdo del clásico de 1933, el nuevo «King Kong» es una gran obra del cine fantástico.Y lo mejor es que si se la compara con aquella vieja «octava maravilla del mundo», logra salir bastante airosa, a pesar de que no tiene sentido tratar de medir los logros técnicos de un film de 2005 con uno de hace casi tres cuartos de siglo, que necesariamente debía inventar los medios para plasmar cada una de sus desaforadas imágenes.

El gran hallazgo de Peter Jackson es respetar la época del film de Cooper y Shoedsack. La aventura de un cineasta demente e inescrupuloso, con un mapa de una isla inexplorada y un montón de acreedores que lo quieren ver tras las rejas, tiene un aire distinto en los tiempos de la Depresión, era que el director de «El señor de los Anillos» describe largamente en los primeros, pacíficos, minutos de su film de más de tres horas. El largo prólogo muestra cómo el cineasta Jack Black casi secuestra a su elenco y equipo en un barco de mala muerte, cuyos veteranos lobos de mar conocen las horribles leyendas que circulan sobre la Isla de la Calavera adonde este descastado de Hollywood los conduce.

Si bien los detalles sobre cada personaje, especialmente la actriz de vodevil Naomi Watts y el dramaturgo semi serio Adrien Brody, no sirven de remedio al espectador ansioso que quiera ver monstruos gigantes de una vez por todas, hay que reconocer que todo este cuidado rendirá sus frutos tres o cuatro actos más adelante en la película, cuando la acción explote y no se detenga nunca más.

Los terrores de esa jungla virgen llena de monstruos están a la altura de una nueva versión del original, y por momentos superan lo que se podría esperar. Jackson articula un respetuoso homenaje a un clásico, sin dejar de aprovechar cualquier resquicio para aportar ideas y elementos nuevos. Un ejemplo es dedicarse de lleno a la escena perdida del film del '33, la del foso bajo el puente-árbol, donde los sobrevivientes de la peor masacre de Kong son perseguidos por alimañas horribles hasta lo indescriptible (ésta es una de las escenas más fuertes de la película, un momento de antología dentro del terror moderno).

Pero, obviamente, el mayor reto es darle vida a un nuevo Kong, y luego algún giro nuevo y convincente a su affaire con la bella «que es la que mata a la bestia». Feroz como el diseñado originalmente por Willis O'Brien, el gorila de Jackson tiene realistas rasgos de simio, y un sorprendente abanico de emociones que permite, en uno de los mejores momentos de la película, expresiones casi humanas cuando se reencuentra con Naomi Watts en una nevada Nueva York. La naturaleza de este amor contra natura es audaz, absurda, y casi siempre convincente, a pesar de acercarse más a un amor verdadero y correspondido que al más bestial y divertido strip tease al que el monstruo sometía a Fay Wray en la escena más censurada de 1933. En todo caso, aunque parezca risible al ser contada sin la fuerza de las imágenes, esta aproximación funciona con cierta eficacia.

La violencia física de toda interacción entre los monstruos de la isla supera al film original, excepto en la ausencia casi total de sangre. También los malísimos nativos desaparecen sin dar lugar a la censurada masacre de 1933. Sin embargo éste no es un film light en absoluto, y al lado de estas matanzas de
Kong, «Jurassic Park» casi parece un sitio tan anodino como el Jardín Japonés.

No es posible saber qué sintieron los espectadores de 1933 ante el primer
King Kong, un film tan difícil de plasmar en la pantalla que revolucionó por completo la manera de encarar una producción (entre otras cosa, inauguró procesos como el storyboard). Sin embargo Jackson hizo lo imposible por brindarle al público moderno la sensación de estar ante algo nuevo, inédito, eso que el delirante cineasta Jack Black denomina «La octava maravilla del mundo».

Todo el elenco (en especial la pobre Watts) aporta algo, pero es Peter Jackcson quien logra sumar todos los elementos de esta megaprodución para que sea algo más que un entretenimiento hueco, y conseguir que esto, antes que una simple remake más cara y moderna, sea una genuina relectura de un mito del cine y del género fantástico.

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