7 de mayo 2007 - 00:00

Las elecciones en Neuquén desnudan interna en gabinete

En ese lugar se inauguró, este fin de semana, una moderna clínica para la atención de todos los trabajadores del gremio petrolero y al resto de los pobladores que se nutren de la denominada «cuenca neuquina» que concentra a los yacimientos más ricos de la Argentina y, por consecuencia, a los sindicatos más poderosos como son los de Neuquén y Río Negro, Chubut y Santa Cruz que confluyen en el denominado «bloque patagónico».
El gremialista neuquino Guillermo Pereyra, cabeza del trío sureño, invitó para ese acto desde el presidente de la Nación y su esposa hasta ministros nacionales y el gobernador de Neuquén, Jorge So-
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, y sus colaboradores, además de los capitostes de la industria. Pero también reservó un lugar en el palco para Jorge Sapag, candidato del MPN a gobernador. Néstor y Cristina Kirchner se disculparon y enviaron conceptuosos telegramas de felicitación al patagónico que se prepara para conducir a la totalidad de los empleados y obreros del sector después de haberle arrancado un acta compromiso a Carlos Tomada, el ministro de Trabajo que apoyaba a sus principales adversarios que hoy están sentados en esa central gremial encabezados por Rubén Ferreira. Obviamente, para no reconocer la derrota, Tomada envió al director de relaciones laborales de su cartera, Jorge Schuster. Tampoco estuvo la viceministra, Noemí Rial, resfriada a último momento.
 Clave
Pero el gran ausente fue Julio De Vido, funcionario clave del gabinete de Kirchner en el negocio petrolero y hombre que le ha puesto a Pereyra todas las fichas para llegar a la Federación y desplazar a Ferreira-Tomada. Un compromiso junto al Presidente fue el argumento utilizado para justificar que De Vido no pudiera estar para la foto junto a Pereyra, los representantes de las cámaras empresariales petroleras y Sapag que -a diferencia de Sobisch- ha enviado señales más que claras de mantener una relación más que amistosa con el primer mandatario si las urnas le son favorables el próximo 3 de junio. Este escenario, seguramente, no fue bien visto por el otro candidato con posibilidades de acceder al sillón que dejará Sobisch: Horacio «Pechi» Quiroga, un radical K que gobierna la municipalidad de Neuquén, el segundo presupuesto más importante de la provincia.
Quiroga venció las resistencias del díscolo peronismo neuquino merced al apoyo sin retaceos de Alberto Fernández, quien también trasladó a suelo neuquino su pelea con De Vido, convenciendo al Presidente de que la presencia de su principal adversario en el gabinete era, cuando menos, inoportuna. Fernández y Oscar Parrilli persuadieron a los pejotistas rebeldes como Ariel Kogan y Aldo Duzdevich que controlan el congreso partidario para que apoyen al radical por ser la mejor carta de triunfo para la concertación UCR-PJ. El adelantamiento de las elecciones a gobernador y vice decidido por Sobisch para junio mitigó esa interna, porque los desacuerdos -fundamentalmente por el candidato a intendente para la capital provincial- fueron postergados para más adelante. Los neuquinos capitalinos, una sociedad tan impredecible en material electoral, como los porteños, decidirán su destino en octubre próximo junto con las elecciones para presidente y vice por decisión de Quiroga.
Pero el cuadro no sería completo si no se tuviera en cuenta el medido y elogioso discurso que le prodigó a Pereyra el vicegobernador a cargo del Poder Ejecutivo neuquino, Federico Brollo. El funcionario se reporta con una lealtad sin fisuras a Sobisch, quien desde la muerte del docente Carlos Fuentealba se encuentra recluido en su residencia de la costa y no participa de celebraciones públicas. Las palabras de Brollo no fueron producto de un momento de distracción emocional. El gobernador saliente trata de cerrar heridas con un contrincante de peso como es Pereyra, uno de los principales «sponsors» de la campaña electoral de Sapag.
Pero tampoco nadie ignora que el sindicalista tiene una de las llaves del negocio petrolero por la verticalidad con que le responden los sindicatos de la Patagonia que concentran 80% de los delegados al Congreso Nacional de la Federación. Sobisch y Pereyra se cruzaron duramente hace semanas por la negociación de las áreas secundarias, una discusión que el sindicalista parece haber ganado por el apoyo sin titubeos de De Vido que terminó de convencer a los empresarios. Para demostrar ese poderío, Pereyra no adhirió al paro decretado por Ferreira y ni uno solo de los trabajadores del Sur adhirió a la medida de fuerza.

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