1 de octubre 2007 - 00:00

La desocupación, vista por los adolescentes

El trabajo rural de un adolescente que vive en Alijilán, en el extremo austral de la yunga catamarqueña, constituyó el eje de un conmovedor relato logrado por dos alumnos de esa provincia, que fueron premiados en el certamen Periodistas por un Día, organizado conjuntamente por el Programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación y la Asociación de Editores de Diarios de Buenos Aires. Matías Cabrera y José Ledesma, de 15 y 16 años, presentaron «La historia de Jorge», un exponente de la crítica situación que viven los jóvenes catamarqueños forzados a tener que salir a trabajar debido a la frágil situación socioeconómica de sus familias. «En Alijilán los adolescentes tienen distintos oficios. Algunos trabajan en albañilería, otros en comercios, las chicas como niñeras. Pero la gran mayoría, varones y mujeres, trabaja en actividades agrícolas en los cerros. Allí realizan tareas de riego, siembra, trasplantes, aporques, abonados, desmalezados, pulverizaciones a mochila y cosecha manual. También en el cuidado de animales vacunos», describieron los periodistas por un día. El siguiente es un extracto de la entrevista y la investigación por la que estos alumnos del Colegio Polimodal 25 merecieron el galardón y activaron, además, la reacción oficial ante la delicada situación descripta.
Jorge Aguilar es un adolescente de 17 años que vive en la localidad de Manantiales, a 90 kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca. No tiene madre. Vive con sus hermanos y su padre, que trabaja por jornal de acuerdo con la cosecha de estación de la zona: chaucha, cebolla, papa, citrus, tabaco. No tienen obra social. Y reciben la caja Pro-Familia, una vez al mes. Cursa el segundo año del Polimodal pero trabaja, al igual que muchos adolescentes de su localidad y del departamento de Santa Rosa.

Periodista: ¿Desde qué edad trabajás?
Jorge Aguilar: Desde hace nueve años tuve que salir a trabajar por necesidad, para vestirme, para poder ir a la escuela que está a cinco kilómetros de mi pueblo y también para solventar los gastos de mi familia.

P.: ¿Lo que te pagan te alcanza para cubrir los gastos de alimentación?
J.A.: Me pagan veinte pesos por día. Pero no trabajo todo el año. Trabajo los fines de semana y, a veces, durante la semana, de acuerdo a la época de la cosecha o a mis necesidades. No alcanza, pero tratamos de hacer una sola comida por día, un puchero o salchichas con huevo o sopa. A la mañana tomo mate cocido y a la tarde, si alcanza, también mate cocido. Lo más caro es la carne, así que tratamos de consumirla poco. La leche y las frutas no las conocemos. Lo que me salva algunas veces en el trabajo es cuando cosechamos algunas verduras y frutas, como naranjas y mandarinas, que puedo llevar a la casa.

P.: ¿Cómo haces para comprar los medicamentos cuando te enfermás?
J.A.: No tengo muchos problemas de salud, aunque la gripe y los resfríos me persiguen mucho. Algunas veces se me complica con los bronquios, pero lo soluciono yo solo. Me curo con plantas. Utilizo molle, llantén y cáscara de guayacán, que es para los dolores de estómago. Porque cuando tenemos sed, mientras estamos cosechando naranjas y mandarinas, las tomamos calientes. Esto nos produce diarreas y retorcijones.

P.: ¿En la escuela saben que trabajás?
J.A.: Algunos profesores sí, otros no. No nos apoyan, pero sí justifican las faltas a veces. Trato de estudiar en los tiempos libres para aprobar las materias, así no quedo de curso. Se debería crear un plan específico para los que trabajamos. Así se incentivaría el estudio.

P.: ¿Pensás que es justo que un adolescente trabaje?
J.A.: No, porque es ilegal. Deberían crear más fuentes de trabajo para nuestros padres y con buenos sueldos, así los chicos no tendríamos que salir a trabajar. Nosotros tenemos que elegir entre morirnos de hambre o trabajar para vivir.

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