Carismático, histriónico, Bonetti despliega sus talentos en su arco vital, cuenta Mori Ponsowy en la novela “La nueva vida de Valdi Bonetti” (Alfaguara). Ponsowy es editora, traductora, poeta y la novelista de “Los colores de la inmaculada”, “Abundancia”, “Busco un amigo y “Diario de viaje de una madre”. Dialogamos con ella.
Vida de un hombre, según la óptica de dos mujeres que lo amaron
Diálogo con Mori Ponsowy sobre su novela “La nueva vida de Valdi Bonetti”.
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Periodista: ¿Por qué dedica su novela “a los lectores, por amar la literatura, aún ahora”?
Mori Ponsowy: Por las tantas cosas que hay hoy buscando capturar nuestra atención. Las redes sociales están creadas para distraernos, para que nuestra atención salte de un lado a otro, para que tengamos sube y bajas de dopamina, lo que atenta no solo contra la literatura sino contra cualquier actividad que requiera atención, concentración, sin un beneficio inmediato. Entonces, a quienes hoy leen, los escritores tenemos que agradecerles. A eso se suma que pareciera que hay más escritores que lectores. Todo el mundo quiere publicar su libro. Muchos sin haber sido antes lectores. Entonces, a los que todavía son lectores, me da ganas de hacerles una reverencia, sin ellos nosotros no tendríamos razón de ser.
P.: ¿Qué la llevó a una novela de carácter clásico que cuenta de un hombre por el recuerdo de dos mujeres que lo amaron?
M.P.: Me gustan las novelas que atrapan, donde hay algo que uno quiere saber, que ofrecen un motivo para seguir pasando las páginas. Claro eso podría ser un thriller o un bestseller de mala calidad, pero a mí me interesan las palabras y los silencios, no solo capturar al lector sino conmoverlo lo más intensamente que pueda. En ese sentido un autor que me marcó tremendamente es Philip Roth, sobre todo por sus novelas de Nathan Zuckerman, la trilogía estadounidense “Pastoral americana”, “Me casé con un comunista” y “La mancha humana”. Uno se convierte en escritor de tanto que ama la lectura. Roth ´para mí fue fundamental. Estudié sus novelas, intenté desarmarlas para entender cómo hacía. Roth es uno de los grandes genios de la literatura, no entiendo que no ganara el Nobel. El amor a sus novelas se coló en la estructura de “La nueva vida de Valdi Bonetti”, y sin duda Roth es un clásico.
P.: Caracas, el mundo de la publicidad y el teatro, ¿en qué medida su novela tiene que ver con lo autobiográfico?
M.P.: Nací aquí pero cuando tenía un año fui con mi familia a vivir primero en Perú, luego en Venezuela, donde hice la primaria, la secundaria, mi carrera, mi posgrado. Me casé, me divorcié. Mi hijo nació allí. Mi inconsciente está hecho de Venezuela. Luego estuve en Estados Unidos y con treintilargos llegué a Buenos Aires. Según dicen la literatura se nutre de la infancia, la adolescencia, la juventud. Yo trabajé en publicidad en Caracas. Mi segunda novela, “Abundancia”, trata de una chica que trabaja en publicidad. En ese ámbito conocí personas como Valdi, de una genialidad avasallante. Una genialidad que es más que ellos y que no los lleva a un buen desenlace. Hay de autobiográfico en “Valdi”, en la literatura como en los sueños todo se mezcla.
P.: La publicidad, el show de las empresas, necesitan un Valdi, un actor principal.
M.P.: En esa época en publicidad se juntaban las mentes más originales y creativas de Venezuela, y en ese grupo había muchos argentinos que habían tenido que irse de aquí. Era un mundo fascinante. Me conmueven esas personas que, a pesar de su genialidad y su inteligencia, y hasta de una carrera exitosa, carecen de herramientas para llevar una vida que les permita sobrevivir en el mundo.
P.: Valdi es el hijo de una pareja de inmigrantes napolitanos que alcanza la fama como publicitario, la popularidad como actor, y termina en la pobreza…
M.P.: Impresiona el arco que traza la vida de esas personas. Una teoría clásica de la narrativa dice que la historia que está contando debe trazar un arco donde el personaje aprende algo y sale cambiado. Esa es la teoría, pero no siempre sale cambiado, no siempre aprende, creo que eso es lo que quise contar. También quería que hubiera un arco que tenía pendiente, el histórico político de Venezuela como un telón de fondo, algo que no pude poner en mis novelas anteriores.
P.: A la narradora le afecta la decadencia de Valdi pero no cuestiona a su segunda mujer, Azucena.
M.P.: Al principio pensé que hubiera un gran contraste en la actitud de las dos mujeres respecto a Valdi. Acaso porque Azucena tenga un hijo de él. Era el plan, pero se fue para otro lado y me alegra, o no sé si me alegra, pero es lo que pasó.
P.: Valdi despliega su encanto, cambia de amantes, hasta que ya tarde y quiere ser padre, y hasta fracasa con esa máquina de “perpetuo movimiento”. ¿Cómo surge la idea de esa máquina que remite a Bioy, Arlt y Piglia?
M.P.: Hubo un italiano que llegó a Venezuela que en sus ratos libres intentaba una máquina de perpetuum mobili. Pepino, el padre de Valdi, necesitaba una contrafigura en la fábrica y apareció Catello, el inventor. A veces temía que Catello le hiciera perder vértigo, velocidad a la novela. Me preguntaba si no era tenía que quedar en la base del iceberg de la historia, pero fue creciendo sumando dimensiones al resto de los personajes. A diferencia de mis novelas anteriores “La nueva vida de Valdi Bonetti” tiene muchos personajes y transcurre durante muchos años.
P.: ¿Cuál sería el retrato de Valdi?
M.P.: Hacia el final se dice que es un emperador olvidado. No pertenece a ningún lugar, se siente extraño entre la gente. Su época de gloria parece tan lejana que es como que no le perteneciera. Lo que hago o puedo hacer ya no tiene valor, ni importancia. Soy un minotauro al que le pesa la cabeza de toro.
P.: ¿Qué está escribiendo?
M.P.: Unos poemitas. La flecha de mi vida no está tan puesta en la literatura como en vivir.




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