1 de octubre 2007 - 00:00
La desocupación, vista por los adolescentes
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Jorge Aguilar es un adolescente de 17 años que vive en la localidad de Manantiales, a 90 kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca. No tiene madre. Vive con sus hermanos y su padre, que trabaja por jornal de acuerdo con la cosecha de estación de la zona: chaucha, cebolla, papa, citrus, tabaco. No tienen obra social. Y reciben la caja Pro-Familia, una vez al mes. Cursa el segundo año del Polimodal pero trabaja, al igual que muchos adolescentes de su localidad y del departamento de Santa Rosa.
Jorge Aguilar: Desde hace nueve años tuve que salir a trabajar por necesidad, para vestirme, para poder ir a la escuela que está a cinco kilómetros de mi pueblo y también para solventar los gastos de mi familia.
J.A.: Me pagan veinte pesos por día. Pero no trabajo todo el año. Trabajo los fines de semana y, a veces, durante la semana, de acuerdo a la época de la cosecha o a mis necesidades. No alcanza, pero tratamos de hacer una sola comida por día, un puchero o salchichas con huevo o sopa. A la mañana tomo mate cocido y a la tarde, si alcanza, también mate cocido. Lo más caro es la carne, así que tratamos de consumirla poco. La leche y las frutas no las conocemos. Lo que me salva algunas veces en el trabajo es cuando cosechamos algunas verduras y frutas, como naranjas y mandarinas, que puedo llevar a la casa.
J.A.: No tengo muchos problemas de salud, aunque la gripe y los resfríos me persiguen mucho. Algunas veces se me complica con los bronquios, pero lo soluciono yo solo. Me curo con plantas. Utilizo molle, llantén y cáscara de guayacán, que es para los dolores de estómago. Porque cuando tenemos sed, mientras estamos cosechando naranjas y mandarinas, las tomamos calientes. Esto nos produce diarreas y retorcijones.
J.A.: Algunos profesores sí, otros no. No nos apoyan, pero sí justifican las faltas a veces. Trato de estudiar en los tiempos libres para aprobar las materias, así no quedo de curso. Se debería crear un plan específico para los que trabajamos. Así se incentivaría el estudio.
J.A.: No, porque es ilegal. Deberían crear más fuentes de trabajo para nuestros padres y con buenos sueldos, así los chicos no tendríamos que salir a trabajar. Nosotros tenemos que elegir entre morirnos de hambre o trabajar para vivir.




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