23 de abril 2007 - 00:00
Giro: Kirchner no descarta paritarias
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Ambas postales -que se enmarcan en un clima de fuerte tensión que mantiene en vilo a la provincia del Presidente- muestran los focos de malestar interno que ya estallan en el seno del oficialismo por el manejo de la crisis, producto de la cerrada reticencia que muestran tanto Kirchner como Sancho a la hora de acceder a negociar con los sindicatos mientras persistan las medidas de fuerza «extorsivas».
La olla a presión se completa con la vigencia de la suspensión por ley del sistema de paritarias en la provincia, escenario que se mantiene desde 1991, a instancias del propio Kirchner, en sus épocas de gobernador.
Precisamente, y tal como lo adelantó ya Ambito Nacional, siete legisladores del bloque justicialista kirchnerista anunciaron la semana pasada desde Caleta Olivia la presentación de un proyecto de ley para intentar reinstalar las paritarias, movida que fue leída como la primera ruptura oficial dentro de la bancada.
Ante este escenario, en las últimas horas el Presidente dio algunas señales que parecen prenunciar alguna marcha atrás en esta relación de fuerzas, al sostener que «si los gremialistas quieren discutir en paritarias, habrá paritarias, pero antes deben levantar el paro».
Sin embargo, el primer mandatario enfatizó que «nunca en la historia» del país «mejoraron tanto los salarios» del sector como durante su gestión, y recalcó que no puede «ceder a la exigencia» de los docentes santacruceños porque «quedarían distorsionados todos los salarios del país». «Un maestro podría pasar a ganar allá entre 4 y 5 mil pesos», aseguró.
Capuchinelli había asumido en la cartera de Trabajo en 2005 para reemplazar a Héctor Rojas, quien terminó acorralado por graves protestas en el norte provincial. Pero ahora es pasado: fue despedida el sábado por Sancho luego de que dictara una conciliación obligatoria frente a los paros de la Asociación de Docentes de Santa Cruz (ADOSAC) que quebraba, precisamente, el discurso oficial de no negociar mientras se mantengan las medidas de fuerza, para apostar en cambio al desgaste de la protesta de los maestros, amplificada por el apoyo de los estatales comandados por Alejandro Garzón.
La medida, que apostaba a un intento de acercamiento entre las partes -basándose en la «responsabilidad del Estado de garantizar el servicio de educación»- sobrevivió sólo tres horas, ya que luego el gobierno se retractó oficialmente del anuncio, que también oficialmente había disparado, porque -alegó- «surge evidentemente extemporánea y abstracta, por cuanto ha sido dictada con posterioridad a las medidas de acción directas que fueran notificadas».
En los considerandos, el firmante -el subsecretario de Interior, Fernando Mangione- formalizó además que por decreto estaba a partir de ese momento al mando de la Subsecretaría de Trabajo, desplazando así a Capuchinelli.




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