“Una vida intensa hoy implica más rendimiento, más consumo. Hemos olvidado que la inactividad, que no produce nada, constituye una forma intensa y esplendorosa de la vida” señala el filósofo germano surcoreano Byung-Chul Han en su nuevo libro “Vida contemplativa. Elogio de la inactividad”. Como en casos anteriores – “La sociedad del cansancio”, “Infocracia”- parte de los “quiebres del mundo actual”- para indagar sobre el estado de situación de lo humano, provocando a pensar desde lo inmediato. Sus breves obras abren a lo que Borges denominaba discusión. Han, como lo hiciera en “Psicopolítica”, enfrenta al mundo diseñado por el neoliberalismo. Con menos desesperación que Mark Fisher que cree que se ha establecido una “ontología de los negocios” como orden natural inevitable. Para Han, el neoliberalismo no es una ideología económica sino una hegemonía cultural y se dedica a mostrar lo que se está perdiendo cuando todo es acción y consumo. El tiempo libre, que debía ser descanso para recuperar fuerza, se ha convertido en tiempo de gastos, consumo, mercancías; el tiempo libre ya no es un tiempo propio. Se ha perdido el sentido del lujo al volverlo mercancía, ya no es el silencio que da el goce de la música, el reposo que permite el encuentro, el desvío a una auténtica felicidad. El espectáculo ha alejado de la fiesta que es la exaltación de la comunidad. Se hace creer que el individuo es libre cuando en realidad se le está explotando su libertad, porque la libertad no pertenece al orden del trabajo y la producción sino de la fiesta, de la exaltación de lo humano. Han cuestiona las ideas de acción de Hannah Arendt y regresa a Tomás de Aquino para quien “lo político acaba en nada si no se abre a lo no-político, a la inactividad y la contemplación que ordena la realidad. Sostiene qué, si ya no hay revoluciones y solo guerras, es porque no hay tiempo para pensar. Y “ya no se ponderan los pareceres diferentes, basta con odiarlos”. Han dialoga y remite de Platón a Heidegger, de Nietzsche, de Novalis a Deleuze. Finalmente, no ve llegar el apocalipsis sino el reencuentro con la naturaleza.

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