21 de septiembre 2007 - 00:00

Logró Kirchner acto sin incidentes en Santa Cruz

Santa Cruz - Tras varios intentos fallidos, Néstor Kirchner pudo finalmente vencer la pesadilla y tener un desembarco pacífico en Santa Cruz, su conflictiva tierra prometida. Fue ayer por la noche, en Puerto Deseado, para respaldar la campaña electoral del gobernador Daniel Peralta, candidato acechado por un caos social que da fuerza a la oposición multisectorial que lidera el empresario Eduardo Costa.
El Presidente encabezó el acto pasadas las 21:30 en el gimnasio Miguel Angel Juanola, sobre la costanera de la pequeña localidad, con anuncios de obras para la región.

 Espaldarazo

Unas 1.400 personas colmaron la capacidad del club para presenciar el espaldarazo a Peralta: «Daniel aceptó el gobierno y no midió los costos», dijo después de criticar, sin nombrarlo, al gobernador renunciado Sergio Acevedo. «Cuando apoyé a aquel amigo, pensé que iba a luchar, pero se fue», dijo respecto del kirchnerista ahora devenido opositor.
Metiéndose de lleno en la campaña local, Kirchner fustigó a los legisladores opositores por supuestamente frenar obras y comparó a Costa con Mauricio Macri, por el uso de asesores de imagen.
También tuvo tiempo para volver a referirse elípticamente a Eduardo Duhalde. «Voy a seguir haciendo política, porque aunque no tenga cargo igual se puede luchar», afirmó.
Tras una ajetreada jornada en compañía del presidente de Ecuador, Rafael Correa, Kirchner llegó, con retraso, poco después de las 19, al aeropuerto de Comodoro Rivadavia; desde allí recorrió 300 kilómetros por ruta hasta el lugar del acto. La comitiva incluyó al gobernador de Chubut, Mario Das Neves, un reelecto que ya apunta a la presidencia 2011, y los ministros de Planificación Federal, Julio De Vido, de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y el titular de la ANSeS, Sergio Massa. El grupo tenía previsto pasar la noche en el modesto hotel Isla Chaffers de la pequeña ciudad patagónica, un capricho de Kirchner para recordar sus tiempos de gobernador.

 Orgullo

En Puerto Deseado Peralta ofició de anfitrión, orgulloso del clima de paz que finalmente pudo regalarle al Presidente en su tierra natal, después de episodios como el del atropellador Daniel Varizat. Al menos por ahora mantiene apaciguados a los gremios en el interior provincial y en Río Gallegos, tras multitudinarias marchas opositoras y reiterados hechos de violencia.
No resultó sencillo despejar el fantasma de los incidentes: fue necesario desactivar sobre la hora dos conflictos gremiales en Caleta Olivia y chequear hasta último momento el estado de ánimo de los marineros locales, que aún no logran respuesta a los reclamos por los que hace dos meses protagonizaron un ataque de ira que terminó en el incendio de cuatro empresas pesqueras españolas, con inconveniente diplomático incluido.

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