Los crímenes que cuenta ocurren en un lugar de Estados Unidos y eso ha hecho que Federico Axat, que está presentando “La hija ejemplar” (Destino), se haya convertido en un referente del thriller en castellano, siendo un autor argentino poco conocido en nuestro país pero de difusión internacional. Axat es ingeniero civil (UNLP) y ha publicado las novelas “Benjamín”, “El aula 19”, “El pantano de las mariposas”, “Las última salida” , “Amnesia” y “La hija ejemplar”. Dialogamos con él.
“Tocar temas graves no debe impedir entretener”
Diálogo con Federico Axat, novelista policial argentino más famoso en el exterior que aquí.
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Axat. Un autor argentino cuyos policiales son editados en España.
Periodista: ¿El tema del abuso sexual fue lo que lo llevó a escribir “La hija ejemplar?
Federico Axat: En mis libros suelo abordar algún tema de actualidad, pero intento que ese tema no se vuelva excesivamente protagonista, que no se pierda de vista que lo que hago es literatura de entretenimiento. Cuando elijo temas delicados como el abuso o el suicidio, recurrentes en mis libros, cuido no dejar de entretener al lector, que es para mí lo primordial, y busco que, a la vez, la historia tenga tensión, sustancia y contexto. En “La hija ejemplar”, más que el abuso que sufre la amiga de la protagonista, lo que me interesaba explorar eran las consecuencias de la exposición mediática de ese abuso porque la humillación pública a través de redes y chats es algo representativo de nuestro tiempo. La exhibición de la maldad es algo fascinante. La protagonista escribe en su diario: ahora sé que la maldad se esconde donde menos te lo esperas, y que los sitios donde te creías más segura pueden ser los más peligrosos.
P.: Varias de sus novelas tratan de adolescentes.
F.A.: Me interesa el paso de la niñez a la adolescencia. Cuando un chico o chica está a la puerta de la adolescencia se han convertido en maestros de la niñez, tienen la seguridad de un adulto, mientras que, con la pubertad, con el despertar sexual, entran en crisis y tardan años superar esa etapa, entenderse y asumir su identidad. Sophia, la protagonista, me llevó a saber un poco más de todo eso.
P.: ¿Por qué todas sus novelas transcurren en Estados Unidos?
F.A.: De chico mis influencias fueron las películas y los escritores estadounidenses. Fue lo primero que vi, que leí y el primer escenario que se me presentó cuando empecé a escribir. En la adolescencia copiaba, sin hacerlo conscientemente, a Stephen King y otros autores que leía. Pero la mayor influencia venía del cine, por eso mis relatos son tan visuales. Creo que fui escritor porque no podía hacer películas. El escenario de mis novelas tiene que ver con todo eso. Es lo que disfruto, lo que me gusta. Me sale de esa forma y no trato de cuestionármelo ni buscarle otra explicación. La estadounidense es una cultura que conozco, he recorrido y leído. En ese espacio ocurren las historias que invento.
P.: ¿Eso hace que sus novelas tengan difusión internacional y, a la vez, que usted no aparezca entre los escritores argentinos?
F.A.: Empecemos porque recién mi tercera novela se publicó en la Argentina. Y es mucha la gente se sorprende al saber que soy argentino. Además, me publica la editorial española Destino, la misma que a Dolores Redondo, la narradora vasca de policiales. Hay, por eso, quien cree que escribiendo thrillers estoy allí por mi apellido vasco francés. Sé que descoloca que un argentino escriba historias que ocurren en Estados Unidos, pero cuando era chico yo no me cuestionaba que las historias del italiano Salgari ocurrieran en Malasia o en el Far West. Me fascina que lo que sucede en el relato me lleve a donde eso ocurre. Dado que escribir una novela es algo trabajoso, lo te arrastra a seguir y seguir es el placer de contar, de llegar a un preciso desenlace de esa trama que imaginaste. No niego que en el futuro pueda escribir sobre mis vivencias de adolescente en la ciudad de La Plata. Ahí, seguramente, no voy a tener que investigar tanto como cuando escribo sobre Carolina del Norte.
P.: ¿Usted es ingeniero?
F.A.: Me recibí en la Universidad Nacional de La Plata. Como novelista creo que mis tramas tienen ingeniería, una estructura analítica, y en un policial las cosas tienen que cerrar sin fisuras. Cuando trabajaba en México en una empresa de comunicación escribí cómo pude “Benjamín”, mi primera novela. La di a leer y gustó. Yo no tenía noción del mercado. Buscando en Internet descubrí a los agentes literarios. Se la envié a una agencia, no es la mía actualmente, y les gustó, me consiguieron el contrato con Suma de Letras. Se publicó en España, en México, y después en Italia. Así empecé. Después salió “El pantano de las mariposas”, y luego “La última salida” que se vendió a 35 idiomas y me abrió muchas puertas. Fue un golpe de suerte que me dejó muchos lectores que me siguen y me permiten seguir escribiendo. Sin ganas de desanimar a nadie, puedo confirmar que esta carrera es una labor titánica y una constante batalla.
P.: En España y México lo califican de “maestro del thriller psicológico”, ¿tiene alguna propuesta de llevar sus novelas al cine o el streaming?
F.A.: Dos para “La última salida” y una para “Amnesia”, que se han malogrado en distintas etapas y me habían generado mucha ilusión. Es algo que no tiene nada que ver con mi carrera de escritor. Cuando una editorial compra los derechos de un libro es altamente probable que se publique. Las editoriales no compran manuscritos para tenerlos guardados. En el mundo audiovisual pasa lo contrario. Las productoras compran ideas a costo muy bajo respecto al de la producción. El libro o el guión pasan por filtros donde compiten con otros proyectos, algunos terminan realizándose y otros, en el mejor de los casos, postergándose. Ahora está en adaptación “Amnesia”.
P.: ¿Qué está escribiendo?
F.A.: Entre la publicación de “Amnesia” y la de “La hija ejemplar” hubo un tiempo largo debido a la pandemia y el desarrollo de mi familia. Ahora estoy trabajando en el mecanismo de un thriller que tiene el pulso de “La última salida”. Cuando empiezo una historia, parto de los giros, del final, de un punto de conversión o de un núcleo que me provoca intriga, en eso estoy.
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