Exposición, escucha y colaboración

Ambito BIZ

Brechas sociales, brechas educativas, brechas digitales. Se podría decir que el segundo año de pandemia dejó en la Argentina los mismos problemas que teníamos antes, en magnitudes aún peores: más de un millón de niños abandonaron la escuela, casi el 60% de los menores de 14 años se encuentra bajo la línea de pobreza y las diferencias de conectividad marcaron como nunca antes el contraste entre incluidos y excluidos. El escenario es desalentador y los problemas parecen (son) mucho más grandes de lo que sentimos que podemos abarcar.

La certeza es que todo está ahí, en el contexto, que nos exige reaccionar. Estar a la altura de las demandas del territorio en el que existimos. Y esto nos debería interpelar no solo a pensar qué hacemos sino cómo. Y aún más: por qué. Nuestro alrededor nos está pidiendo a gritos reformular la manera en la que hacemos las cosas, cambiar la cultura.

El primer paso es reconocernos parte del todo. Si soy parte del problema, puedo ser parte de la solución. Dejar de percibirnos como entes externos - meramente económicos - que caen en un territorio donde hay problemas que deberían solucionar otros y comenzar a asumirnos como actores sociales. Sentirnos parte de la comunidad en la que operamos y habitamos. Si bien es cierto que las empresas -y con ellas sus fundaciones- tienen una impronta innegable en orden a la generación de riqueza, también tienen un rol institucional hacia los públicos de interés con los que interactúan. Y si esa comunidad con la que interactúo tiene dolores específicos, ¿voy a ignorarlos y solo limitarme a acciones alineadas a mi negocio?

La pandemia nos deja también la dolorosa evidencia de que sin grandes transformaciones, las emergencias van a seguir apareciendo. Y tiempos de emergencia requieren cintura y colaboración. Estamos todos en la misma tormenta, pero en barcos separados no llegaremos a ningún puerto. Y ahí radica otro desafío: reemplazar competir por colaborar, no solo con actores afines, sino también con los que están en la vereda del frente. Con los que puedo llegar a tener muchas diferencias, pero seguramente alguna similitud también. Asumiendo el riesgo (algo difícil en el ámbito corporativo, es verdad) y exponiéndonos. Escuchando y fortaleciendo a las organizaciones de la sociedad civil y no solo relacionándonos con ellas como proveedoras de servicios.

No hay empresas exitosas en sociedades que fracasan. Ser actor social es subirse al escenario y exponerse. Dejarse ver. Decir presente.

(*) Responsable de Comunicación Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE).

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